BURUNDI: EE.UU. ofrece mediación en conflicto étnico

El gobierno de Estados Unidos ofreció actuar como mediador en Burundi para poner fin a la violencia étnica, que no ha podido ser resuelta por gobernantes de la región.

Una delegación estadounidense de alto nivel llegó esta semana a Bujumbura para discutir con las autoridades formas de aliviar el conflicto de tres años que ha llevado al país centroafricano al borde de una guerra civil total.

La delegación encabezada por Anthony Lake, asesor de seguridad del presidente Bill Clinton, está integrada también por el secretario de Estado adjunto para Asuntos Africanos, George Moose.

"Estamos aquí para apoyar los esfuerzos de (el ex presidente de Tanzania Julius) Nyerere para ayudar al pueblo de Burundi a alcanzar la paz, y ofrecerles también el apoyo de Estados Unidos", declaró el jefe de la delegación.

Lake expresó su sorpresa por el deterioro de la situación del país desde que lo visitó por última vez, hace 18 meses. En la oportunidad, políticos hutus y tutsis le habían asegurado que trabajarían juntos para evitar una guerra civil.

Evidentemente esa promesa no fue cumplida, y el interior del país se convirtió en un campo de feroz batalla entre el ejército, dominado por los tutsis, y facciones rebeldes hutus. En ambos bandos hay víctimas civiles, que son objeto de esporádicas masacres étnicas.

Burundi, de sólo 27.800 kilómetros cuadrados, es una de las naciones más pobres del mundo, y el conflicto entre la población hutu (85 por ciento) y tutsi (13 por ciento) ha terminado de arruinar la economía.

Ambas comunidades se disputan la supremacía política desde hace más de tres décadas. Hasta las elecciones multipartidarias de 1993, que dieron el poder a los hutus, la presidencia y las instituciones estatales estuvieron bajo control tutsi.

Un sector extremista del ejército, temeroso de los cambios que implicaría la victoria electoral de Melchior Ndadaye, protagonizó un fallido golpe de Estado y asesinó al presidente y otros altos funcionarios de gobierno. Los asesinatos desencadenaron una guerra racial en todo el país.

Como resultado, Burundi permanece en la inseguridad y el precario gobierno de coalición es incapaz de negociar la paz entre los extremistas de ambos bandos.

Radicales tutsis como el ex presidente Jean Baptise Bagazza cuestionan la legitimidad del acuerdo interpartidario de 1994, que garantiza al partido tutsi UPRONA una porción de poder mayor de la que obtuvo de las urnas en 1993.

Por razones diametralmente opuestas, el ex ministro del interior Leonard Nyangoma, que encabeza las Fuerzas para la Defensa de la Democracia (FDD) -un grupo rebelde hutu-, rechaza el gobierno encabezado por el presidente hutu Sylvestre Ntibantunganya.

Nyangoma considera que el partido hutu FRODEBU realizó demasiadas concesiones a los tutsis, y en particular al ejército. Una de las prioridades electorales del partido, la reforma del ejército, fue descartada.

Los esfuerzos de mediación del ex presidente estadounidense Jimmy Carter y, más recientemente, de Nyerere, resultaron infructíferos. El gobierno se niega a negociar con los rebeldes argumentando que pretenden librar una guerra de genocidio.

"En definitiva debe ser el pueblo de Burundi quien resuelva la crisis", destacó Lake.

"La comunidad internacional puede ofrecer apoyo moral y material, pero si se permite que el extremismo triunfe, la comunidad internacional no podrá hacer mucho", advirtió.

Agencias humanitarias presentes en la capital, bajo toque de queda, afirman que los combates se intensificaron en los últimos tres meses y produjeron unas 500 víctimas fatales, la mayoría civiles.

El ejército parece estar perdiendo el control, especialmente en el norte, mientras el FDD fortalece su dominio del centro y el sur del país, y los civiles tutsis huyen hacia bases militares en busca de protección.

La semana pasada, el primer ministro tutsi Antione Nduwayo anunció planes para crear una fuerza de defensa civil, pero el Representante Especial de la Organización de las Naciones Unidas en Burundi, Mark Fagy, rechazó la propuesta por considerarla un claro intento de legitimar la formación de milicias tutsis.

Mientras, los rebeldes hutus reciben ayuda de ex miembros del ejército de Ruanda desde campos de refugiados en Zaire, y algunos soldados del Ejército Patriótico Ruandés están desertando e incorporándose al ejército o a las milicias tutsis de Burundi, según trascendió. (FIN/IPS/tra-en/jbk/oa/ml/ip/96)

Archivado en:

Compartir

Facebook
Twitter
LinkedIn

Este informe incluye imágenes de calidad que pueden ser bajadas e impresas. Copyright IPS, estas imágenes sólo pueden ser impresas junto con este informe