/BOLETIN-AMBIENTE/ MOZAMBIQUE: Malaria y cólera amenazan a miles de damnificados

Las peores inundaciones en la historia de Mozambique causaron más de 400 muertos hasta el momento, pero la cifra podría aumentar debido a la amenaza de brotes de malaria, cólera y disentería en zonas donde hay pocos fármacos para combatirlas, advirtieron voluntarios.

Sólo en el centro de refugio de Cheaquelane, que alberga a unas 60.000 personas desplazadas en la provincia de Gaza, más de 70 por ciento de los 5.000 refugiados que fueron tratados en la clínica de salud local sufrían malaria y cólera.

Una fuente del centro dijo a IPS que todos los días mueren de malaria un promedio de dos niños desde que el lugar se abrió el 27 de febrero.

Pero el Director Nacional de Salud, Alexandre Mangwele, negó que existan epidemias en alguno de los centros de refugio y sostuvo que hay una enorme cantidad de fármacos utilizados para ayudar a los afectados, aunque puede haber escasez.

"Existe la posibilidad de que las reservas no basten si el país no se beneficia de la ayuda internacional", advirtió Mangwele.

Pero el funcionario agregó que actualmente no hay escasez de fármacos para curar las enfermedades relacionadas con las inundaciones, "porque, por fortuna, en noviembre abastecimos a todos los hospitales en preparación para la temporada de lluvias, pero no esperábamos que fuera tan fuerte", dijo.

El Ministerio de Salud también organizó programas de capacitación en las clínicas de atención primaria en los centros de refugio.

Fuentes del centro de Cheaquelane dijeron que el Ministerio enseña a los trabajadores de salud la manera de reconocer los síntomas de las enfermedades y cómo combatirlas.

Otros equipos, entre ellos profesores de la Facultad de Medicina de la Universidad Eduardo Mondlane, también estarían trabajando con los enfermos.

"Nuestros equipos preparan a los voluntarios que ayudan a la población y les enseñan cómo tratar el agua potable con cloro. También ayudan a construir letrinas y enseñan cómo usarlas en forma adecuada", dijo Mangwele.

Las enfermedades más comunes son diarrea, malaria, problemas de la piel y conjuntivitis, explicó.

Aunque la salud puede ser un gran problema que afecta a las víctimas, la devastación no les quitó la esperanza ni la voluntad de seguir adelante.

"Es difícil. No sé que va a pasar con mi vida. Tengo cinco hijos y mi esposo trabaja en las minas de Sudáfrica. Lo hemos perdido todo", comentó Maria Cossa, una refugiada en Cheaquelane.

"Pero estoy segura de algo. Apenas pueda volver a casa voy a trabajar mi parcela de tierra para producir comida para mi familia y reconstruir nuestras vidas. Pero el gobierno nos debe dar semillas y herramientas, eso es fundamental", exhortó.

El gobierno prometió que dará semillas y herramientas a todos los damnificados. Mientras, con la ayuda de expertos extranjeros, comenzó a evaluar el daño que infligieron las inundaciones en la agricultura y la infraestructura en el sur y centro de Mozambique.

El gobierno proyecta una conferencia internacional de donantes en abril para recaudar fondos con fines humanitarios y de reconstrucción.

"Nuestro objetivo es devolverle a la población afectada sus vidas productivas y hacer que sean autosuficientes una vez más", dijo Leonardo Simao, el ministro de Relaciones Exteriores.

Pero Simao explicó que el cultivo promedio necesita entre tres y cuatro meses antes de la cosecha y que, en ese lapso, al menos 250.000 personas deberán recibir ayuda.

No es fácil hablar de reconstrucción en este momento, mientras las fuertes lluvias que siguen cayendo en el sur frustran todas las gestiones para resolver algunos de los problemas más urgentes.

Las lluvias torrenciales obligaron a suspender los vuelos de ayuda de emergencia el viernes y dañaron las reparaciones de emergencia que se habían hecho en la principal carretera nacional, que vincula el norte con el sur.

Los voluntarios aseguran que, de continuar las lluvias, el acceso por vía terrestre se puede cortar una vez más, sobre todo en las localidades de Matola, Machava, Infulene y otros vecindarios en las afueras de Maputo.

Mientras, las historias de horror continúan multiplicándose. En Chokwe, conocido como el pueblo fantasma por el estado en quedó tras las inundaciones, los perros se comen los cadáveres porque las lluvias no permiten celebrar entierros colectivos.

"Estoy esperando que se permita el entierro de mi cuñada, pero ya no queda nada, sólo los huesos. Lo demás se lo comieron los perros", dijo a IPS una anciana en Chokwe. (FIN/IPS/tra-en/mcm/sm/aq/en-he/00

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