Las familias rurales de América Latina han dependido tradicionalmente de leña para cocinar, pero el desgaste de los recursos naturales lleva a científicos de la región a buscar opciones más ecológicas, como la producción de gas a partir del estiércol.
Ese es el trabajo que realizan investigadores de la Escuela de Agricultura para la Región del Trópico Húmedo (Earth), una universidad privada sin fines de lucro en la que están matriculados estudiantes de todo el mundo.
"Tenemos un reto mundial, pues estamos degradando muy rápidamente el trópico húmedo, una región que ocupa apenas siete por ciento del territorio del planeta, pero resguarda 60 por ciento de toda la biodiversidad", explicó José Zaglul, rector de Earth.
Se calcula que la acción del hombre destruye anualmente en América Central 400.000 hectáreas de bosques. Hace pocos años se estimaba que una familia campesina quemaba en promedio, para cocinar, 12 toneladas de leña por año.
Aunque la electricidad ha ido desplazando a la leña en las cocinas del medio rural centroamericano, los recursos hídricos también son limitados y crecen los costos de la generación de energía.
Es por eso que los científicos de Earth se han volcado a estudiar alternativas y han fabricado el "biodigestor", un generador de gas natural a partir del estiércol animal que se pretende difundir entre campesinos de la región, pues se construye con materiales baratos.
"Con 20 kilos de boñiga y 80 litros de agua se pueden producir diariamente siete horas de llama para cocinar", afirmó el especialista colombiano Raúl Botero, profesor de Earth.
El costo de un biodigestor no supera los 125 dólares y a sus ventajas económicas se une su nulo impacto en el ambiente.
El funcionamiento es sencillo: el biogás o gas metano es producido por fermentación anaeróbica -en ausencia del aire- de los desechos orgánicos de origen vegetal o animal.
Hay muchos modelos de biodigestores, pero el más simple se logra excavando un pozo en suelo firme, preferiblemente cerca de un establo o corral, pues ahí está la fuente de su materia prima, el estiércol.
El pozo debe tener de siete a 10 metros de longitud y se debe cavar de tal forma que sus paredes no se derrumben y no queden piedras o raíces en su interior.
En ese hoyo se instala una bolsa doble y tubular de polietileno o plastilona, en cada uno de cuyos extremos se coloca un cubo de plástico al que se le ha recortado el fondo.
Esos cubos servirán de tubos de entrada y salida del estiércol y cuando la bolsa de polietileno se llena deben ladearse, para que no entre aire al biodigestor.
En la bolsa se produce gas, debido a la ausencia de aire y a las bacterias que descomponen el estiércol con el agua.
También es preciso disponer en un extremo de la bolsa tubos que conduzcan el gas hasta los quemadores de la cocina.
"Un biodigestor casero, de siete a 10 metros de largo, abastece a una familia promedio del gas necesario para cocinar los alimentos diariamente, y lo que queda dentro de la bolsa de polietileno genera 150 litros diarios de abono orgánico", dijo Botero.
La operación de un biodigestor tiene dos ventajas, pues por un lado se elimina el estiércol y por otro, se obtiene un combustible ambientalmente amigable y a bajo costo.
Earth dispone de una página electrónica en Internet (www.earth.ac.cr) en la que difunde parte de sus programas de estudios e investigaciones. (FIN/IPS/nms/ff/en/00


