En Cuba no se habla de otra cosa. La llegada este miércoles del Papa Juan Pablo II desplazó del debate público las carencias diarias, los chismes de la farándula y hasta el exilio de una estrella del béisbol.
"Todo va a ser mejor", opina Ramón González, un trabajador por cuenta propia que no sabe definir si lo que se vive por estos día en la isla del Caribe es euforia, alegría, o, sencillamente, mucha esperanza.
"Lo único que falta es lanzar una convocatoria pública que en lugar de decir 'a la plaza con Fidel' diga 'a la plaza con el Papa", comenta en la parada de un ómnibus una mujer de 51 años, militante del Partido Comunista de Cuba (PCC).
"La plaza se iba a llenar de todas maneras", dice.
Miles de habaneros y la mayoría de los turistas que llegan en estos días a la capital de Cuba pasan por la Plaza de la Revolución, escenario de los más importantes discursos del presidente Fidel Castro en los últimos 39 años.
Allí, entre el monumento al héroe nacional José Martí y la monumental imagen del guerrilero Ernesto Che Guevara, se levanta el Cristo crucificado junto al cual Juan Pablo II oficiará la última de sus cuatro misas en este país, el domingo.
Contrario a las especulaciones que aseguraron que el gobierno de Fidel Castro haría todo lo posible por impedir la visita del Santo Padre, las autoridades dieron luz verde este mes a una ofensiva sin precedentes en este país.
Para sorpresa de muchos en la isla, Castro en persona presentó ante las cámaras de la televisión una imagen del Papa como "ángel de los pobres" y convocó a los cubanos a asistir a las misas del Santo Padre.
El semanario Trabajadores, órgano de la central sindical, anunció este lunes que cesarán las actividades laborales en coincidencia con la bienvenida y las misas del Papa, manteniéndose el pago del salario correspondiente por esas jornadas.
El periódico publica también el esquema de la ruta que recorrerá el pontífice el día de su llegada y las orientaciones para "el recibimiento popular", incluyendo un área de movilización para cada municipio de la capital.
"Debemos darle un gran recibimiento al Papa con la participación de todo el pueblo, católicos y no católicos, creyentes y no creyentes", dijo Castro el día 16 enfatizando su opinión de que el viaje número 81 de Juan Pablo II tiene que ser "el mejor".
"Nunca ha venido un Papa a Cuba y nunca más vendrá. Por supuesto que voy a ir a la plaza", dijo una funcionaria de un organismo central del Estado y reconoció que como militante del PCC le orientaron que debería asistir.
Si dos amigos se encuentran en la calle no puede faltar la pregunta: ¿ya oiíte el último chiste del Papa?
Los cubanos, acostumbrados a reírse hasta de las peores desgracias, empezaron a producir chistes donde el Papa es Dios, Castro el demonio, y Cuba se identifica con "un pueblo que vive de milagro".
"Yo no creo que porque viene el Papa se acabe la crisis, pero sí creo que todo tiene que ser mejor, que las personas vamos a ser mejores", comenta Yanelis Gómez, una joven católica de 18 años que dedicó la tarde del domingo a distribuir carteles de bienvenida a Juan Pablo II.
En el otro extremo, un joven de 17 años aspira que "el Papa acabe con el bloqueo (de Estados Unidos) a ver si mejoramos" y enumera sus ansias insatisfechas de "buena ropa, equipo de música y más lugares para divertirse".
Las opiniones sobre el impacto de la visita a la isla van desde el "no pasará absolutamente nada" al muy esperanzador "nada será igual". Pero, de un extremo al otro, la mayoría de las personas parecen coincidir en que el Papa no constituirá un peligro para el sistema socialista en la isla.
Para Elizardo Sánchez, líder de la opositora Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación, "de esta visita no se derivarán milagros. La situación es muy complicada".
Aún así espera que el gobierno "aproveche el reconocimiento y apoyo político que se deriva de este acontecimiento para emprender transformaciones graduales que saquen al país de la actual situación de crisis".
El investigador de temas religiosos Aurelio Alonso opina que la visita servirá a la Iglesia Católica para afianzar su papel institucional y será, de hecho, una promoción sin precedentes en este país del cristianismo.
Por su parte, el cardenal Jaime Ortega enfatiza la imagen de la visita papal como un evento pastoral y, al mismo tiempo, ve el futuro de la Iglesia católica en Cuba como "una esperanza que llevará al país por caminos insospechados".
"Pase lo que pase, en estos meses ganamos en algo que es difícil volver atrás, ganamos en tolerancia", dijo el trovador Jorge García. "Si no hay otro, ese sería un gran saldo de la visita del Papa a Cuba", señaló. (FIN/IPS/da/dg/ip-cr/98


