El presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, se reunirá esta semana con los líderes máximos de Israel y Palestina en la Casa Blanca, pero sin posibilidades de lograr grandes avances en el estancado proceso de paz de Medio Oriente.
Clinton se reunirá este martes con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y este jueves con el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Yasser Arafat.
El mandatario estadounidense está, al parecer, resignado a que Netanyahu no anuncie un retiro significativo de tropas israelíes de Cisjordania y una interrupción en la construcción de viviendas por parte de los colonos judíos en territorios ocupados.
El primer ministro de Israel se está sentando más cerca de la línea dura de su gobierno como consecuencia de las últimas defecciones de ministros más moderados.
"Esto será un ejercicio para limitar los daños", dijo sobre las reuniones de esta semana Geoffrey Kemp, experto en cuestiones de Medio Oriente del Centro Nixon para la Paz y la Libertad.
Otros analistas creen que Netanyahu podría ofrecer un modesto retiro israelí de Cisjordania y la aprobación de un nuevo centro industrial y un aeropuerto en Gaza. A cambio, reclamaría negociar de inmediato el "estatuto final" de Palestina sin que se efectúe el retiro de tropas previsto para mediados de año.
"La cuestión esta semana depende mucho de la posición de Arafat frente a las propuestas de Netanyahu", dijo Mark Rosenblum, presidente de Estadounidenses por Paz Ahora.
El líder palestino podría aceptar las iniciativas israelíes si cree que el opositor Partido Laborista tiene pocas posibilidades de alcanzar el gobierno en los próximos años, según Rosenblum.
El Departamento de Estado (cancillería) de Estados Unidos tiene pocas expectativas, ocupado en estos días con la crisis financiera en Asia y el conflicto entre el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y el presidente de Iraq, Saddam Hussein.
Pero fue la anterior crisis con Iraq en noviembre lo que convenció al gobierno de Clinton de que el atolladero en que se vio el proceso de paz en Medio Oriente dejó en entredicho la fuerza de Estados Unidos frente al mundo árabe.
Esta constatación impulsó a Washington a distanciarse entonces de Netanyahu. Clinton resolvió no reunirse con el líder israelí cuando éste viajó a Washington en noviembre. Además, enfatizó en la necesidad de que se tomaran "decisiones fuertes y urgentes" para salvar el proceso de paz.
Pero Netanyahu no ha respondido, a pesar de que la secretaria de Estado (canciller) de Estados Unidos, Madeleine Albright, le conminó a elaborar un plan para un retiro israelí de Cisjordania "significativo y creíble" antes del 17 de diciembre.
La crisis política interna en el partido oficialista Likud ha hecho aun más difícil para el primer ministro asumir compromisos importantes.
El canciller David Levi, de tendencia moderada en cuestiones de paz, renunció a comienzos de enero, lo que redujo la mayoría del Likud en el parlamento (Knesset) a 61 votos contra 59 opositores.
La partida de Levi generó especulaciones sobre eventuales elecciones adelantadas o la constitución de un gobierno de unidad nacional con el opositor Partido Laborista, pero fortaleció la influencia de los "halcones" antipalestinos, como el ministro de Vivienda, Ariel Sharon.
A lo largo de varias reuniones, el gabinete israelí formuló la posición de línea dura que Netanyahu llevará a Washington.
El primer ministro explicará a Clinton su propuesta, según la cual el próximo retiro de tropas israelíes de Cisjordania, que debió haber ocurrido el pasado otoño boreal, se condicionará a que los palestinos cumplan con 50 acuerdos "violados".
En ese sentido, Israel exige la reducción a la mitad de la policía palestina, la extradición de tres docenas de prisioneros y enmiendas a buena parte de la Carta Nacional (constitución).
Al mismo tiempo, reclama "zonas de amortiguación" a cada lado de Cisjordania, los asentamientos judíos, caminos y el área que circunda Jerusalén, que sumadas alcanzarían 60 por ciento del territorio.
Era previsible que la Autoridad Nacional Palestina rechazara esas condiciones y exigiera a Washington a hacer lo mismo. Clinton debería "decirle a Netanyahu que ya basta, porque de otro modo lo único que quedará del proceso de paz serán recuerdos", dijo Saeb Erekat, jefe de negociadores de Arafat.
Es posible que Washington presente un plan que incluya un importante retiro israelí, la interrupción de la construcción de asentamientos y la implementación de un plan conjunto de seguridad ya elaborado por ambos bandos y la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA).
"Clinton ha evitado cualquier enfrentamiento con Israel, pero la formulación de un plan estadounidense es una de las posibilidades", dijo Jerome Seagal, del Grupo de Presión de Judíos por la Paz de Estados Unidos.
Netanyahu tendría dificultades para rechazar un plan de ese tipo debido a sus propia debilidad política, en especial si Washington amenaza con retirarse de las negociaciones si el gobierno de Israel no reacciona, sostuvo Segal.
Kemp, director de Asuntos de Medio Oriente en el Consejo de Seguridad Nacional durante el gobierno de Ronald Reagan, también duda de la voluntad de Cinton de asumir esa posición.
"Al gobierno le encantaría un cambio de mando en Israel, pero más que nada quieren un gobierno fuerte pues, como hemos visto en el pasado, solo de ese modo puede alcanzarse la paz", agregó el experto. (FIN/IPS/tra-en/jl/mj/ip/98


