AMERICA CENTRAL: El reflujo de la integración

América Central se encuentra en un extraño proceso de desintegración política e integración social. Los gobiernos del istmo atraviesan una etapa de individualismo, cuyo inicio algunos expertos ubican en 1998.

Los países de la región negocian tratados de libre comercio de última generación, pero siguen aplicando medidas de presión unilaterales para solucionar sus diferencias.

Los ministros encargados de la integración se reúnen cada vez menos, no llegan a acuerdos y temas trascendentales, como la unidad aduanera, siguen siendo un sueño cada vez más lejano.

Se negocian límites marítimos con terceros países sin tener en cuenta a los vecinos, como lo hizo Honduras con Colombia, sin tomar en cuenta la falta de definición de su frontera marítima con Nicaragua, y surgen viejos nacionalismos y reclamaciones territoriales, como la de Guatemala sobre Belice.

"En el momento en que los mecanismos de la integración se relajan, salen a flote los viejos nacionalismos, la xenofobia. No es accidental que tengamos crisis fronterizas, producto de la debilidad del cuerpo integrado de Centroamérica", dijo a IPS el historiador y diplomático costarricense Luis Guillermo Solís.

Pero frente a esta crisis de la integración regional en el plano oficial se da un fenómeno totalmente contrario en el campo de la sociedad civil: en el último quinquenio se han formado redes de organizaciones de base que reúnen a mujeres, indígenas, pequeños empresarios, trabajadores.

Este flujo subterráneo es, en parte, producto del protagonismo que la cooperación internacional ha tratado dado a los sectores sociales organizados desde 1995, cuando se realizó en Dinamarca la Cumbre Mundial para el Desarrollo Social, ante la falta de transparencia de los gobiernos en el manejo de los recursos.

La Agencia Canadiense de Desarrollo Internacional (ACDI), a través del Programa de Apoyo a las Iniciativas Regionales (PAR), se atribuye parte del mérito en esa integración desde la base.

En la clausura del programa el día 17, tras cinco años de trabajo en la región, su director, Jean Marc Lampron, subrayó que "por primera vez se conformó una red organizada de actores centroamericanos que unió a sectores de actividad diferentes, que a su vez crearon posibilidades de trabajo conjunto".

"La integración desde abajo ha cobrado una importancia fundamental debido a la tremenda crisis de la integración que enfrenta América Central", señaló el sacerdote y economista Xabier Gorostiaga, secretario ejecutivo de la Asociación de Universidades de la Compañía de Jesús para América Latina.

Gorostiaga, quien fue asesor del PAR, dijo que el huracán Mitch, que azotó a América Central en 1998, dejó al descubierto no solo la vulnerabilidad ambiental y social sino también la institucional, porque la región fue incapaz de presentar un solo proyecto conjunto ante la comunidad internacional.

A esta crisis atribuyó los conflictos limítrofes que está padeciendo el istmo y no al contrario, como podría pensarse, que la integración ha sido dañada por los conflictos.

Organizaciones de la sociedad civil hondureña y nicaragüense organizaron una marcha hasta la frontera entre ambos países, hace aproximadamente un mes, para decirle a los gobiernos de ambos países que los pueblos no están en pie de guerra, recordó Gorostiaga.

Las tensiones entre Honduras y Nicaragua datan de noviembre, cuando el congreso hondureño ratificó un tratado de límites marítimos con Colombia que, según Nicaragua, le quita 30.000 kilómetros de su mar patrimonial.

Como represalia, el parlamento nicaragüense aprobó un impuesto de 35 por ciento para las mercancías provenientes de Honduras, saltándose todos los acuerdos comerciales previos. Negociaciones posteriores han dado como resultado un acuerdo para eliminarlo.

La Federación de Cámaras de Industrias de Centroamérica (Fecaica), calcula que los empresarios hondureños han perdido cerca de cinco millones de dólares mensuales desde la aprobación del impuesto, según informes brindados por la representación hondureña.

Solís coincide con Gorostiaga en que los conflictos son fruto de la desintegración y no a la inversa.

"Hay nuevas prioridades en la agenda de los gobiernos de la región, entendibles pero no convenientes", dijo Solís, quien describió la integración centroamericana como un "proceso en picos", porque ha pasado del activismo al olvido.

De hecho, el último periodo de activismo tuvo su pico máximo entre 1994 y 1995 cuando se firmó la Alianza para el Desarrollo Sostenible (Alides) y el Tratado de Seguridad Democrática.

Esto coincidió con la llegada al gobierno de Carlos Roberto Reyna (Honduras), Violeta Chamorro (Nicaragua) y José María Figueres (Costa Rica), que tenían la visión de una sola América Central inspirada en Francisco Morazán, quien fue elegido presidente de las Provincias Unidas de Centroamérica en 1829.

Ese activismo cayó en 1998, con la llegada al poder de otros gobernantes menos interesados en la integración.

Solís sostiene que en América Central se ha dado una lucha histórica entre liberales, partidarios de la integración, y conservadores, en origen terratenientes opuestos a ella por temor a vincularse con el mundo.

El sector liberal, conformado por empresarios, necesita del mercado centroamericano para sobrevivir. Costa Rica, por ejemplo, coloca en la región 30 por ciento de sus exportaciones, cercanas a 6.600 millones de dólares en 1999.

Para 1999 se calcula que el comercio intrarregional alcanzó los 2.394 millones de dólares.

En 1999 los países centroamericanos aprobaron un mecanismo de solución de diferencias que no existía en el tratado de integración que data de los años 60, y todos lo ratificaron menos Nicaragua.

Este mes, Nicaragua aprobó un impuesto variable a la harina de aproximadamente 10 por ciento.

"Todo esto significa que el comercio intracentroamericano no cuenta con reglas claras y si ha crecido se debe a razones de cercanía geográfica y no a la facilidad que dan los gobiernos", comentó el economista Rodney Zamora, de la Cámara de Industrias de Costa Rica.

Como ejemplo de las serias dificultades comerciales en la región mencionó que el costo de transporte de un furgón de 11 metros cúbicos de la capital de México a la frontera de Tecún Umán, de Guatemala, con un recorrido de 1.300 kilómetros, oscila entre 900 y 1.000 dólares.

En tanto, el transporte de ese mismo furgón de mercancías entre Guatemala y San José, con un recorrido de 1.250 kilómetros, cuesta entre 1.350 y 1.400 millones de dólares.

La integración nunca ha vivido una crisis como ahora y "esto es peligroso porque pueden aumentar los conflictos", opinó Gorostiaga. (FIN/IPS/mso/ag/ip if/00

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