La capital de India está casi bajo sitio de fuerzas de seguridad y todas las manifestaciones públicas están prohibidas en la víspera del comienzo de la parte oficial de la visita del presidente de Estados Unidos, Bill Clinton.
Pese a la celebración verbal de los "intereses comunes" de las dos "grandes democracias", las fuerzas policiales de India fueron relegadas a un segundo plano por los funcionarios de seguridad estadounidenses enviados hace semanas.
El componente oficial de la visita de cinco días se limita a seis horas, con tres horas de conversaciones con delegaciones, un discurso al parlamento y algún banquete. El resto es puro turismo.
Pese a la falta de sustancia de la visita, la elite india le otorga gran importancia. También es vital en el contexto la creciente influencia de la próspera comunidad india de 1,4 millones en Estados Unidos.
Así mismo, la visita de Clinton refleja una mayor importancia de India y una reducción de la de Pakistán a los ojos de Washington, pero significa muy poco para la enorme mayoría de los 1.000 millones de indios.
La interacción de Clinton con líderes indios forma parte del proceso de ruptura de India con la no alineación y de su transición hacia una estrecha alianza estratégica y económica con Estados Unidos, y de hecho podría acelerar ese proceso.
En efecto, el mandatario estadounidense da legitimidad con su visita al gobernante Partido Bharatiya Janata, de corte nacionalista e hinduísta, que tuvo una fuerte inclinación prooccidental durante la guerra fría.
Es improbable que Clinton se ofrezca para mediar en la disputa entre India y Pakistán por la región de Cachemira, principalmente porque Nueva Delhi se opone a esa mediación, pero presionará a Pakistán para que respete la Línea de Control, que divide de hecho la región entre ambos países, y restaure el régimen civil.
Más importante aún, la visita marcará la aceptación tácita de India como un país con armas nucleares por parte de Washington.
Luego de relajar las restricciones a los préstamos multilaterales y los créditos para la exportación, Estados Unidos levantó formalmente las sanciones que había impuesto tras las pruebas nucleares de mayo de 1998 contra 51 de unos 200 institutos y empresas indios.
El subsecretario de Estado estadounidense, Strobe Talbott, confirmó esa aceptación tácita al declarar que su gobierno "reconoce la improbabilidad de que India abandone su opción nuclear, sin importar cuánta presión se le aplique".
Además, la secretaria de Estado Madeleine Albright dijo que Estados Unidos "reconoce plenamente que sólo el gobierno indio tiene el derecho soberano de tomar decisiones sobre lo que es necesario para la defensa de India y sus intereses".
El Consejo de Relaciones Exteriores y la Institución Brooking, dos gabinetes de estrategia de Washington, exhortaron a Clinton a no "presionar" a India sobre cuestiones nucleares.
En cambio, aconsejaron, el presidente debería adoptar "metas más modestas pero significativas" en el campo nuclear, como respaldar las políticas indias que prohíben la exportación de tecnología y armas atómicas, evitar nuevas pruebas y por último lograr que Nueva Delhi firme el Tratado de Prohibición Total de Pruebas Nucleares.
Este ablandamiento no significa que Estados Unidos abandonará formalmente su objetivo de promover la "adhesión universal" al Tratado de No Proliferación Nuclear.
Clinton declaró que no acepta el "status quo nuclear de Asia meridional" y advirtió que "un futuro nuclear es un futuro peligroso".
El mandatario dijo la semana pasada en una conferencia que Estados Unidos intentaría incorporar a India, Pakistán, Israel y Cuba al régimen de no proliferación nuclear.
Por lo tanto, es improbable que Washington concuerde públicamente con la interpretación del canciller indio Jaswant Singh, según el cual Estados Unidos "reconoce que India tendrá un programa nuclear mínimo de disuasión" y "aceptó el programa indio de misiles".
Pero para todos los fines prácticos, Clinton admitió que la condición nuclear de India (y de Pakistán) no puede revertirse, y ya no insiste en que ambos países surasiáticos firmen el Tratado de Prohibición Total de Pruebas Nucleares.
Los funcionarios indios están complacidos ante esta situación e interpretaron de manera optimista otras declaraciones de Washington. Por ejemplo, Albright dijo que "deben tomarse medidas tangibles para hacer respetar la Línea de Control".
Esta declaración fue interpretada en Nueva Delhi como un llamado a Pakistán a no alterar la situación actual y, más generalmente, como una oposición de Washington a cualquier cambio en el estado territorial de Cachemira. Esta posición concuerda con la de India.
Así mismo, funcionarios indios señalaron con entusiasmo un comentario del asesor de Seguridad Nacional de Clinton, Sandy Berger, quien declaró que India y Pakistán "deben autocontrolarse y es posible que así se creen las condiciones para una reanudación del diálogo".
Berger también dijo que Islamabad debe tomar medidas para "crear un mejor ambiente que permita el diálogo bilateral".
Nueva Delhi es hostil al régimen paquistaní del general Pervez Musharraf y rechaza el golpe militar del pasado octubre "por principio". En realidad, ésta es la forma de atrapar a Washington en su propio discurso prodemocracia para construir con él una alianza exclusiva a costa de Islamabad.
India no pudo impedir que Clinton visitase Pakistán en su gira por Asia meridional, aunque logró que la visita fuera breve. En esencia, India continúa viendo su relación estratégica con Estados Unidos a través del prisma de Pakistán.
En el ámbito económico, hay señales de un cambio significativo, impulsado fundamentalmente por el crecimiento de India como proveedor de servicios de Estados Unidos, en especial en la industria de la computación.
La visita de Clinton a Hyderabad, un emergente centro de tecnología de la información, refleja este hecho.
India cedió este año a la presión de Estados Unidos y eliminó restricciones comerciales a más de 1.400 artículos, incluso granos alimenticios, antes de lo previsto en el cronograma de la Organización Mundial del Comercio (OMC).
Esta decisión de Nueva Delhi fue duramente criticada por afectar el sustento y la seguridad alimentaria de la mayor parte de la población.
La profundización de las relaciones indo-estadounidenses forma parte del proceso de integración de India con Occidente sobre una base elitista. Es improbable que esto ayude a la mayoría de los indios.
La perspectiva de una cálida relación bilateral seguramente generará resentimiento en Pakistán. Cada vez hay más choques a lo largo de la Línea de Control, que podrían incrementarse a medida que se derrita la nieve.
Clinton afirmó con razón que Asia meridional es "el lugar del mundo con más riesgo de una confrontación nuclear", pero es improbable que su actual postura contribuya a reducir ese riesgo. (FIN/IPS/tra-en/pb/rdr/mlm/ip/00


