El fútbol es el deporte más popular de Argentina, pero por ahora las mujeres sólo pueden disfrutarlo desde la tribuna. Al menos esa fue la primera reacción de los dirigentes ante una joven de sobradas calificaciones para ser árbitro de primera división.
Se llama Florencia Romano, tiene 25 años, y uno de los dos mejores promedios de la asociació de árbitros del sindicato.
"Esto es profundamente transgresor, porque ella irrumpió de manera abrupta en un reducto masculino por excelencia en este país, y no para asumir un rol subalterno sino para 'dirigir' a hombres, y que ellos acaten sus decisiones", dijo a IPS Cecilia Lipszyc, una dirigente feminista.
"Nos complace plenamente la enorme presión de los medios de comunicación, que sacaron este tema en primeras planas, porque demuestra que nuestra prédica está logrando sensibilizar a la sociedad y que esta vez no tuvimos que escuchar debates biologicistas sobre las imposibilidades de la mujer", agregó.
En Argentina, las Fuerzas Armadas y el fútbol fueron siempre ámbitos de fraternidad masculina. Pero desde su incorporación a la carrera militar hace pocos años, las mujeres podrán llegar a ser generales del Ejército, y ahora puede ser que irrumpan en el reducto deportivo en lugares de toma de decisión.
Florencia cursa la carrera de arquitectura pero desde niña se sintió atraída por el fútbol y, con el cabello corto y simulando ser varón, jugó como arquera (portera) en un club donde consiguió la complicidad del entrenador, quien tampoco tenía un reemplazo mejor para evitar una goleada.
En 1992 egresó como árbitro de la escuela de su provincia, la norteña Tucumán, donde dirigió 450 partidos de categorías inferiores.
Pero le impidieron ser juez de primera y entonces viajó a Buenos Aires, donde hizo el curso del Sindicato de Arbitros Deportivos de Argentina y se recibió con el segundo mejor promedio.
Cansada de esperar que la Asociación de Fútbol Argentina la convoque para dirigir un partido de primera, decidió enviar una carta documento a su presidente, Julio Grondona. Allí preguntó si su condición de mujer era un obstáculo y no tuvo respuesta.
Su abogado, Rodolfo Spiner, consultó a Grondona, y el titular de la Asociación de Fútbol Argentino le dijo que no era "sensato" que una mujer dirija fútbol masculino, que esperara a que el fútbol femenino tuviera más popularidad y que no era posible construír un vestuario en cada estadio sólo para ella.
La tenacidad de Romano hizo que el tema llegara a los medios periodísticos y en pocos días Grondona fue citado por la Cámara de Diputados. Allí, el presidente manifestó voluntad de aceptar a la mujer árbitro, una vez que homologue sus títulos con un nuevo curso que se dicta en la asociación.
"Es fantástico que esta joven llegue a ser árbitro en un medio tan machista y cerrado como el fútbol, eso va a dar gran impulso a las mujeres que juegan ese deporte sin respaldo de la asociación", dijo a IPS Adolfina Janson, socióloga del deporte.
Janson señaló que en algunos países europeos el fútbol femenino avanza, pero aquí no sólo no logra poyo económico para promocionarse sino que los directores técnicos son hombres, los árbitros son hombres y los representantes del fútbol femenino en la asociación también lo son.
Tanto para el caso de las jugadoras como el de la mujer- árbitro, Lipszyc comentó que deben mostrar "mejores calificaciones que los hombres". Las jugadoras no aprenden en forma "natural" como Diego Maradona y tantos otros que dieron sus primeras patadas a la pelota en un terreno baldío.
"Las mujeres van a las escuelas de fútbol, y las que quieren ser jueces hacen todos los cursos y más también, porque si a un hombre se le permite una calificación de siete puntos a una mujer se le exigen 10, y cuando lo logra se interponen excusas ridículas como que no hay vestuarios", ironizó.
Los simpatizantes del fútbol consideran que es una locura que Romano sea árbitro. "Le van a decir de todo, no sabe adónde se mete", comentó a IPS un fanático, aunque luego admitió que los jueces hombres también suelen ser blanco de agresiones verbales y físicas.
Ella, como si estuviera ajena a la polémica de género, sólo insiste en que quiere dirigir un "clásico" donde se enfrenten los mejores. No tiene miedo a lo que le digan, y, si el problema es el vestuario, está dispuesta a ir vestida con short y casaca desde su casa y volver sin tomar una ducha. (FIN/IPS/mv/dg/sp-pr/96)


