El cambio climático se convierte en un riesgo para el embarazo a nivel mundial

Una agente de salud comunitaria examina a una mujer embarazada en su hogar mientras sus familiares observan, lo que pone de relieve los crecientes desafíos que enfrentan las madres a medida que el calor extremo y las presiones relacionadas con el clima dificultan el acceso a la atención sanitaria en comunidades vulnerables. Imagen: Wellcome

SUVA – El calor extremo representa una amenaza creciente para las mujeres embarazadas y los recién nacidos en todo el mundo; prácticamente la totalidad de los profesionales de la salud materna encuestados en cinco continentes afirmaron haber atendido a mujeres o bebés cuya salud se vio afectada por las altas temperaturas.

Los resultados, publicados mientras los ministros de clima del Pacífico se reunían en Suva, la capital de Fiyi, antes de la cumbre climática de noviembre en Turquía, ofrecen un panorama sumamente alarmante sobre cómo el calentamiento global está afectando a las salas de maternidad, las salas de parto y las unidades de cuidados para recién nacidos.

Una encuesta realizada a 1001 profesionales de la salud en Australia, Brasil, India, el Reino Unido y Zimbabue reveló que 98 % había atendido personalmente a una mujer embarazada cuya salud, a su juicio, se vio afectada negativamente por el calor extremo.

Alrededor de 99 % afirmó haber atendido a un feto o a un recién nacido cuya salud, a su juicio profesional, se había visto afectada por el calor extremo.

Casi tres cuartas partes (73 %) señalaron que los casos o complicaciones relacionados con el calor que afectaban a mujeres embarazadas habían aumentado en los últimos cinco años. Esta proporción ascendió a 76 % cuando se preguntó a los profesionales sanitarios sobre complicaciones relacionadas con la salud fetal, el parto o los recién nacidos.

La encuesta fue encargada por la fundación sanitaria mundial Wellcome y realizada entre obstetras, ginecólogos, médicos, parteras, enfermeros y otros profesionales de la salud materna entre el 17 de septiembre y el 1 de octubre.

Los resultados se presentaron en Suva el lunes 5 durante el lanzamiento de «Birthright (derecho de nacimiento)», una campaña mundial que busca una mayor protección para las mujeres embarazadas, los bebés y el personal sanitario ante el aumento de las temperaturas.

El lanzamiento de la campaña se realizó durante el encuentro ministerial del Pacífico para establacer la posición conjunta en la 31 Conferencia de las Partes (COP31) sobre cambio climático, que acogerá la ciudad turca de Antalya, del 9 al 20 de noviembre.

Los ministros y responsables de asuntos climáticos se reuieron en Suva entre el 5 y este jueves 8, para establecer sus posiciones comunes en esa cumbre climática, e una reunión coorganizada por Australia y Fiyi.

Durante su intervención en el encuentro para el lanzamiento de la campaña, Simon Stiell, secretario ejecutivo ONU Cambio Climático, afirmó que ese cambio climático está generando un riesgo nuevo y potencialmente mortal en torno al embarazo y el parto.

“El panorama es claro y muy inquietante: a medida que se intensifica el calor extremo, el embarazo y el parto se han convertido en un nuevo punto crítico de la crisis climática mundial, uno que resulta potencialmente mortal”, señaló Stiell.

“Este punto crítico no debe transformarse en otro profundo abismo de sufrimiento, desigualdad e injusticia derivados del clima”, agregó.

La encuesta aporta pruebas detalladas de lo que los profesionales de la salud aseguran estar presenciando ya.

Entre las mujeres embarazadas:

  • El 25 % informó haber experimentado calambres o dolores musculares que, a su juicio, el calor extremo había provocado o agravado.
  • El 24 % reportó fatiga intensa, problemas de sueño o una capacidad reducida para realizar las actividades cotidianas.
  • El 23 % informó dificultades respiratorias o un empeoramiento de los síntomas respiratorios.
  • El 23 % comunicó complicaciones del embarazo que requerían seguimiento o tratamiento adicional, mientras que una proporción igual informó trastornos hipertensivos, incluida la preeclampsia.
  • Más de una de cada cinco informó sufrir malestar emocional, ansiedad o estrés relacionados con el calor.
  • El 21 % señaló haber padecido una enfermedad materna grave que requirió atención médica u hospitalaria.
  • El 20 % informó mareos, desmayos o pérdida del conocimiento, mientras que el 19 % reportó contracciones, trabajo de parto o parto prematuros.
  • Casi el 18 % indicó haber observado la pérdida del embarazo o una muerte fetal en circunstancias en las que, según su criterio profesional, el calor extremo había contribuido al problema o lo había agravado.

La encuesta no pretendía determinar que el calor por sí solo fuera la causa de complicaciones individuales. Las respuestas aportan información sobre el criterio profesional y la experiencia clínica del personal sanitario consultado.

Proteger la vida en su momento de mayor fragilidad

Los hallazgos relacionados con los bebés resultaron igualmente preocupantes.

  • El 36% de los profesionales de la salud informaron deshidratación o enfermedades relacionadas con el calor entre los recién nacidos durante la atención relacionada con el embarazo que brindaron.
  • El 34 % informó tener bajo peso al nacer o crecimiento fetal restringido.
  • El 33% había observado dificultades para respirar, alimentarse o regular la temperatura.
  • El 28% dijo que los bebés requirieron seguimiento, tratamiento o atención neonatal adicional, y una proporción similar informó haber tenido un parto prematuro.
  • Durante el período neonatal, 38 % de los encuestados reportaron bajo peso al nacer o crecimiento restringido
  • El 36 % informó deshidratación o enfermedades relacionadas con el calor, y otro 36 % informó respirar, alimentarse o tener problemas para regular la temperatura corporal.
  • Casi 30 % dijo que las condiciones relacionadas con el calor hacían que los bebés necesitaran seguimiento, tratamiento o atención neonatal adicional.
  • El 9 % informó muerte fetal o neonatal durante el período neonatal en casos en los que creían que el calor extremo había contribuido o empeorado la afección.

Stiell afirmó que los hallazgos demostraban que el aumento de las temperaturas ya no podía tratarse simplemente como una cuestión medioambiental.

“El proceso de política climática se mide en grados, objetivos y financiación”, señaló. “Pero la prueba definitiva de la acción climática es mucho más sencilla: si protegemos la vida en su estado más frágil”, agregó.

Indicó que el mundo se adentraba en unas condiciones para las que muchos sistemas sanitarios no habían sido diseñados.

“Vivimos en un mundo nuevo y más cálido, mientras se siguen quemando combustibles fósiles que calientan el planeta, principalmente en las economías del Grupo de los 20 (grandes países industriales y emergentes)”, declaró Stiell.

“Los últimos 11 años han batido todos los récords”, remarcó el secretario ejecutivo de ONU Cambio Climático y de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (Cmnucc).

Afirmó que el aumento de las temperaturas conlleva “un mayor peligro durante el embarazo”, y citó pruebas que vinculan el calor extremo con los partos prematuros, la muerte fetal, el bajo peso al nacer y las complicaciones maternas.

Un profesional sanitario sostiene a un recién nacido en un centro de salud materna, lo que ilustra los esfuerzos en primera línea para proteger a madres y bebés ante la creciente preocupación por el impacto del calor extremo en el embarazo, el parto y la salud de los recién nacidos. Imagen: Wellcome

Nadie es inmune

La encuesta también reveló diferencias significativas entre países.

Los profesionales sanitarios de Zimbabue figuraron entre quienes notificaron los mayores aumentos.

El 85 % de los encuestados en Zimbabue afirmó que los casos o complicaciones relacionados con el calor que afectaban a mujeres embarazadas habían aumentado en los últimos cinco años. Esta cifra fue de 79 % en Australia, 74 % en Brasil, el 66 % en el Reino Unido y 62 % en la India.

Al consultar a los encuestados sobre la salud fetal o neonatal, 89 % de los profesionales de la salud de Zimbabue informó de un aumento en los casos o complicaciones relacionados con el calor. La cifra correspondiente fue de 79 % en Brasil, 78 % en Australia, 68 % en el Reino Unido y 66 % en la India.

Los resultados sugieren que estos efectos se perciben en países con climas, niveles de ingresos y sistemas sanitarios muy diversos.

La preocupación también estaba generalizada.

Más de 92 % de todos los encuestados manifestaron su inquietud por el impacto del calor extremo en la salud y el bienestar de las mujeres embarazadas en sus zonas de trabajo, y 90 % expresó preocupación por la salud fetal durante el embarazo y el parto, así como por la salud de los bebés durante el periodo neonatal.

Zimbabue registró algunos de los niveles de preocupación más elevados: el 97 % de los encuestados expresó inquietud por la salud fetal y neonatal.

Stiell afirmó que ningún país ni familia podía considerarse totalmente ajeno a este riesgo.

“Nadie es inmune”, declaró, “pero los riesgos y las repercusiones no se reparten por igual”.

La encuesta reveló que el calor extremo también estaba afectando a los sistemas sanitarios encargados de proteger a las mujeres y a los bebés.

  • El 29 % de los trabajadores sanitarios afirmó haber observado un aumento en las consultas de urgencia o emergencia durante episodios de calor extremo.
  • El 28 % informó de dificultades para almacenar o utilizar de forma segura medicamentos, suministros o equipos médicos.
  • El 27 % señaló que a las mujeres embarazadas y a sus familias les resultaba más difícil desplazarse a los centros de salud o acceder a la atención sanitaria.
  • El 25 % comunicó una mayor demanda de asesoramiento, seguimiento o tratamiento, mientras que otra cuarta parte informó de casos de enfermedad o fatiga entre el personal, o de una menor capacidad para trabajar con seguridad.
  • El 24 % había sufrido interrupciones en el suministro de electricidad, agua o sistemas de refrigeración, así como fallos en equipos médicos u otros servicios esenciales.
  • Una proporción similar informó de la saturación de los servicios sanitarios o de una capacidad insuficiente.
  • Casi una cuarta parte indicó que las temperaturas en el interior de los centros sanitarios habían alcanzado niveles inseguros o incómodos.

Los hallazgos resaltan un problema básico en la respuesta al calor extremo. Aconsejar a las mujeres embarazadas que se mantengan frescas puede tener poco valor práctico cuando las familias carecen de aire acondicionado, no pueden pagar la electricidad, trabajar al aire libre o vivir lejos de los servicios médicos.

«‘Mantenerse fresco simplemente no es una opción cuando no hay un lugar fresco a donde ir», dijo Stiell.

«Un parto seguro ya depende con demasiada frecuencia de la geografía, los ingresos y el acceso a la atención sanitaria. Si no se toman medidas, el calor extremo ampliará esa injusticia», aseguró.

La encuesta preguntó a los profesionales de la salud qué era lo que más limitaba la capacidad de las mujeres embarazadas para protegerse a sí mismas y a sus bebés.

  • El 26 % mencionó un conocimiento o comprensión limitados de que el calor extremo puede afectar la salud durante el embarazo.
  • El 24 % señaló la necesidad de trabajar al aire libre o en condiciones de calor.
  • Alrededor de 23 % indicó un apoyo limitado por parte de la familia o de la comunidad en general.
  • La misma proporción mencionó un acceso limitado a sistemas de refrigeración o aire acondicionado.
  • El 23 % señaló el costo de la electricidad, el agua u otras medidas de protección.

Entre otras barreras se incluían problemas de salud preexistentes, el acceso insuficiente a agua potable segura, viviendas difíciles de mantener frescas, la falta de apoyo por parte de los empleadores y las dificultades para desplazarse a los centros de salud.

Solo 0,4 % afirmó que no había factores que limitaran la capacidad de las mujeres para protegerse del calor extremo.

Stiell señaló que tales condiciones implicaban que el riesgo asociado al cambio climático estaba cada vez más entrelazado con la desigualdad.

“Una persona que trabaja al aire libre, vive en una vivienda sin regulación, debe recorrer largas distancias para llegar a una clínica o depende de instalaciones sin agua, electricidad ni sistemas de refrigeración no puede protegerse únicamente con consejos”, afirmó.

Es demasiado fácil ignorar los daños que no se contabilizan

Para los países insulares del Pacífico, esta cuestión es especialmente delicada.

Muchos pequeños Estados insulares (Peid) han contribuido con una fracción mínima de las emisiones históricas de gases de efecto invernadero, pero se enfrentan a la subida del nivel del mar, a tormentas cada vez más intensas, al calor y a presiones sobre los sistemas alimentarios, hídricos y sanitarios.

“Aquí, en el Pacífico, el cambio climático no es una abstracción”, afirmó Stiell.

“Se percibe en los hogares, las aldeas, las explotaciones agrícolas, las zonas pesqueras y los centros de salud, así como en los desplazamientos para recibir atención médica y en la disponibilidad y el coste de los alimentos, el agua, la energía y el transporte”, detalló.

La reunión pre COP31 del Pacífico determinó que en Antalya se deberá dar mayor visibilidad a las perspectivas y soluciones climáticas de las islas del Pacífico. Tuvalu, un país muy activo en posicionar las realidades del Pacífico insular en el escenario mundial, creó una reunión especial de líderes al respecto.

Volviendo a la encuesta, muchos trabajadores sanitarios consideran que necesitan más apoyo para responder eficazmente.

  • Un abrumador 92 % manifestó que deseaba recibir formación y recursos adicionales para ayudar a las mujeres embarazadas durante los periodos de calor extremo.
  • El 55 % indicó que contar con directrices nacionales o internacionales más claras sobre la protección de las embarazadas frente al calor extremo les ayudaría a desempeñar mejor su trabajo.
  • Al preguntarles qué mejoraría más su capacidad para proteger a las mujeres y a los bebés, 33 % eligió información práctica y materiales dirigidos a las embarazadas y a sus familias.
  • El 31 % pidió mejoras en las instalaciones, la climatización, la ventilación, el suministro de agua o la electricidad.
  • El 29 % solicitó vías de derivación más sólidas y una mejor coordinación entre los servicios de salud.
  • Una proporción similar reclamó mejores datos y sistemas de vigilancia sobre el calor, el embarazo y la salud del recién nacido, así como mejores alertas locales y sistemas de comunicación sobre el calor.
  • El 28 % señaló que contar con más personal, tiempo o financiación durante los periodos de calor extremo sería de ayuda.
  • El 28 % pidió reforzar la labor de alcance comunitario dirigida a personas a las que, de otro modo, resultaría difícil llegar a través de los servicios de salud.

Stiell instó a los gobiernos a incorporar explícitamente la salud materna y neonatal en las estrategias nacionales de adaptación al clima y de respuesta ante el calor.

“Lo que no se menciona en un plan, con demasiada frecuencia carece de financiación, medición y protección”, afirmó.

Señaló tres prioridades.

La primera consistía en integrar la atención al embarazo y al recién nacido en la planificación nacional de adaptación, salud y respuesta ante el calor extremo.

Esto requeriría clínicas resilientes, suministros fiables de electricidad y agua, y personal sanitario debidamente capacitado.

La segunda prioridad era transformar la evidencia científica en protección directa, lo que incluye mejores directrices, formación profesional, alertas por calor, instalaciones médicas más seguras y sistemas de salud preparados antes de que se produzcan fenómenos meteorológicos extremos.

El tercer aspecto fue una mejor vigilancia.

“Es demasiado fácil ignorar los daños que no se contabilizan”, afirmó Stiell.

“A medida que aumentan las temperaturas, los datos deben mostrar dónde se intensifican los riesgos, qué intervenciones funcionan, qué comunidades están expuestas y dónde se necesita apoyo financiero y tecnológico”.

La encuesta reveló un amplio respaldo entre los profesionales de la salud a una acción política más contundente.

  • El 81 % coincidió en que, de no tomarse medidas adicionales, el calor extremo pondría cada vez más en peligro la salud materna, fetal y neonatal durante los próximos cinco años.
  • El 82 % afirmó que proteger a las mujeres embarazadas y a los bebés frente al calor extremo debería convertirse en una prioridad mayor para los líderes de los sistemas de salud y los responsables de formular políticas.
  • Otro 82 % coincidió en que contar con mejores datos sobre el calor, el embarazo y la salud neonatal ayudaría a impulsar medidas eficaces.

Stiell vinculó la cuestión a las negociaciones internacionales más amplias sobre financiación climática.

Afirmó que es necesario implementar los compromisos de financiación para la adaptación acordados en la COP30 celebrada el año pasado en la ciudad brasileña de Belém, e instó a los gobiernos y al sistema financiero internacional a ayudar a movilizar 1,3 billones de dólares anuales para las naciones en desarrollo.

“Para las pequeñas islas y otras naciones que prácticamente no contribuyeron a causar esta crisis climática, esto pone de relieve la necesidad de contar con apoyo a gran escala”, señaló.

Asimismo, destacó el Plan de Acción de Belém sobre Género y los Indicadores de Adaptación de Belém como mecanismos que podrían ayudar a los gobiernos a medir los riesgos sanitarios relacionados con el clima y a crear servicios de salud más resilientes.

Stiell elogió a Turquía —que ostenta la presidencia de la COP31— y a Australia —que ejerce la presidencia de las negociaciones— por haber incluido la salud en la agenda de cara a la cumbre de Antalya.

Para Stiell, la cuestión trasciende, en última instancia, el lenguaje propio de las negociaciones climáticas.

“Soy padre, pero no puedo pretender saber qué se siente al llevar adelante un embarazo en esas condiciones”, afirmó.

“Las madres, las parteras, los médicos, el personal de enfermería y las familias hablan desde su propia experiencia. Debemos escucharles”.

La encuesta sugiere que esas voces ya están lanzando una advertencia clara.

Las mujeres embarazadas sufren los efectos de la exposición al calor. Los bebés requieren cuidados adicionales. El personal sanitario observa un aumento de las complicaciones. Los centros de salud se ven sometidos a presión en cuanto a suministro eléctrico, agua, medicamentos y personal.

Además, muchos médicos, enfermeros y parteras señalan que carecen de la formación y los recursos necesarios.

“El embarazo debería ser una etapa de esperanza”, declaró Stiell. “Sin embargo, para millones de personas se está convirtiendo en un periodo de ansiedad, ya que los efectos del cambio climático llenan de riesgos la vida cotidiana”, agregó.

Concluyó haciendo un llamamiento a los gobiernos para que consideren la protección de las madres y los bebés como una prueba fundamental de la política climática.

“Nunca debemos aceptar que el cambio climático sea motivo para que el embarazo y el parto se vuelvan menos seguros”, afirmó.

“El comienzo saludable de la vida de un recién nacido nunca debe depender de la capacidad de la familia para escapar del calor”, agregó.

Y concluyó: “Esta labor es urgente y profundamente humana; todos compartimos la responsabilidad de impulsarla juntos”.

T: MLM / ED: EG

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