La victoria histórica del candidato opositor Chen Shui-bian en los comicios presidenciales de Taiwan debe haber sorprendido tanto al gobierno de China que lo dejó callado por dos días consecutivos, en contraste con su discurso amenazante previo a las elecciones.
La victoria de Chen pone fin a medio siglo de gobierno del Kuomintang (Partido Nacionalista Chino) en Taiwan, y se espera que fortalezca la democracia y abra el camino a una nueva era de reformas políticas.
Es posible que Beijing haya aceptado a regañadientes que el hombre contra el cual tanto advirtió a los taiwaneses es ahora el líder de lo que considera una provincia renegada, a la que desea recuperar incluso por la fuerza, si es necesario.
Chen, del Partido Democrático Progresista, es partidario de la independencia de Taiwan y rechaza la fórmula de "un país, dos sistemas" para la reunificación, aplicada a Hong Kong y Macao.
En lugar de pronunciarse contra los resultados electorales, la prensa oficial china publicó una cauta declaración en la noche del sábado, el día de las elecciones, según la cual Beijing adoptaría una actitud de espera.
"Escucharemos lo que el nuevo líder de Taiwan tenga para decir y observaremos lo que haga, así como la manera en que conduzca las relaciones a través del estrecho", se limitó a declarar el gobierno.
Ningún medio oficial de Beijing comentó hasta ahora sobre la victoria de Chen ni sobre su discurso.
Pero curiosamente, en la mañana del domingo apareció en los quioscos de la capital un semanario publicado por el diario oficialista Ciencia y Tecnología que dedicaba 16 páginas a las elecciones de Taiwan.
El semanario, llamado Cabo de Buena Esperanza, destacó que el margen de victoria obtenido por Chen revela que no todos los taiwaneses respaldan la independencia de la isla.
Chen ganó con 39 por ciento de los votos. James Soong, el candidato independiente, obtuvo 37 por ciento, y Lien Chan, candidato del Kuomintang y actual vicepresidente de Taiwan, llegó tercero con 23 por ciento.
"Si respalda la independencia, seguramente creará problemas y crisis, dañando el bienestar del pueblo de ambos lados del estrecho de Taiwan", advirtió el semanario, sugiriendo que Chen no goza de mucho apoyo popular.
China y Taiwan están divididas desde 1949, cuando las tropas comunistas de Mao Zedong tomaron el continente y el Kuomintang de Chiang Kai-shek, derrotado, huyó a la isla.
El Cabo de Buena Esperanza sostuvo en otro artículo que los líderes chinos están ajustando su política sobre Taiwan y un cronograma para la reunificación que anunciarán este año.
"Las autoridades chinas están deseosas de comenzar negociaciones políticas, pero si Taiwan desea negociar primero temas económicos y luego políticos, entablar primero un diálogo y luego negociaciones, también están dispuestas a aceptarlo", dice el artículo.
"Sin embargo, si las autoridades taiwaneses continúan postergando las negociaciones, el continente declarará unilateralmente un cronograma para la reunificación", previno.
Beijing advirtió en varias ocasiones que atacará la isla si ésta se declara independiente o si un país extranjero se involucra en el conflicto.
El mes pasado fue más allá y amenazó con usar la fuerza militar si Taiwan continúa posponiendo las conversaciones destinadas a la reunificación con el continente.
Durante la campaña presidencial, Chen Shui-bian moderó su postura independentista y declaró que no tomaría ninguna medida que provoque a China. Tras su victoria, prometió aliviar el embargo sobre el comercio directo, el transporte y los vínculos postales con el continente.
Actualmente, las personas y los bienes que viajan de Taiwan al continente deben pasar por un tercer punto, que en general es Hong Kong o Macao.
Al votar por Chen en las segundas elecciones presidenciales directas, los taiwaneses rechazaron a Lien Chan del gobernante Kuomintang, que se convirtió en sinónimo de corrupción y amiguismo.
El Cabo de Buena Esperanza ha sido hasta ahora la única publicación oficial que ofreció cierta información acerca de la visión de Beijing sobre la victoria de Chen.
La mayoría de los chinos del continente solo tienen una vaga idea de los 13 años de reformas democráticas en Taiwan y saben muy poco de la campaña presidencial de la isla.
Aunque Beijing endureció su discurso en la semana previa a las elecciones y llegó a advertir que "un voto impulsivo" por el independentista Chen Shui-bian significaría la guerra, por ahora eligió el silencio. (FIN/IPS/tra-en/ab/ral/mlm/ip/00


