BRASIL: Futbolistas fingen menor edad para mejorar sus carreras

Cuatro jóvenes jugadores corren riesgo de quedar fuera del fútbol profesional de por vida en Brasil, por haber declarado una edad menor a la real con el fin de mejorar su carrera, un recurso cada vez más habitual.

La Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) suspendió los registros de tres deportistas cuyas edades fueron comprobadamente falsificadas y que serán juzgados por el Tribunal de Justicia Deportiva.

Sus edades actuales varían de 19 a 23 años, pero ellos se registraron en la CBF con uno a tres años menos, con certificados de nacimiento falsos. Se prevé que un cuarto deportista sufra la misma sanción, tras un examen de sus documentos.

El fraude habría pasado inadvertido si los tres primeros no hubieran logrado cierta notoriedad como futbolistas prometedores, pues llegaron incluso a consagrarse campeones de copas sudamericanas y mundiales para jugadores de hasta 17 años cuando tenían más de esa edad.

La falsificación de edades es conocida en los medios futbolísticos en Brasil. Los que aprovechan la facilidad con que se obtienen nuevos certificados de nacimiento para alterar su fecha de nacimiento son llamados "gatos".

Buscan así eludir un obstáculo creciente en el ingreso a una carrera que hace a millones de niños y padres soñar con el éxito internacional y financiero de un Ronaldinho, un Rivaldo u otros astros del fútbol, hoy transferidos en su mayoría a España o Italia.

Los clubes del fútbol profesional, que reciben miles de candidatos todos los días, utilizan la edad como un criterio de exclusión. Es difícil que acepten adolescentes con más de 14 o 15 años para sus equipos de debutantes.

Para superar esa dificultad y abrir puertas al mundo mágico de fortunas construidas en pocos años, disminuir la edad se convirtió en un recurso frecuente.

Es posible que el fútbol deba gran parte de su popularidad mundial al hecho de ser un deporte más democrático que los demás, al no exigir determinada característica física, como la estatura o la fuerza, como determinante del éxito de los jugadores.

Personas de baja estatura como Maradona o Romario no tendrían, por ejemplo, ninguna posibilidad de éxito en el baloncesto o el vóleibol.

Pero revelar cualidades de futuro campeón a la menor edad posible pasó a ser una exigencia para el ingreso en las escuelas y clubes que son la antesala del fútbol profesional. La consecuencia natural es que los candidatos intenten esquivar con trampas la dictadura de la edad.

Adolescentes aún incapaces de discernir los riesgos son inducidos al fraude por entrenadores, "descubridores de talentos" y sus propios padres, se lamentó Paulo Cesar Carpegiani, director técnico del club Sao Paulo, equipo al que pertenecen dos de los jugadores ahora proscriptos.

Uno de ellos, Sandro Hiroshi, fue la piedra del actual escándalo, porque fue transferido irregularmente desde un pequeño y desconocido clube del Norte brasileño, el Tocantinópolis, a uno del estado de Sao Paulo, Rio Branco, donde se destacó como atacante goleador.

El club Sao Paulo, uno de los grandes equipos de Brasil, adquirió luego su "pase" por unos 1,3 millones de dólares, y fue sancionado por la situación ilegal del jugador, incluso bajo la amenaza de pasar a divisiones inferiores del campeonato nacional.

Hiroshi, brasileño de origen japonés, confesó haber alterado el año de su nacimiento, de 1979 a 1980, cuando tenía 14 años de edad, pero asumiendo como suya la decisión. La sospecha es que esté tratando de eximir de culpa a algún adulto.

En medios deportivos se teme que la Federación Internacional de Fútbol Asociado excluya a Brasil de las Olimpíadas del próximo año y de la Copa Mundial de 2002 por la situación irregular de sus jugadores.

México fue suspendido dos años de los torneos internacionales por la presencia de cuatro jugadores con edades falsificadas en un torneo juvenil en 1988.

El caso brasileño es distinto y no hay riesgo de sanción, aseguró el presidene de la CBF, Ricarto Teixeira, argumentando que los fraudes fueron practicados por los propios jugadores, sin ninguna responsabilidad de la institución rectora del fútbol nacional, al contrario de lo que sucedió en México. (FIN/IPS/mo/mj/cr/99

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