LIMA — Donde antes había basura, animales muertos y tierra que parecía estéril, hoy crecen lechugas, berenjenas, hierbas medicinales y árboles frutales. En los huertos de Villa El Salvador y Comas, mujeres que llegaron de distintas regiones del país recuperan saberes y espacios para producir alimentos en una capital de Perú que enfrenta más calor, menos agua y los efectos de El Niño Costero.
– “¿Se puede cultivar sobre arena?”
– “Hemos probado que es posible. Empezamos con este huerto en pandemia, cuando este lugar era un botadero de basura, había animales muertos y desechos médicos. Nos costó mucho limpiar, organizarnos. Y lo hemos logrado, creamos un huerto y dio fruto. Porque la Tierra es así, sabe cuándo se la necesita”, dice Paula Gómez, presidenta del huerto Ayllu21.
En Villa El Salvador, en la ciudad de Lima, donde los suelos son arenosos y casi no existen áreas verdes, un grupo de 20 mujeres mayores convirtió un terreno abandonado en un espacio de producción de alimentos. El desafío para ellas es grande, porque se enfrentan a un contexto de temperaturas cada vez más elevadas.
En una ciudad desértica, donde el agua es un recurso limitado y el calor representa un desafío cada vez mayor, cultivar también implica adaptarse a un clima que está cambiando.
En junio de 2026, el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología del Perú (SENAMHI) informó que el invierno tendría temperaturas de hasta 5 °C por encima de sus valores normales en gran parte de la costa peruana, por la persistencia de aguas cálidas frente al litoral por El Niño Costero.
Liliana Mirada, especialista en ciudades e investigadora del IPCC, asegura que el cambio climático está acentuando los extremos climáticos. “No solo se está calentando el mar, sino que se están amplificando los efectos del fenómeno de El Niño, porque de por sí, ya nos enfrentamos a un escenario de aumento de temperaturas en todo el planeta”, aseguró.
Lima enfrenta una condición estructural de escasez hídrica: gran parte del agua que abastece a la ciudad depende de las fuentes ubicadas en las zonas altoandinas.
De hecho, el Instituto Nacional de Investigación en Glaciares y Ecosistemas de Montañas (Inaigem) advirtió que, en la últimas décadas, el retroceso glaciar alcanzó 56,2 %, lo que afecta la disponibilidad de agua dulce.
En una ciudad construida sobre un desierto que se está viendo afectada por el cambio climático, producir alimentos implica encontrar formas de aprovechar cada gota de agua y recuperar suelos que durante años fueron considerados improductivos.
Antes del huerto Ayllu 21, la tierra se creía estéril en Villa El Salvador. El terreno había sido destinado a un parque, pero la Municipalidad nunca lo cuidó, y quedó abandonado por años, convertida en un zona que podía ser peligrosa.
Fue por eso que durante el 2017, las vecinas se organizaron para gestionar el huerto. Buscaron apoyo en organizaciones sociales, pero lo más difícil, cuenta Paula Gómez, fue conseguir el permiso de la Municipalidad, que finalmente decidió darles el espacio para el huerto. Así inició todo: trajeron compost e insumos para nutrir la tierra y, el desierto empezó a florecer.







