FINANZAS-ÁFRICA: Gobiernos se autolimitan al pedir préstamos

Las polémicas condiciones que han exigido el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI) para sus préstamos en los últimos 20 años podrían ya no ser necesarias. Ahora los propios países de África se autoimponen restricciones similares.

En los últimos 10 años, el Banco Mundial dejó paulatinamente de imponer condiciones para otorgar sus créditos, señaló el economista jefe de esa institución financiera para África, Shantayanan Devarajan.

Ahora los países pueden presentar sus propias sugerencias en materia de política macroeconómica cuando solicitan fondos al Banco Mundial, dijo esta semana ante una audiencia en el Instituto Sudafricano de Relaciones Internacionales, de la Universidad de Witwatersrand, en Johannesburgo.

Tanzania, un país conocido por sus políticas conservadoras en materia económica, presentó su propuesta de restricciones luego de que solicitara fondos para hacer frente a la crisis mundial.

El plan tanzano limita a dos años la garantía pública que otorga a los bancos en problemas, un enfoque más cauto que el de los paquetes de estímulos de Estados Unidos, que carece de plazos.
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"Los tanzanos presentaron un plan y dijeron, ¿qué hay de malo en esto?", señaló Devarajan.

"La corriente está cambiando. Lo que sucedió en respuesta a la crisis es que algunos fondos adicionales no necesitaron de condiciones adicionales. El FMI (Fondo Monetario Internacional) también avanzó en ese sentido, supervisando los resultados en lugar de imponer condiciones. Creo que la condicionalidad como problema ya no existe", aseguró.

"No estamos casados con la idea de que, para obtener fondos, se deben realizar reformas comerciales. Creo firmemente que los países harán lo que les convenga más y se enfrentarán" al Banco Mundial y al FMI cuando presenten sus propios planes macroeconómicos "con la pregunta: ¿Qué hay de malo en esto?", dijo.

Pero la gran duda es si los países que solicitan fondos propondrán políticas que realmente sirvan a sus intereses.

Aunque sean los propios países los que presenten sus planteos macroeconómicos, y no el Banco Mundial o el FMI, el resultado final quizá siga siendo el mismo.

Es improbable que las dos instituciones financieras acepten políticas que difieran sustancialmente de las condiciones que impusieron en el pasado. "Hay países que aplican políticas económicas extraordinarias y, oh sorpresa, tampoco reciben el dinero", dijo Devarajan.

También explicó que las políticas macroeconómicas que las naciones en desarrollo han presentado en el contexto de la crisis económica son similares a las de los últimos 10 años.

A medida que aumenta la presión y se reducen las opciones de financiación, la crisis económica internacional podría obligar a más países del Sur a recurrir a créditos del Banco Mundial y el FMI.

Con la caída del flujo de capitales hacia África, Devarajan calculó que la inversión extranjera directa cayó 6.000 millones de dólares en el último año, pasando de 32.700 millones en 2008 a 26.700 millones en 2009. Es probable que también descienda la ayuda externa, ya que los países donantes deben enfrentar las consecuencias de la crisis en sus propios territorios.

"No está claro qué ocurrirá con la asistencia extranjera. Sin embargo, la experiencia de crisis anteriores es aleccionadora", explicó Devarajan.

"Suecia, Finlandia y Noruega experimentaron crisis económicas en los años 90. Todos los países escandinavos son fuertes donantes, pero sus contribuciones en materia de asistencia extranjera cayeron más de 10 por ciento. Llevó cinco años recuperarse", agregó.

Una reducción en los ingresos derivados de las remesas presiona aún más a las economías africanas, dado que la crisis se originó en los países desde donde se envían esos fondos. Setenta y cinco por ciento de las remesas de África llegan desde Estados Unidos y Europa occidental.

La crisis también causó una disminución del turismo a África. Entre enero y abril, Kenia experimentó una caída de siete por ciento en su actividad turística, mientras que en Gambia esta reducción fue de 32,4 por ciento. En el estado insular de Mauricio se contrajo 9,9 por ciento en los primeros tres meses de este año.

Durante una reciente reunión en Ciudad del Cabo, Deborah James, directora de programas internacionales en el Centro para las Investigaciones Económicas y Políticas, con sede en Washington, acusó al FMI de intentar reinventarse con la crisis financiera mundial.

Argumentó que la institución financiera internacional estaba aprovechando la oportunidad para promover políticas que exacerbaran la recesión, al contraer a las economías en vez de hacerlas crecer.

Luego de que los préstamos del FMI llegaron a su mínimo registro en 25 años, la reunión del Grupo de los 20 (G-20) países ricos y emergentes que se realizó a principios de abril en Londres dio nuevas esperanzas a la organización.

En esa ocasión, los líderes del G-20 decidieron aportar 750.000 millones de dólares al organismo, a fin de ayudar a los países a afrontar la recesión.

Sin embargo, según James, la política de préstamos que implementa el FMI sigue siendo la misma de antes: contraer y no estimular a las economías.

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