RUSIA: Gélidas regiones del nordeste requieren ayuda oficial

La región del nordeste de Rusia, tradicionalmente un lugar de exilio forzoso, no cambió mucho desde que el escritor Antón Chéjov la calificara hace un siglo de "infierno viviente del que todos, los presos y sus guardianes, tienen prisa por salir".

La diferencia ahora es que los habitantes tienen la libertad de irse, si así lo desean, y eso es lo que están haciendo en busca de mejores condiciones de vida.

La región tiene "incontables problemas, como falta de empleo y oportunidades de educación, y enfermedades", apuntó Vladimir Goman, titular de la Comisión de Asuntos del Norte. "El índice de suicidios también es alto".

El gobierno prometió repetidamente apoyar a los habitantes indígenas del norte, Siberia y el Lejano Oriente, que parecen haber sufrido más el impacto de las reformas políticas y económicas ocurridas en Rusia desde la disolución de la Unión Soviética en 1991.

Sin embargo, expertos señalaron que la actual política oficial respecto de las remotas regiones septentrionales y su población no basta.

En 1999, por primera vez en la última década, el gobierno otorgó la totalidad del presupuesto proyectado de 1.500 millones de rublos a los 200.000 habitantes de las 30 minorías étnicas del norte.

"No existe una lista oficial de los grupos étnicos indígenas del norte de Rusia", reconoció Dmitry Founk, jefe del departamento de Siberia y el Lejano Norte en el Instituto de Etnología y Antropología.

Antes de 1993, las autoridades consideraban minorías a 26 grupos étnicos, pero desde entonces se incorporaron otros cuatro a la lista, dijo a IPS.

Sin embargo, los fondos estatales para ayudar a esos grupos se usan a menudo para financiar proyectos de infraestructura, por lo cual es díficil contar con ese aporte, lamentó Founk. Además, todos los años resurge la pregunta de si la frontera nororiental aguantará el invierno.

La crisis económica de los últimos años limitó las provisiones de víveres y combustible para los 12 millones de habitantes en estas regiones. El clima gélido, combinado con los serios problemas financieros, dejó a decenas de miles de personas ateridas en sus casas.

Las temperaturas invernales de 40 grados bajo cero hacen del abastecimiento de combustible una necesidad crucial para que los residentes soporten el invierno, que es uno de los más rigurosos del planeta. De todas maneras, la escasez de energía ha sido una constante en las alejadas regiones de Rusia.

No obstante, el invierno pasado, el gobierno concedió fondos para adquirir alimentos y combustible, y la situación en el nordeste, por una vez, no estuvo al borde del desastre.

Moscú promete desde hace tiempo apoyar en forma selectiva a las industrias del lejano norte, prometiendo cerrar las empresas improductivas y trasladar a los habitantes de ciudades y aldeas con escasas perspectivas económicas a las regiones meridionales. Pero esa política provocó el descenso de la población.

Si continúa la tendencia demográfica actual, la población de Siberia podría descender 33 por ciento en los próximos 15 a 20 años, según proyecciones estadísticas. Los grupos indígenas del norte, oficialmente llamados Pueblos Numéricamente Pequeños, exigen una mayor protección de sus intereses.

Según Evdokiya Gaer, secretario general de la Asociación de Pueblos Numéricamente Pequeños de Rusia, los indígenas del norte, Siberia y el Lejano Este son los que más sufrieron las reformas en el país. Los activistas, además, se quejaron de que no existe una legislación definiendo esos territorios.

En señal de protesta, los itelmens de Kamchatka, un grupo étnico indígena, decidieron boicotear las celebraciones del 300 aniversario de la incorporación de Kamchatka al imperio ruso.

Los itelmens argumentan que es hora de que Rusia admita que capturó Kamchatka como una colonia. Ahora poco más de 1.400 itelmens viven allí en comparación con los 15.000 habitantes que se calculaba tenía la zona cuando Moscú la colonizó.

Para los grupos índigenas del norte, el derecho a la tierra es esencial para su supervivencia. Goman prometió que el gobierno y el parlamento legislarán para dar a esas minorías más derechos sobre sus tierras.

Aseguró que la nueva legislación confirmará el derecho de las minorías a evaluar las consecuencias ecológicas de un mayor desarrollo, en especial de los proyectos de petróleo y gas.

El mayor problema de las minorías es su vínculo con las grandes compañías petroleras, sostiene Goman. Si bien esa legislación tan necesaria aún no se aprobó, la situación en las principales zonas de producción petrolera en Siberia occidental no es tan mala, apuntó Founk. (FIN/IPS/tra-en/sb/sm/ego/aq/dv/00

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