PERU: Aprender a vivir con sida

Martha H., técnica textil, enviudó hace un año de un joven ingeniero víctima del sida y ha formado en Perú, con otras 73 mujeres, todas infectadas con el virus de inmunodeficiencia humana (VIH), una asociación femenina de autoayuda.

"Nos hemos organizado para aprender a vivir con el sida, para sobrevivir y soportar la pesadilla que se precipita sobre nosotras cuando descubrimos que tenemos, o podemos tener, el terrible mal, y también para combatir la injusta discriminación contra los enfermos y portadores de sida", explicó Martha.

"Todavía no se me ha declarado la enfermedad, me controlo constantemente y sé que en algún momento daré positivo. Pero ya no me asusta", comentó.

"La idea de tener sida aterra, paraliza. Pero ser positivos no significa morir inmediatamente. La medicina avanza muy rápidamente. Lo que interesa es sobrevivir con la mejor calidad de vida posible, sin desmoralizarnos ni desmoralizar a nuestras familias", agregó.

"Estoy preparada y a través de nuestra asociación ayudo a otras mujeres a prepararse", explicó Martha.

El Frente Nacional de Mujeres Viviendo con VIH/sida, creado por Martha, es uno de los grupos de ayuda mutua promovidos por el Ministerio de Salud de Perú, pero tiene una particularidad que lo distingue: sus asociadas no se limitan a darse aliento recíproco.

En efecto, las integrantres del frente reciben capacitación técnica, para trabajar por cuenta propia o formar microempresas.

"Soy experta textil, con muchos años de experiencia, y decidí ayudar de un modo muy concreto a mujeres que se encuentran en problemas económicos y familiares porque han perdido a su pareja por el sida", dijo Martha.

"Además de estar paralizadas por el pánico, muchas de ellas se encuentran súbitamente desempleadas, porque fueron despedidas al saberse que eran enfermas o portadoras del VIH", informó.

"El trabajo es un buen apoyo en la recuperación emocional, y lo es más aún cuando se ejerce en un grupo humano solidario, con problemas comunes", señaló la psicóloga Elba Nuñez.

La asociación Viviendo con VIH/sida se creó dos meses después de que Martha diera sepultura a su marido y como resultado de una conversación entre cuatro mujeres que esperaban turno en una clínica médica.

Luego, creció con la participación de otras mujeres, enviadas por asistentas sociales de algunos hospitales.

Muchas de las mujeres que pertenecen a Viviendo con sida fueron derivadas de la red de grupos de ayuda mutua de enfermos de sida, creada por Luis Jara, quien al saberse seropositivo decidió abandonar su profesión de ingeniero para concentrarse en la formación de grupos de autoayuda de personas afectadas por el virus.

Esa red lucha también contra la discriminación de los enfermos de sida, y recibe el apoyo de ONUSIDA, el programa de la Organización de las Naciones Unidas para enfrentar esa pandemia.

La red de grupos de ayuda mutua también tiene el respaldo del Ministerio de Salud de Perú y de Vía Libre, una organización no gubernamental.

El primer caso de sida en Perú se conoció en 1983 y, aunque la presencia del mal es baja en comparación con otros países, la cantidad de personas infectadas aumenta rápidamente. En 1996 sólo se habían detectado 3.994 casos y ahora son casi 7.000, de acuerdo con los registros del Ministerio de Salud.

Pero la cantidad real de afectados podría ser muy superior. "Se calcula que 70.000 personas son portadoras del mal, pero aún no lo han desarrollado", advirtió Jorge Sánchez, director del Programa de Control del sida del Ministerio de Salud. Perú tiene 24 millones de habitantes.

Con el respaldo de ONUSIDA, el Ministerio de Salud ha puesto en marcha un programa de prevención para controlar la expansión del virus, uno de cuyos objetivos es conseguir que el mayor número de personas conozca la enfermedad y cómo evitar el contagio.

Noventa y seis por ciento de la población masculina peruana conocen la existencia del sida como una enfermedad de transmisión sexual y de contagio también por el contacto con sangre de una persona infectada, según un informe extraído de la Encuesta Nacional Demográfica y de Salud Familiar de 1996.

Pero otras encuestas revelan que, al mismo tiempo de que muchas personas no emplean preservativo en sus relaciones sexuales con desconocidos, otras no están muy seguras si el contacto físico externo, un apretón de manos, por ejemplo, puede contagiar.

La difusión social de los medios de contagio no solamente ayuda a controlar la propagación del sida, sino que también resulta necesaria para poner fin a la discriminación estigmática, especialmente laboral, de las personas enfermas o portadoras.

"La ignorancia y el terror social han creado una barrera de prejuicios. Muchas de nuestras asociadas fueron despedidas cuando en la empresa en que se desempeñaban se supo que sus parejas habían muerto con sida", comenta Martha.

"Eso es ilegal y el Código Penal establece sanciones contra quienes despidan a una persona enferma o portadora o le nieguen los servicios a los que tiene derecho. Pero en las empresas a veces no se despide, sino que se hostiliza o margina ostensiblemente, para que el trabajador enfermo se vaya voluntariamente", dijo Jara.

"Ni los médicos, que deberían saber como comportarse, reaccionan bien: a mí me negaron asistencia en un hospital estatal donde fui en busca de atención dental porque les informé que soy seropositivo. Tuve que recurrir a la Oficina de la Defensoría del Pueblo" para que me atendieran, aseguró. (FIN/IPS/al/ff/he/98

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