La posibilidad de utilizar el hongo Fusarium Oxysporum en Colombia para erradicar cultivos de coca en la selva amazónica puso en alerta a la comunidad científica, por los riesgos ecológicos que conlleva y su poca efectividad.
La nueva propuesta para eliminar plantaciones ilegales fue debatida en un foro convocado por profesores e investigadores de la estatal Universidad Nacional (UN), que piden una seria reflexión al gobierno de Andrés Pastrana antes de decidir sobre el asunto.
Pese al silencio oficial sobre el tema, la cadena estadounidense de televisión por cable CNN informó el día 8 que el programa para el control de drogas de la Organización de las Naciones Unidas negocia con Colombia la realización de pruebas con una variedad de Fusarium Oxysporum.
El biólogo Freddy Hernández, profesor de la facultad de Agronomía de la UN y que participó del seminario realizado el miércoles, explicó que este hongo existe en abundancia en el mundo, en especial en zonas tropicales, y que es muy resistente a condiciones ambientales desfavorables.
En Colombia, aunque no hay registros de que exista la variedad que ataca las plantaciones de coca, pero "hay una altísima posibilidad de que se dé en algunas zonas".
Hernandez dijo a IPS que el Fussarium Oxysporum es específico, lo que significa que en su forma especial contra la coca sólo ataca a esta planta, ocasionándole caída de las hojas y muerte total.
"Sólo en casos muy extremos podría mutar y saltar de la coca a otras plantas, pero se necesitarían muchos hongos y muchos años", afirmó Hernández, quien ha investigado sobre la genética, evolución y variabilidad de este microorganismo.
En otras variedades, el Fusarium ocasiona enfermedades en el hombre, animales y plantas como banano, plátano, tomate, crisantemos, claveles y palma africana, en las que acelera el marchitamiento, pudre los frutos, granos, raíces y bases de tallos, explicaron expertos.
No obstante, en opinión de Jesús Hidrobo, del Instituto de Ciencias Naturales de la UN, si bien el hongo es específico, debe analizarse más hasta que quede demostrado que no hay ningún peligro.
Hidrobo indicó que existen 250 enfermedades contra las plantas de coca que serían menos riesgosas que la aplicación del Fussarium, como es el caso del virus de la "estalla" que fue utilizado con éxito en plantaciones de Perú y Bolivia.
Por su parte, Tomás León, del Instituto de Estudios Ambientales (IEA), consideró "muy arriesgado" utilizar ese microorganismo en suelos ya degradados por los cultivos ilícitos.
Para León es muy posible que en unos 15 años este hongo se desarrolle aún más, porque "un asunto es la prueba en laboratorio y otra distinta su aspersión masiva".
Agregó que lo complicado de la propuesta de aplicar el Fusarium en los cultivos de coca es que no existe suficiente investigación y es un problema en el que tiene parte de responsabilidad la comunidad académica.
"Han pasado más de 25 años, desde que se inició del proceso de erradicación de cultivos, en una dispersión absoluta de temas" sin haber logrado "dar respuestas de cómo se pueden reemplazar estos cultivos o cuáles son los sistemas de producción acordes a las presiones de la sociedad en la selva", afirmó.
La discusión sobre la aplicación del Fusarium se extiende incluso hasta el proceso de los criterios con que se orienta la guerra antidrogas en Colombia, la colonización que ha sufrido la Amazonia y si es acertado o no hacer agricultura en esa región, indicó.
Según León, si se quiere erradicar estos cultivos es más conveniente que las comunidades campesinas lo hagan manualmente y no utilizando un microorganismo cuyos efectos no han sido suficientemente investigados.
Introducir el Fusarium en un medio ecosistémico "débil, porque los suelos amazónicos que ya han sido utilizados en coca son demasiado degradados (…), puede contribuir a que el patógeno prospere", alertó.
La erradicación de los cultivos ilegales, de los que se extrae la pasta para la elaboración de la cocaína, ha sido criticada por otros expertos que la consideran una estrategia errada, en una guerra contra las drogas que se lleva a cabo según los parámetros de Estados Unidos.
La estrategia ha sido cuestionada desde el punto de vista político, porque obedece al criterio de que la mayor responsabilidad en el problema del narcotráfico recae sobre los países productores.
También merece críticas porque no va al fondo del problema que es atacar los capitales que financian esas plantaciones, lo cual lleva a que los cultivadores se trasladen de una zona a otra, generando graves presiones al ecosistema.
Pese a los programas de erradicación que se han ensayado, los cultivos han crecido de cerca de 100.000 hectáreas en 1994 a más de 121.000 hectáreas en 1999, sólo en lo que refiere a plantas de coca.
Las primera polémicas surgieron en la década de los años 70, cuando se eliminaron cultivos aplicando el herbicida glifosato en la Sierra Nevada de Santa Marta, una de las más importantes reservas naturales del norte colombiano, y en el departamento de Cauca, en el sur.
Las aspersiones de glifosato destruyeron no sólo las plantas de marihuana allí existentes sino otros cultivos y causaron daños en la salud de los campesinas e indígenas que habitaban la zona.
También suscitó fuertes polémicas en 1997 y 1998 la propuesta de Estados Unidos de aplicar el herbicida tebutiurón para erradicar cultivos de coca, marihuana y amapola.
La propuesta, que era avalada por la Dirección Nacional de Estupefacientes (policía), fue rechazada por el ministerio de Medio Ambiente por considerar que ocasionaría graves daños al ecosistema, especialmente en la selva amazónica. (FIN/IPS/yf/dm/en/00


