DAR ES SALAAM, Tanzania – Cada mañana, de camino a Kariakoo, Clementina Nyangwine mira por la ventana del autobús de cercanías mientras este avanza lentamente por Jangwani, en la ciudad tanzana de Dar es Salaam, y observa los gigantescos pilotes de cimentación que se alzan sobre el fangoso valle de Msimbazi.
Los trabajadores, con cascos de seguridad y chalecos de alta visibilidad, se mueven entre las imponentes jaulas de armadura. Las grúas se balancean sobre la obra mientras las excavadoras, las hormigoneras y los camiones retumban más abajo.
Se están hincando cimientos profundos en el lodazal para construir un puente que llevará una de las carreteras más transitadas de Dar es Salaam por encima de la llanura aluvial.
Nyangwine, una tendera de 37 años, recuerda cómo era atravesar Jangwani cuando el río Msimbazi se desbordaba, en la que es la mayor y más poblada ciudad de Tanzania, su antigua capital y que sigue siendo la sede del gobierno.
«He pasado horas aquí esperando a que bajara el agua», contó a IPS. «A veces nos bajábamos del autobús y caminábamos porque no había otra forma de llegar a Kariakoo. Llegabas al trabajo con la ropa empapada de agua fangosa», agregó.
En los peores días, los pasajeros esperaban al borde de la carretera de Morogoro mientras las turbias aguas de la crecida barrían la calzada.
«No sabías si llegarías al trabajo en una hora o en cuatro», dijo Nyangwine. «Cuando veo cómo se va construyendo este puente, pienso que quizá esos días estén acabando por fin», añadió.
El puente forma parte del Proyecto de Desarrollo de la Cuenca del Msimbazi, una iniciativa para reducir las inundaciones crónicas en Dar es Salaam, situada en la costa del océano Índico y dónde está el puerto tanzano más importante.
El elemento central de la obra es un puente de 390 metros situado a unos ocho metros por encima del nivel actual de la carretera, lo que permitirá que el tráfico siga circulando incluso cuando el Msimbazi se desborde durante las lluvias torrenciales.
El corredor de construcción, más amplio, se extiende a lo largo de aproximadamente 1,2 kilómetros e incluye las vías de acceso. El puente tendrá aproximadamente 41 metros de ancho y dará cabida tanto a vehículos como a peatones, ciclistas y al sistema de autobús de tránsito rápido.
En agosto, la Agencia Nacional de Carreteras de Tanzania (Tanroads, en inglés) afirmó que la construcción había alcanzado 41 %.
Construir por encima de la crecida
El director del proyecto, Leonard Ngayungi, señaló que la altura del nuevo puente es fundamental para su diseño.
«El problema del paso actual es que la carretera se encuentra dentro de una llanura aluvial activa», explicó Ngayungi a IPS. «Cuando el Msimbazi crece, el agua se extiende por Jangwani y la carretera pasa a formar parte de la zona inundada. Estamos cambiando esa relación situando la infraestructura de transporte por encima del nivel de inundación», explicó.
El puente se sustenta sobre cientos de pilotes de cimentación profunda hincados entre 35 y 42 metros bajo tierra, dependiendo de las condiciones del suelo. De los aproximadamente 496 pilotes necesarios, se habían completado 404, según las autoridades.
Ngayungi señaló que el objetivo no es simplemente construir una carretera más resistente, sino permitir que el río y la llanura aluvial transporten el agua sin interrumpir una de las principales vías de transporte de la ciudad.
«El puente se está diseñando de manera que el río pueda fluir continuamente por debajo, mientras que las personas, los autobuses y otros vehículos sigan circulando por encima», explicó Ngayungi.
«Tenemos que construir pensando en las precipitaciones a las que podríamos enfrentarnos en el futuro, no simplemente en los patrones de lluvia que la gente recuerda de hace 20 o 30 años», añadió.
Un río capaz de paralizar una ciudad
El Msimbazi es un río relativamente pequeño con un impacto desmesurado en Dar es Salaam.
Su cuenca alberga a aproximadamente 1,6 millones de personas y atraviesa barrios densamente poblados.
Cerca de Jangwani, dos de las principales arterias de tráfico de Dar es Salaam cruzan la llanura aluvial baja, incluido el corredor que utiliza el primer sistema de autobús de tránsito rápido (BRT) de la ciudad.
Por lo tanto, cuando el río se desborda, las consecuencias se extienden mucho más allá de los hogares que viven junto a sus orillas.
Se cierran las carreteras. Los autobuses se detienen. Los trabajadores llegan tarde. Los comerciantes pierden clientes. Las mercancías no pueden circular con facilidad entre el centro de la ciudad y sus barrios periféricos del oeste.
Issa Majega, de 56 años, conductor del BRT en la ruta Kariakoo-Kimara, afirmó que las fuertes lluvias pueden convertir un trayecto rutinario en horas de incertidumbre.
«Cuando se inunda Jangwani, todo el mundo sufre», declaró Majega a IPS. «Los autobuses no pueden pasar, los pasajeros se quedan varados y el tráfico se acumula en otras carreteras porque todo el mundo busca una ruta alternativa», explicó.
Para los conductores, señaló, el peligro radica en saber cuándo detenerse.
«No puedes jugártela con un autobús lleno de gente cuando el agua inunda la carretera», afirmó, «asi que aunque los pasajeros tengan prisa, hay que esperar».
Majega cree que el paso elevado podría eliminar un cuello de botella persistente en el sistema de transporte de la ciudad.
«Si este puente funciona tal y como está diseñado, la lluvia ya no supondrá que toda la ruta tenga que detenerse a causa de Jangwani», afirmó.
El cambio climático se une al crecimiento urbano
El problema de las inundaciones en Dar es Salaam no puede achacarse únicamente a las precipitaciones.
La rápida expansión urbana ha empujado los asentamientos hacia humedales y llanuras aluviales, mientras que los edificios y las carreteras han reducido la superficie disponible para absorber el agua de lluvia. La basura obstruye los canales de drenaje, mientras que se han acumulado sedimentos en algunas zonas del Msimbazi.
Alrededor de 70 % de los más de siete millones de residentes de Dar es Salaam vive en asentamientos informales, muchos de ellos con un sistema de drenaje inadecuado.
En 2018, una gran inundación en la cuenca del Msimbazi causó daños estimados en 100 millones de dólares estadounidenses, lo que equivale aproximadamente a 2 % del producto interior bruto de la ciudad, según cifras del Banco Mundial.
Deusdedit Rwehumbiza, profesor de planificación urbana en la Universidad de Mkwawa, en Iringa, afirma que por eso el proyecto no debe entenderse simplemente como una iniciativa para construir un puente.
«El puente es la parte más visible porque todo el mundo puede ver las grúas y el hormigón», señaló Rwehumbiza. «Pero la verdadera cuestión es cómo gestionar toda una cuenca hidrográfica urbana», consideró.
«El punto fuerte del enfoque de Msimbazi es que aborda las inundaciones como un problema de ordenación del territorio, medioambiental y de transporte al mismo tiempo», señaló Rwehumbiza.
El proyecto también incluye mejoras fluviales, la restauración de la llanura aluvial, la gestión de la cuenca hidrográfica y una mejor gestión de los residuos sólidos. Se prevé que algunas partes de la cuenca baja se conviertan en zonas de retención de crecidas que almacenen temporalmente el exceso de agua.
«Eso es lo que debería hacer la adaptación al cambio climático», afirmó Rwehumbiza. «Se le da al agua un lugar seguro al que ir, en lugar de pasar cada temporada de lluvias intentando combatirla cuando ya ha entrado en las casas de la gente», añadió.
Alejar a la población del peligro
Se seleccionaron para el reasentamiento alrededor de 3500 hogares que vivían en la llanura aluvial de Msimbazi, y se destinaron 30 millones de dólares estadounidenses a indemnizaciones.
Entre ellas se encontraba Teresia Katimba, madre de cuatro hijos que se trasladó a Madale en 2024 tras años de soportar inundaciones que, una y otra vez, llenaban su casa de Jangwani de aguas residuales y basura.
«Una ciudad resiliente al cambio climático no puede limitarse a trasladar el riesgo del río a los medios de vida de las personas», señaló Rwehumbiza. «Si las familias están más a salvo de las inundaciones pero no pueden permitirse el transporte para ir al trabajo, se ha resuelto un problema y se ha creado otro», añadió.
260 millones de dólares apostados por la resiliencia
La Asociación Internacional de Fomento del Banco Mundial está aportando 200 millones de dólares en financiación en condiciones favorables, mientras que España y los Países Bajos aportan financiación adicional, lo que eleva el paquete descrito por las autoridades tanzanas a unos 260 millones de dólares.
El proyecto, cuya ejecución está prevista hasta 2028, abarca la cuenca baja del Msimbazi y extiende las obras más aguas arriba, hacia las colinas de Pugu.
Tanroads es la responsable de las obras del puente de Jangwani, mientras que otras instituciones gubernamentales participan en la reurbanización del valle en su conjunto.
Las autoridades también prevén la creación de mercados, el desarrollo comercial y la mejora del transporte público en el valle reurbanizado.
Sin embargo, Rwehumbiza señaló que el éxito del proyecto dependerá también del control de los residuos, los sedimentos y el desarrollo en la parte alta del río.
«Se puede construir un puente que dure muchas décadas», afirmó, «pero el río está conectado con todo lo que ocurre río arriba. La resiliencia climática requiere mantener todo el sistema».
Para los viajeros, la prueba de fuego llegará una mañana lluviosa, cuando el Msimbazi crezca.
Durante años, Jangwani ha representado un punto débil peculiar en Dar es Salaam: un corto tramo de carretera en el que un aguacero podría interrumpir los desplazamientos en una metrópolis de millones de habitantes.
A medida que el cambio climático aumenta los riesgos a los que se enfrentan las ciudades africanas en rápido crecimiento, estos puntos débiles resultan cada vez más costosos.
No evitará las lluvias torrenciales. Tampoco un solo puente puede hacer que Dar es Salaam sea resistente al clima.
Nyangwine aún recuerda salir de los autobuses atascados, levantarse la falda y caminar con cuidado por Morogoro Road mientras el agua sucia le salpicaba las piernas.
De vez en cuando llegaba a su tienda de Kariakoo con horas de retraso. A veces, los clientes ya se habían marchado. De vuelta a casa, otro aguacero podía hacer que la odisea volviera a empezar.
Ahora, cada vez que su autobús pasa por Jangwani, observa a los trabajadores.
«El río seguirá desbordándose cuando llueva con fuerza», dijo. «Pero si la gente puede cruzarlo con seguridad por encima, entonces la lluvia no tiene por qué detener nuestras vidas», argumentó.


