FILIPINAS: Elecciones y crisis financiera ensombrecen el futuro

Filipinas sobrevivió los efectos de la turbulencia financiera de Asia con escasos daños, mientras su economía ganó la fortaleza de un crecimiento sólido logrado en los últimos cinco años. Pero las perspectivas no son promisorias.

Este nuevo año promete mayor inseguridad, mientras los filipinos vigilan nerviosos su moneda, el peso, la cual, tras mantenerse estable en noviembre, tuvo una fuerte caída en diciembre del año pasado.

Desde el comienzo de la crisis monetaria en el este de Asia en julio y hasta mediados de diciembre, el peso perdió más de 30 por ciento de su valor frente al dólar.

El peso más débil ya está empujando al alza el costo de las importaciones, haciendo que los empresarios reduzcan la producción y las estimaciones de sus ganancias, y forzando al gobierno a cortar los desembolsos de capital, mientras los economistas reducen los pronósticos del crecimiento económico.

La inestabilidad monetaria y la falta de certezas sobre el panorama económico asitático llevó al gobierno a acordar un recurso de precaución con el Fondo Monetario Internacional (FMI), incluso después que se "gradúe" de los programas del fondo en los próximos meses, tras más de 30 años bajo su tutela.

Las amenazas a la economía se producen en un momento poco propicio para ocuparse de ellas, con elecciones que en mayo deberán designar un sucesor del presidente Fidel Ramos, obligado por la constitución a un único término.

Las elecciones ya prometen ser una muy concurrida fiesta política. Al menos seis aspirantes se preparan para la carrera electoral, y las calles de Manila están cubiertas con propaganda política, antes del inicio del período formal de la campaña.

"¿Cuál es el mayor problema que tenemos ahora? La economía, pero ¿se ve a alguien hablando en serio sobre el tema?", cuestionó un empresario.

Un estudio de un grupo de consultores de inversión reveló la última semana de diciembre creciente preocupación entre el sector empresarial sobre el liderazgo económico del próximo presidente, dadas las predicciones de que la caída económica de Asia durará varios años.

A Ramos se atribuye liderar la economía filipina a una impresionante recuperación durante su mandato, en el cual del producto interno bruto (PIB) creció de 2,1 por ciento anual en 1992 a 5,5 por ciento en 1996. En 1997, la tendencia ascendente se redujo debido a los problemas monetarios asiáticos.

Al igual que los vecinos, Filipinas se vio forzada a reducir sus proyecciones de crecimiento para este año y el siguiente, en anticipación de menores flujos de capital y una actitud cautelosa entre los inversores debido a las elecciones presidenciales.

El gobierno estimó que el PIB crecerá cinco por ciento en 1997 y 4 por ciento este año, mientras analistas independientes más drásticos y prevén cuatro por ciento el año pasado y tres por ciento en 1998.

De todos modos, se trata de cifras de crecimiento considerables, especialmente en momentos en que la recesión se pronostica para países como Tailandia e Indonesia.

Y a diferencia de otros países aisáticos, no hay bancos en quiebra ni firmas financieras que rescatar, y tampoco un colapso de gran escala del sector financiero.

Hasta la caída del peso de diciembre, que ocurrió junto a monedas asiáticas tras la devaluación del won sudcoreano, analistas y publicaciones extranjeras afirmaban que Filipinas podría salir de la crisis regional en buenas condiciones.

Ahora, muchos empresarios indican que la forma en que se desarrolle la crisis asiática en el primer trimestre de 1998 jugará un papel clave en las perspectivas económicas del año.

Sin embargo, autoridades de gobierno confían en que las reformas de los últimos años, incluyendo la disolución de poderosos monopolios, den a la economía una base firme.

Una encuesta de 37 firmas multinacionales en Filipinas hecha por la Unidad de Inteligencia Económica (EIU), con sede en Londres, reveló optimismo sobre las perspectivas de largo plazo para el país.

Pero muchos encuestados dijeron estar "preocupados" por los resultados de las encuestas de mayo y la "continuidad de las políticas y reformas bajo la nueva dirigencia", dijo Peter Wallace, presidente de oficina de EIU en Manila.

Por ahora, los filipinos deben vivir con las consecuencias del caos financiero asiático. A fin de diciembre, manufactureros locales dijeron que la caída del peso volvió más caras las importaciones, ahorcando las ganancias y forzando cortes cuyos impactos se sentirán tras el fin de la estación festiva de fin de año.

Raul Concepción, presidente de la Federación de Industrias Filipinas, dijo que las firmas manufactureras redujeron la importación de materias primas entre 25 y 40 por ciento, a la luz de la devaluación del peso.

Además, estimó que los despidos en el sector manufacturero afectarían a unos 10.000 trabajadores a partir del año próximo.

Esto provocó protestas de sindicalistas, quienes quieren un aumento salarial para hacer frente a los crecientes precios.

"Deberían pensar 100 veces antes de hacerlo, ya que sólo empobrecerían a los ya hambrientos trabajadores y amenazarían la estabilidad social", dijo a un diario local el líder laboral Cedric Balagtas. (FIN/IPS/tra-en/js/ral/lp/if-ip/97

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