El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, no dirá lo que el presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, quiere oir, cuando ambos gobernantes se reúnan este martes en Washington.
Netanyahu no revelará a Clinton ninguna cifra sobre el próximo retiro de tropas de Cisjordania por la sencilla razón de que su gabinete, con un creciente predominio de la derecha religiosa, evitó el domingo tomar una decisión al respecto.
El gobierno de Estados Unidos presiona hace meses al de Israel para que presente un plan "creíble" de cesión de territorio a la Autoridad Nacional Palestina (ANP), en cumplimiento de los acuerdos de paz de Oslo. Además, reclama la "suspensión" de la construcción de asentamientos judíos.
La secretaria de Estado (canciller) de Estados Unidos, Madeleine Albright, exigió en reiteradas oportunidades otras concesiones israelíes, entre ellas la instalación de un puerto en el mar Mediterráneo y un aeropuerto en Gaza y un pasaje que permita el tránsito de palestinos entre Cisjordania y Gaza.
Clinton confiaba en que podría esgrimir algunas concesiones de Netanyahu cuando se reúna este jueves con el líder palestino Yasser Arafat, a quien le reclamará mayor cooperación con Israel en materia de seguridad y represión eficaz contra los militantes islámicos.
Pero el gabinete de línea dura de Netanyahu evitó el domingo establecer de cuánto territorio se retiraría su ejército en la próxima instancia, con la intención aparente de impedir que se produzca un acuerdo en Washington esta semana.
"Fue una decisión del primer ministro desde el comienzo no establecer ningún porcentaje de antemano. El primer ministro no puede ir a negociar con esas limitaciones", dijo el viceministro de Defensa, Silvan Shalom, a Radio Israel.
Un "techo" a la cesión de territorios a la ANP se establecerá después de que Netanyahu retorne de su reunión con Clinton, según un comunicado emitido por el gabinete.
Los ministros habían redactado a comienzos de la semana pasada 12 páginas de condiciones a un eventual retiro "limitado" de tropas.
El gabinete identificó el miércoles ocho áreas con escasa delimitación a las que consideró vitales para los "intereses nacionales" de Israel, entre ellas "zonas de seguridad" en los flancos oriental y occidental de Cisjordania, carreteras, asentamientos judíos y fuentes de agua.
Este anuncio tomó a Estados Unidos y a los palestinos por sorpresa. Funcionarios de Washington afirmaron que estas decisiones "no ayudan".
Los israelíes "ponen todos los obstáculos antes de ir a Washington, mientras nosotros procuramos que surja algo concreto de estas reuniones", dijo Arafat, quien se reunirá con Clinton este jueves, dos días después que Netanyahu.
El rey Hussein de Jordania pidió a Israel que no regresara a lo que denominó una "mentalidad de fortaleza". El periodista Chemi Shalev, del diario Maariv, sostuvo que las demandas del gabinete son "engorrosas y provocativas".
"Quienquiera que elabore un documento en el que figuren 50 violaciones (de acuerdos previos) no tiene intenciones de vivir con el otro con felicidad y armonía, sino de divorciarse", dijo Shalev.
Las decisiones del gabinete israelí colocan a Arafat en la difícil posición de defender un acuerdo del que la mayoría de los palestinos afirman que no satisface sus necesidades más básicas.
Arafat tendrá dificultades para cumplir los reclamos israelíes, como la extradición de sospechosos de actos terroristas.
Los palestinos cumplieron en diciembre con la sugerencia de Washington de establecer en conjunto con Israel y la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos un plan de seguridad en el entendido de que luego se concretarían nuevos retiros de tropas.
Pero, por el contrario, Netanyahu se negó a firmar el documento porque en él se exigía al gobierno de Israel dominar a sus propios extremistas.
El gobierno de Clinton procura que un retiro de tropas israelíes de entre 10 y 15 por ciento del territorio de Cisjordania restaure las negociaciones, interrumpidas hace diez meses.
Washington procura respaldo árabe en el Golfo frente a Iraq, pero no puede exigir a Bagdad el cumplimiento por parte de Bagdad de las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas mientras permite que Israel viole las que establecen el retiro de los territorios ocupados en 1967.
Una encuesta reveló este mes que tres de cada cuatro judíos estadounidenses quieren que Israel decida lo que hará en las negociaciones con los palestinos sin presión de Washington. En la misma proporción sostuvieron que Clinton obró mal cuando se negó a recibir a Netanyahu en su última visita en noviembre.
"Quizás Clinton pretenda conservar votos judíos, pero si presiona a Israel puede cosechar los beneficios en seis meses", dijo el analista israelí Reuven Hazan.
La posibilidad de que Netanyahu decidiera un retiro de tropas significativo de Cisjordania quedó reducida al mínimo tras la renuncia la semana pasada del ministro de Relaciones Exteriores David Levy, de tendencia moderada y favorable a las negociaciones con los palestinos.
Netanyahu depende ahora de una coalición de "halcones" que se niegan a ceder territorio a los palestinos. Pero esa coalición no parece reflejar el estado de la opinión pública israelí, pues la mayoría pretende mantener con vida el proceso de paz.
"Si el proceso de paz muere, la ciudadanía israelí se volverá contra Netanyahu. Estamos hablando de 10 o 15 por ciento de Cisjordania, y la mayoría está a favor de entregar eso aunque no está reflejada en la coalición", afirmó Hazan. (FIN/IPS/tra- en/dho/mom/rj/mj/ip/98


