Crisis que se repiten cada vez más seguido y con efectos cada vez más globales evidencian que lo que está en crisis es el propio sistema financiero internacional y que la solución pasa por su reforma, asegura el secretario permanente del Sistema Económico Latinoamericano (SELA), Carlos Moneta.
El fenómeno tiene ya un nombre, por una vez poético y sin efluvios alcohólicos, el "efecto mariposa", y sobre cómo repararse ante su alocado vuelo dialogan este jueves y el viernes en Washington ministros de economía de ocho países de América Latina y las autoridades del Fondo Monetario Internacional (FMI).
"Hay una crisis sistémica del sistema financiero internacional que resulta difícil admitir y, si no se hace, las medidas para solventarla son del tipo parche y no de la restructuración profunda que se requiere", dijo Moneta a IPS en una entrevista en la sede del SELA en la capital venezolana.
"Lo que está pasando en diferentes regiones debe llevar a un análisis de carácter sistémico, porque cada una de las crisis tiene sus especificidades, pero hay un patrón reonocible", añadió el funcionario regional, de nacionalidad argentina.
Las economías de América Latina son vapuleadas estas semanas por el efecto superpuesto de las crisis de Asia y de Rusia, a las que la región "ha resistido muy bien" porque hizo una reforma profunda de su sector financiero desde 1994 y muestra disposición a tomar las medidas necesarias ante cada coyuntura.
"Pero se mueven capitales de dimensiones colosales en segundos y los bancos centrales tienen reservas limitadas", comentó Moneta, para acotar: "Es como defender un fuerte con 20 soldados y que te lleguen 10.000 atacantes".
Cifras difundidas desde mediados de agosto indican que el movimiento total durante una semana de los capitales financieros tiene una dimensión equivalente al producto bruto mundial de un trimestre.
Para Moneta hay que ver los actuales procesos financieros en el amplio marco de la globalización, porque ese sector "es el que más ha avanzado en esa dirección".
La desregulación del sistema para facilitar los movimientos de capital, considerada fundamental dentro de la visión económica predominante para lograr crecimiento y desarrollo, multiplicó las corrientes de inversión, por encima de cualquier otro sector.
Con esos movimientos llegaron inversiones muy constructivas, pero otras de carácter altamente especulativo, frente a las que sistemas bancarios de los países del Sur en desarrollo no están suficientemente preparados, comentó Moneta.
La abrupta desregulación, con sistemas bancarios debiles y mercados de capitales poco desarrollados, da pie a situaciones como que los países pasen a financiar su crecimiento con aportes significativos de capital extranjero, en parte volatil.
Con ese escenario, se observa que las crisis se han acortado. En los años 80 hubo una gran crisis en Europa y en América Latina, seguida por otra en Estados Unidos. A fines de 1994 se tuvo el colapso financiero de México, tres años después empezaron los problemas en Asia y, con ese fuego aún ardiendo, llega la crisis de Rusia.
"Hay un acortamiento en los tiempos y hay un impacto cada vez mayor, por estar los sistemas conectados", dijo Moneta, al subrayar que el contagio afecta tanto al mundo en desarrollo como al industrializado.
La crisis asiática, iniciada en julio de 1997, mostró que el sistema funciona de manera muy imperfecta y con un gran efecto de contagio, "que hay problemas de información, de transparencia y también de análisis de estos fenómenos por los actores", acotó.
Las vicisitudes de Rusia, agrvadas en agosto, evidencian hasta qué punto se genera desconfianza en todos los mercados emergentes del Sur en desarrollo, sin distinguir los débiles de los fuertes y sin tener en cuenta si las economías están conectadas con el lugar donde se prendió la mecha.
La transmisión indirecta de la crisis se da por parte de unos inversores que muestran una actuación "muy poco trabajada y específica" y que actúan bajo la premisa de precaución: si hay un país o una región en desarrollo en problemas, mejor retirarse de todas las plazas emergentes.
"Es un tipo de generalización muy rápida y acrítica" y de ahí que los latinoamericanos sean afectados por lo que sucede en Rusia, cuando en el caso de Asia existen canales de conexión, pero en el de la nación europea no, observó Moneta.
En estas reacciones hay un elemento del que no se ha tomado una conciencia suficiente, según Moneta: la percepción.
Por un lado hay un trabajo técnico por parte de las empresas calificadoras de riesgo y otras entidades, explicó, "pero por otro está esa visión de tipo de pánico, que aunque tenga una base técnica se guía por emociones, por temores, por imágenes fuertes y que no se corresponde con la realidad".
Ese juego aparentemente técnico pero perturbado por variables que no lo son trae como consecuencia que de cualquier crisis se siga acusando a los gobiernos, cuando, por ejemplo, en el caso de Asia las cifras muestran claramente que el que cometió los errores fue el sector privado y el Estado falló en el control.
Otro elemento que marca las crisis es que contar con políticas y situaciones maroeconómicas adecuadas ya no es suficiente para salvarse de ellas, porque los mercados tienen la capacidad de modificar veloz y profundamente esas realidades económicas.
"Hay una transferencia clara del poder de los gobiernos a los mercados y una pérdida de autonomía del Estado para poder controlar y enfrentar estas situaciones", sintetizó Moneta. A eso se suma el hecho de que la alta volatilidad no responde a causas- efectos de riesgo país, sino a variables emotivas y psicológicas.
Para más, las agencias de riesgo y otras entidades de supervisión tienen en ocasiones visiones superficiales y disociaciadas del mapa del mundo.
El contrapeso deberían ser los organismo multilaterales, pero éstos no están preparados para esa tarea, porque no fueron diseñadas para ello, y terminan por imponer fórmulas mecánicas que en ocasiones hay que revisar, con un alto y adicional costo social para los países afectados.
Otro factor que muestra la oleada de crisis es que si bien el retiro de capitales es apresurado e inmediato, la restauración del crédito y de las corrientes de inversión es muy lenta, en un círculo vicioso de esperar una recuperación que requiere el retorno de los flujos financieros.
"El apoyo financiero viene después que pasó el ataque, pero no antes", resumió el jefe del SELA, un organismo de 28 países.
Un elemento más es que el sistema financiero fue diseñado para proteger al inversor, "pero cuando viene el problema se socializa a través de los receptores y los platos rotos los pagan las sociedades", advirtió Moneta.
"Hay un vacío muy claro en la no participación de los recipendiarios en los mecanismos de dirección del sistema", añadió el experto regional en fenómenos de la globalización.
Para Moneta, las olas de crisis llegan a una sóla playa: la de pasar a pensar "sin miedo y con prudencia" en una reforma del sistema financiero mundial que comprenda la supervisión de los capitales, reglas para la concesión de créditos y qué hacer ante las bancarrotas".
Hay muchas fórmulas propuestas, pero lo importante es que "dejar que esto siga sin ningún tipo de supervisión incrementa los riesgos a nivel planetario, porque es evidente que están siendo afectados los propios mercados del Norte y puede suceder en mayor grado".
"Cuanto más tarde se haga, peor va a ser. Es un hecho que hay intereses brutales en juego, pero mientras se siga con el manejo de ni si ni no, viviremos en medio de fuegos con bomberos corriendo detrás y con resultados parciales", concluyó. (FIN/IPS/eg/ff/if/98


