En Costa Rica hasta el estado de ánimo está en recesión. La gente perdió su optimismo, y difícilmente pueda escucharse una conversación optimista en un autobus, en la calle o en cualquier restaurante.
"Esto no lo arregla ni el médico chino" es una frase típica. Y es que la población de Costa Rica está sufriendo un mal crónico: la desesperanza.
No es un problema nuevo, pero está cobrando grandes proporciones y está sumiendo a la población en el letargo y la indiferencia, porque asume que el país padece una enfermedad incurable.
La población vive entre rejas, teme salir a la calle y cada día aumenta el número, según las encuestas, de los que no creen en nada.
"?Viste qué interesante ese proyecto que tiene el gobierno para electrificar el transporte en San José?, pregunta a su vecino de asiento un pasajero de un autobus del transporte urbano.
"Yo a eso no le veo futuro, nunca se va a hacer, y si lo hacen es porque quién sabe cuánto se están ganando en comisiones", responde el interrogado. El diálogo deriva, irremediablemente, hacia un tono sombrío para concluir, con razón o sin ella, que todo anda mal.
El pesimismo que sufre la población está ligado a los momentos de transformación social, económica y política que vive el país y que provocan "cambios profundos en nuestro modelo de convivencia y sociedad", opinan expertos de la Universidad de Costa Rica que analizaron el comportamiento social del momento.
Nora Garita, una de las sociólogas involucradas en la investigación, señaló que los desencantos se reflejan incluso en las somatizaciones.
Según una encuesta realizada por los investigadores en agosto, un mes antes del sondeo, 42 por ciento de la población padecía de tristeza, 40 por ciento de migraña, 38 por ciento de dolor de espalda, 40 por ciento de nerviosismo, 29 por ciento de problemas digestivos y 24 por ciento de imsomnio.
El costarricense medio se enfrenta a una disminución real de su capacidad de consumo que se ha traducido en una contracción de la demanda. Muestra de ello es que la producción industrial creció en cinco por ciento en el primer trimestre de 1995, pero para igual período de 1996 decreció en tres por ciento.
Un estudio realizado por la estatal Universidad Nacional determinó que actualmente un millón de personas vive en condiciones de pobreza y de pobreza extrema, del total de 3,5 millones de habitantes que tiene el país.
?A qué se debe esta situación general de descontento? Las causas tienen, fundamentalmente, tres orígenes: la política, la economía y la violencia.
El desencanto con la situación política tiene que ver con la pérdida de credibilidad en el sistema democrático, en los políticos y los poderes del Estado.
El 53 por ciento de los entrevistados en la encuesta universitaria considera que no se puede tener confianza en la justicia, 73 por ciento opinó que los diputados legislan en beneficio propio y 82 por ciento asegura que la propaganda del gobierno engaña al pueblo.
A un año y cinco meses de las próximas elecciones generales, 88 por ciento de los encuestados opinó que las promesas de campaña son una estafa, que la política actual del gobierno aumenta la pobreza (84 por ciento) y que el presidente José María Figueres es incapaz de gobernar (60 por ciento).
En el plano económico, la decepción y el derrotismo andan en rangos similares.
El 61 por ciento aseguró que el país no está preparado para la apertura comercial, 78,8 por ciento auguró que la pequeña empresa desaparecerá y 65 por ciento opinó que Costa Rica está en desventaja para ingresar al Tratado de Libre Comercio de América del Norte.
Práctimente 80 por ciento de los consultados opinó que el país está empeorando. Esta respuesta, a juicio de los investigadores, resume "el espíritu de dudas y desencantos en que está sumido el costarricense".
Si bien en 1995 Costa Rica tuvo por primera vez una balanza comercial positiva -con 3.427 millones de dólares en exportaciones (incluyendo turismo y zonas francas) y 3.267 millones de dólares en importaciones-, la producción del país está decreciendo.
Para 1996 se esperaba un aumento del producto interno bruto (PIB) de 2,5 por ciento, pero las nuevas proyecciones lo estiman apenas en uno o 1,5 por ciento.
Jorge Poltronieri, matemático que participó en el trabajo, señaló que del estudio se desprende que hay un sentir general de que la acción del gobierno ha sido devastadora en esta sociedad y que ya la gente no cree en los políticos ni en las instituciones.
"Estamos en un impasse sin precedentes en la historia costarricense", indicó.
El desencanto ha repercutido en la afiliación a los partidos políticos, porque 35 por ciento de la población, según las proyecciones de la encuesta, dice no sentirse cercana a ningúna agrupación política.
Para Víctor Ramírez, un analista político, un país es como un "hogar enorme, y por lo tanto requiere de una mano que lo guíe", que sea ejemplo y ejerza liderazgo.
Además, opinó Ramírez en una entrevista con el diario La Nación, la felicidad de los habitantes de un país, como la de un hogar, no depende tanto de los bienes materiales sino del diálogo, la comunicación y la comprensión.
"Las personas tienen como principal fuerza impulsora la búsqueda de su propio interés. Aquí y ahora. Interesa la familia, el salario, el empleo, la seguridad, el barrio, la basura frente a la casa", dijo, para explicar que los grandes asuntos nacionales son abstracciones para la mayoría de los ciudadanos.
"?Qué ocurre en Costa Rica?, ¿por qué andamos todos deprimidos?, ¿por qué estamos todos tristes?". La respuesta la dio el mismo Ramírez: "porque la recesión no sólo es económica, sino también sicológica".
Ramírez considera que uno de los males de Costa Rica es la abundancia de tecnócratas dentro de la clase gobernante, que ni siquiera saben qué es la democracia.
Estos tecnócratas, a su juicio, no se explican que la gente vea el panorama del país sombrío cuando las exportaciones suben, las importaciones bajan y hay un buen nivel de reservas monetarias.
Para el experto, la respuesta es sencilla: "los números dan, pero la ecuación social y espiritual no cierra".
El desencanto no se aplaca tampoco con la comparación con la realidad más cercana. Con respecto al resto de Centroamérica, si bien Costa Rica es el país con mejores indicadores económicos y sociales, muestra ahora un menor ritmo de crecimiento.
En 1995 el PIB de esta nación creció 2,5 por ciento, en tanto el resto de los centroamericanos experimentó un crecimiento de 4,3 por ciento, en promedio.
La construcción, uno de los indicadores más importantes en el análisis económico, descendió en Costa Rica 12 por ciento ese mismo año, mientras en Nicaragua creció 16,3 por ciento, en El Salvador seis por ciento, en Guatemala ocho por ciento y en Honduras decreció 2,2 por ciento. (FIN/IPS/mso/jc/pr/96


