El gobierno de Canadá eliminó el llamado "impuesto por cabeza" que gravaba con 700 dólares a todo refugiado en este país que solicitara el estatuto de inmigrante.
A partir de este sábado, el gravamen quedará abolido gracias a la presión de los grupos defensores de los refugiados que sostenían que el impuesto, decretado hace cinco años, era una carga innecesaria para estas personas en situación desesperada.
Pero esos grupos también quieren que el gobierno elimine el impuesto de 700 dólares y los 350 dólares de gastos administrativos que se les cobra a los inmigrantes no refugiados que llegan al país después de haber cumplido con los requisitos estipulados por las autoridades.
"La eliminación del impuesto al derecho al ingreso de los refugiados es algo que todos consideran un paso importante", declaró la ministra de Inmigración, Elinor Caplan.
Sin embargo, la cancelación del impuesto no es retroactiva, de manera que refugiados como Robhie Trstana y su marido, que llegaron hace poco de Kosovo, todavía deben amortizar esa deuda. Trstana aún debe al gobierno canadiense 1.950 dólares.
"Tendremos menos dinero para comer", dijo Trstana durante una conferencia de prensa donde los activistas pidieron al gobierno que aboliera todos los gravámenes a la gente que quiere mudarse a Canadá.
El impuesto se exige a todos los adultos que se convirtieron en residentes permanentes desde 1995. En el período entre 1998 y 1999, el Estado recaudó 80 millones de dólares por concepto del "impuesto por cabeza".
Cuando se adoptó por primera vez, el gobierno lo justificó como una manera para que los inmigrantes y refugiados compartieran el costo de instalarlos en Canadá. En esa época, el poder ejecutivo soportaba un déficit de 35.000 millones de dólares, pero ahora está operando con superávit.
Ahmed Ashi, coordinador del grupo Getting Landed Project que pretende reducir el tiempo que los refugiados pasan en el limbo burocrático, dijo que el impuesto nunca se debió aplicar. "¿Qué ha sucedido con nuestra compasión por los pobres y desamparados?", preguntó.
La cancelación del impuesto a los inmigrantes permitirá que rehagan sus vidas y contribuyan con la economía", declaró Omar Zakhilwal, un abogado de inmigración en Toronto.
Gada Faez, de 51 años, que vino de Afganistán como refugiado en 1997, tuvo que pedir prestado para pagar el dinero para él, su esposa y ocho hijos, así como un préstamo que recibió del gobierno canadiense por los pasajes de avión.
Su familia quedó con una deuda de 7.000 dólares. Como traductor de tiempo parcial e investigador para una organización no gubernamental (ONG) en una pequeña población fuera de Toronto, Faez consigue ahorrar 186 dólares por mes para amortizar su deuda, pero aún debe más de 4.000 dólares.
"Ahora me dijeron que si no pago en tres años aplicarán intereses a la deuda. Fui profesor en Afganistán, pensé que podría obtener un trabajo aquí y pagar todas las deudas", dijo.
"Ningún país recurrió tanto a los inmigrantes para desarrollarse" como Canadá, comentó Genna Singh, que representó a la comunidad sij en la conferencia de prensa celebrada contra el gravamen.
"El impuesto no es un peso para las personas en buena posición económica. Pero resulta una carga para los sectores más débiles de la sociedad. Con ese gravamen desalentamos a la gente que debemos proteger", expresó el arzobispo Barry Curtis, de Calgary, y titular del Consejo Canadiense de Iglesias. (FIN/IPS/tra-en/mb/da/ego/aq/pr/00


