CUBA: Castro y el Papa unidos contra la globalización capitalista

El mensaje que brindará el papa Juan Pablo II en Cuba es una incógnita. Ni siquiera sus colaboradores más cercanos saben de qué hablará, pues él insistió en redactar a solas las homilías para la visita más cubierta por los medios de comunicación que haya efectuado.

Lo único que se sabe es que, diga lo que diga el Papa cuando llegue el miércoles a Cuba, la aldea mundial lo sabrá en vivo y en directo.

La revolución cubana no había sido sometida en sus cuatro décadas a tal escrutinio de los medios de comunicación internacionales, ni siquiera cuando Fidel Castro tomó el poder en 1959 o cuando ocurrió la crisis de los misiles con Estados Unidos en 1962.

La cantidad de periodistas extranjeros que acudirán a La Habana es impresionante. Las cadenas estadounidenses de televisión ABC, CBS, CNN, Fox y NBC contrataron un barco para transportar camiones, generadores y antenas satelitales que necesitarán más de 2.000 periodistas.

Hasta diciembre, solo el consulado de Gran Bretaña había tramitado 120 solicitudes de visa.

"Vamos a presentar (la visita papal) como la batalla de dos titanes del siglo XX. ¿Cómo podrá Fidel sobrevivir a la visita del hombre que derrocó al comunismo en Europa?", se preguntó un director de un medio estadounidense, citado en el semanario católico The Tablet.

"La visita del Papa siempre provoca magia y energía. Sus viajes a Haití, Filipinas y Polonia marcaron el comienzo del fin de brutales regímenes de gobierno", declaró el obispo estadounidense Thomas Wensky al diario The Miami Herald.

Quedan dudas sobre la exactitud de esta opinión y si Castro habrá de poner en juego el futuro de la revolución.

Es así que surge la pregunta sobre qué se oculta detrás de este aparente final de carrera para un líder comunista que resistió a ocho presidentes de Estados Unidos, el país más poderoso de la historia.

De hecho, los riesgos para la revolución no son tan grandes. La estabilidad política de Cuba es mayor de lo que consideran la mayoría de los corresponsales extranjeros. Más de 98 por ciento del electorado participó en las elecciones para la nueva Asamblea Nacional el 11 de este mes.

El último congreso del Partido Comunista reafirmó el liderazgo de Castro y se congratuló de que, a pesar de las dificultades económicas de los últimos años, su número de afiliados está creciendo. El grupo político cuenta con 780.000 miembros, 20 por ciento de la población adulta activa.

En un mensaje a la nación antes de Navidad, Castro pareció despreocupado por la visita del Papa. "Será un éxito. Estoy seguro, porque hicimos todo lo posible para que sea un éxito. Le mostraremos al mundo la hospitalidad del pueblo cubano", dijo.

Las autoridades permitieron el ingreso de barcos especiales cargados de católicos de Estados Unidos, espacios en televisión para cubrir las misas y el empleo de la mitad de la flota de transporte para trasladar a los cubanos a ver al Papa.

El líder religioso hablará en la Plaza de la Revolución. "Es como si el Papa invitara a Fidel a hablar desde su balcón en el Vaticano y le pagara a los romanos para que fueran a escuchar su discurso", manifestó un cubano.

Lo más significativo es que, en 39 años de revolución, ésta será la primera vez que los cubanos vean a Castro tomar un lugar secundario frente a un visitante.

Cuando el Papa diga sus cuatro misas, hablará solo ante el pueblo. Ni siquiera los líderes soviéticos Mijail Gorbachov y Nikita Jrushov, o el presidente sudafricano Nelson Mandela, pudieron ofrecer sus discursos sin que Castro estuviera a su lado.

"Sin Cristo no hay liberación", reza un cartel que se pudo ver en las misas de ensayo y que extrae palabras del propio Papa.

"Ser cristiano sin ser revolucionario es un pecado mortal" es la frase del cura izquierdista colombiano Camilo Torres que se lee, a modo de réplica, en camisetas puestas a la venta en las tiendas.

Las dos consignas generan interrogantes sobre la posible unión de fuerzas del Papa y Castro o la posibilidad de que la visita anuncie una histórica alianza contra la globalización del capitalismo, detestado por ambos líderes, veteranos de la guerra fría.

Los comunistas cubanos desean que eso sea lo que ocurra.

"No creemos que el Papa emita declaraciones directas sobre Cuba. El sabe que su visita es resultado de un largo proceso de acercamiento y que no sería del interés de nadie que ponga en peligro las relaciones construidas con tanto esfuerzo", señaló Teresa Trujillo, de la sección internacional del partido.

"Es más probable que el Papa reitere su condena del neoliberalismo y el bloqueo de Estados Unidos, algo denunciado por sus propios obispos en Cuba", opinó Trujillo.

El acercamiento comenzó en 1979, cuando la iglesia cubana pasó de la oposición declarada a la coexistencia pacífica. En 1986, se pronunció contra el embargo comercial de Estados Unidos, posición que mantiene desde entonces.

En respuesta, el partido llegó a confiar en los católicos. Ese proceso comenzó con la revolución sandinista en 1979, cuando miles de comunistas cubanos fueron a Nicaragua para colaborar con la reconstrucción del país y se encontraron con cristianos que compartían muchas de sus ideas.

Fue la demostración de lo que Castro había dicho años atrás. "No hay contradicción entre el cristianismo y el comunismo", sostuvo en 1971, cuando visitó al entonces presidente de Chile, el socialista Salvador Allende.

El comunismo europeo fue derrotado por la fe de los católicos en Polonia, pero el Partido Comunista de Cuba ya estaba listo para aceptar a los cristianos en sus filas en 1990, cuando la Unión Soviética se derrumbó.

"Fue toda una batalla convencer a los camaradas de aceptar que teníamos que ponerle fin a esa discriminación", dijo Castro. El cuarto congreso del partido admitió en 1991 la afiliación de los creyentes y, un año después, se modificó la Constitución y el Estado pasó de ser ateo a secular.

En cierto sentido, el Papa estará empujando una puerta ya abierta con su visita. Los católicos se encuentran en el partido y en el parlamento. Lo que queda es multiplicar lo que sigue siendo una base popular muy pequeña.

Los católicos afirman que las dificultades económicas reforzaron la popularidad de la Iglesia, pero las autoridades religiosas reconocen que solo dos por ciento de la población es creyente.

Es seguro que las plazas estarán llenas, pero de fieles revolucionarios, trasladados por los Comités para la Defensa de la Revolución con el fin de "darle la bienvenida al Papa". Al darle una cálida recepción a Juan Pablo II, los cubanos le mostrarán al mundo que no desean estar aislados.

Castro desea romper con el aislamiento impuesto por el embargo de Washington, lo que resulta evidente por su alegría ante la visita del Papa.

El líder cubano dijo en diciembre que se sentía reconfortado al saber lo irritados que estaban sus enemigos con la visita papal y afirmó que muchos líderes le habían asegurado haber sido presionados por Estados Unidos para no aceptar la invitación cubana de asistir a las misas de Juan Pablo II.

Pero "no pueden intimidar al Papa", declaró Castro.

(*) Steve Wilkinson es director de la revista mensual sobre asuntos cubanos, CubaSi, publicada en Londres. (FIN/IPS/tra-en/sw/mg/rj/aq-mj/ip cr/98

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