PETROLEO: Déficit y refinación monopólica, nuevos retos de Brasil

Brasil necesita ampliar 20 por ciento su capacidad de refinación de petróleo para atender el actual consumo interno y reducir un déficit que tiende a crecer ante la falta de inversiones.

La demanda de combustibles crecerá cuatro por ciento al año hasta alcanzar a 2,2 millones de barriles diarios en el 2002, señaló Henri Philippe Reichstul, presidente de la empresa estatal Petrobrás, que aún monopoliza la refinación.

Las 11 refinerías de Petrobrás producen 1,5 millones de barriles de derivados por día, mientras que las dos pequeñas unidades privadas existentes en el país representan sólo dos por ciento del total.

El monopolio petrolero estatal, vigente desde 1953, fue abolido hace cuatro años de la Constitución brasileña, pero no sufrió cambios de hecho en el área de refinación, al contrario de lo ocurrido en el área de exploración, en la que ya actúan varias firmas privadas nacionales y extranjeras.

El aumento del consumo, con estancamiento de la capacidad de refinación, obliga a la creciente importación de derivados, más caros que el crudo, cuando el país lucha por invertir una balanza comercial desfavorable desde hace cinco años.

La importación de petróleo representa el rubro de mayor peso para Brasil, ya que su producción de 1,2 millones de barriles diarios corresponde a sólo dos tercios de la demanda interna. Cerca de 600 millones de barriles son importados en forma de crudo o derivados.

Como el país no procesa combustibles en la cantidad necesaria hay que estimular a otras empresas a construir nuevas refinerías y esa es la mejor forma de superar el monopolio, arguyó la dirección de Petrobrás, ante presiones para que abra el mercado a competidores.

Reichstul aseguró que la empresa estatal no hará nuevas unidades y sólo impulsará nuevos proyectos en esa área en asociación con otras firmas.

La Agencia Nacional del Petróleo (ANP), organismo oficial que regula el sector, pretende que Petrobrás venda algunas refinerías para acelerar una efectiva competencia, ya que la construcción de una nueva unidad exige cinco años de espera y abultadas inversiones.

El grupo alemán Thyssen construye una en Ceará, estado del nordeste brasileño, pero demorará muchos años antes que pueda ayudar a bajar el déficit de combustibles producidos en el país.

Además es escaso el interés comercial en la actividad, porque el margen de utilidad es muy pequeño y "hay en la actualidad un exceso de refinerías en el mundo", observó Alvaro Teixeira, secretario ejecutivo del Instituto Brasileño del Petróleo.

Ser autosuficiente en refinación, sin embargo, tiene su importancia estratégica ante una eventual crisis internacional, algo que debe preocupar al gobierno de Fernando Henrique Cardoso, señaló el secretario del instituto que congrega empresas locales y extranjeras de todas las áreas petroleras.

La anunciada intención de la firma Petróleos de Venezuela en asociarse a Petrobrás, construyendo una refinería en Brasil mientras la empresa brasileña haría exploración en territorio venezolano, hubiese sido la "alianza ideal", dijo Teixeira. Pero la iniciativa no prosperó.

Otra negociación, al parecer trabada, es con la empresa española Repsol, que adquirió YPF, de Argentina.

Repsol, presionada también por el gobierno de Argentina a reducir su poder monopólico en la venta de combustibles, propuso canjear unas 800 estaciones de venta de gasolina en ese país por una refinería de Petrobrás.

Las fuerzas nacionalistas brasileñas, que incluyen a partidos de izquierda y sindicalistas, se oponen a que la empresa petrolera estatal se deshaga de su patrimonio.

Lo que se intenta es privatizar Petrobrás "por partes, reduciendo su precio de mercado", acusó Argemiro Pertence, director de Comunicaciones de la Asociación de Ingenieros de esa firma (Aepet).

Además, las refinerías en manos privadas o extranjeras no se interesarían en procesar el crudo brasileño, que es pesado y produce menos derivados lucrativos, como la gasolina y el gas licuado.

Los eventuales nuevos dueños, mirando sólo las ganancias, pasarían a importar el petróleo liviano, desechando el nacional y agravando el desbalance comercial, arguyó Pertence. Es lo que haría Repsol trayendo su crudo desde Argentina, añadió.

A ese problema se agregan los daños sociales de los planes privatizadores.

La empresa Petrobrás, que empleaba 58.000 personas en 1994, hoy cuenta sólo con 36.000. El desaliento del plantel de funcionarios, envejecido, con promedio de edad de 44 años, tampoco favorece la competitividad, afirmó el dirigente de Aepet.

Sin una solución efectiva tanto para el déficit como para el monopolio de refinación petrolera, pequeñas y medidas empresas tratan de ablandar el problema.

La próxima autorización de tres centrales petroquímicas por parte de la ANP, que incluirían la gasolina en su producción, podría elevar de dos a 10 por ciento la participación de combustibles refinados por empresas privadas en el total nacional.

Petrobrás piensa ampliar algunas de sus refinerías en asociación con otras empresas, como es el caso de Ipiranga, uno de los dos grupos privados en la actividad, que se dispone a asociarse a la estatal en tres unidades. (FIN/IPS/mo/dm/if en/00

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