BULAWAYO – Un león macho de 12 años salió del Parque Nacional Hwange, en Zimbabue, una mañana de invierno y mató a un niño de 7 años en una aldea a la que había llegado.
El niño, Elton, debería haber estado a salvo en su aldea, situada en las inmediaciones del parque nacional más grande de Zimbabue, pero una mañana de invierno acabó con esa seguridad. El león truncó su vida y situó a una comunidad afligida en el centro de un frente de conflicto: la disputa por el espacio entre los seres humanos y la fauna silvestre. El león fue sacrificado.
«Aquel día quedó grabado para siempre en mi memoria, y es una de las razones que me llevaron a fundar Acción para la Conservación de la Vida Silvestre, afirma la zoóloga Moreangels Mbizah, al recordar cómo la mañana de abril de 2014, cuando descubrió que el león había matado a Elton, cambió su perspectiva sobre la coexistencia entre la fauna silvestre y las personas.
«Me di cuenta de que proteger a los leones dentro del parque servía de poco si no protegíamos también a las personas que vivían junto a ellos», señaló Mbizah.

Conservación nacida de la tragedia
La fauna silvestre y las comunidades que viven cerca o dentro de las áreas de conservación en todo Zimbabue compiten por el hábitat y los recursos.
En 2024, perdieron la vida 49 personas a causa de animales salvajes en el país. Esta cifra aumentó a 53 en 2025, según datos del Ministerio de Medio Ambiente, Vida Silvestre y Clima. Actualmente, Zimbabue está elaborando una Estrategia Nacional de Coexistencia entre Humanos y Fauna Silvestre destinada a reducir los conflictos entre ambos.
La autoridad de parques del país, ZimParks, publicó recientemente cifras que indican que, en la última década, se han registrado más de 12 000 incidentes de conflicto entre humanos y fauna silvestre. Durante ese periodo, 486 personas fallecieron y 554 resultaron heridas, mientras que más de 4.000 cabezas de ganado se perdieron debido a ataques de animales salvajes.
Entre las zonas críticas de conflicto entre humanos y fauna silvestre en el país se encuentran los distritos de Binga, Hwange, Chiredzi, Hurungwe, Mbire, Muzarabani, Nyaminyami, Chipinge, Gokwe Norte, Gokwe Sur, Tsholotsho, Bulilima y Kusile.
La invasión de sus hábitats, el cambio climático, el crecimiento demográfico y la falta de barreras adecuadas entre las comunidades y la fauna silvestre se señalan como causas del aumento de estos conflictos.
La organización Acción para la Conservación de la Vida Silvestre opera en los distritos de Nyaminyami y Binga, que forman parte del Área de Conservación Transfronteriza Kavango-Zambeze (KAZA TFCA).
También trabaja en el distrito de Mbire, a lo largo de la frontera con Mozambique, y en el Parque Nacional de Mana Pools, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y que alberga el único ecosistema de llanura aluvial que queda en la zona media del río Zambeze.
Esta área, que también forma parte del Área de Conservación Transfronteriza Zimoza (Zimbabue-Mozambique-Zambia), es un punto crítico de conflicto entre humanos y fauna silvestre, especialmente en lo que respecta a elefantes y leones.
A lo largo de los años, los habitantes del distrito de Mbire que han perdido ganado a manos de leones han respondido defendiéndose; se ha dado muerte a leones mientras las comunidades protegían su integridad y a sus animales.

Proteger el ganado, salvar a los leones
En el distrito de Mbire, perder una sola vaca ante un león equivale a la pérdida de los ingresos familiares de tres meses, en promedio.
Por lo general, las personas perciben un salario mensual medio de 108 dólares, mientras que una vaca se vende por una media de 300 dólares, señaló Mbizah, quien figura entre las pocas mujeres negras africanas que han fundado una organización de conservación.
Muchas familias crían ganado para obtener ingresos y alimento. Para un ganadero que posee apenas cinco vacas, proteger a su ganado implica también proteger a los leones: una paradoja que llevó a Mbizah a reflexionar.
Mbizah, como parte de sus estudios de doctorado, siguió la pista del famoso león Cecil antes de que fuera abatido en 2015, hecho que desató críticas a nivel mundial.
Ella ha recurrido al liderazgo comunitario y a innovaciones de baja tecnología, como luces solares disuasorias para leones y corrales móviles para el ganado, para proteger animales de granja locales valorados en 2,3 millones de dólares.
Señaló que las intervenciones promovidas en la comunidad para mitigar los conflictos entre humanos y fauna silvestre son no letales y climáticamente inteligentes; entre ellas figuran el manejo holístico del ganado, el uso de corrales móviles, la apicultura, el cultivo de chile y la agricultura sostenible.
“Nuestro programa ha tenido éxito gracias a la relación que mantenemos con la comunidad y a que los hemos involucrado como guardianes del medio ambiente. Analizamos los métodos tradicionales de encierro del ganado que la gente ha utilizado durante generaciones y cómo podían reforzarlos para proteger a los animales de los ataques de leones durante la noche”, afirmó Mbizah.
Su organización ha ayudado a los ganaderos a construir recintos a prueba de leones para su ganado vacuno y a levantar corrales seguros para sus cabras. Estas medidas de confinamiento han reducido los ataques de leones al ganado.
Además, se ha reclutado y capacitado a Guardianes Comunitarios —a quienes Mbizah considera el pilar fundamental de su organización— para detectar a los leones antes de que ataquen.
Jóvenes de ambos sexos utilizan equipos especializados que les alertan sobre los movimientos de los leones cerca de la comunidad, lo que les permite alejar a los depredadores de forma segura.
Ruth Kamuchato, de la aldea de Mapini, en el distrito de Mbire, afirma que haber crecido viendo cómo los leones atacaban al ganado la motivó a formarse como guardiana comunitaria. Quería entender cómo era posible proteger tanto a los leones como al ganado al mismo tiempo.
“Me siento bien trabajando como guardián comunitario, pero al principio me costaba ver el lado positivo de que las personas y la fauna silvestre prosperaran juntas debido al miedo a los leones, que son animales peligrosos”, comentó Kamuchato.
Y añadió: “Cuando los leones matan ganado o amenazan a las personas, la primera reacción es pensar que son nuestros enemigos; sin embargo, tras recibir formación y trabajar en conservación, empecé a ver el panorama completo: los leones no son malos, simplemente intentan sobrevivir, igual que nosotros”.

Otro guardián comunitario, Knowledge Chiriga, de 31 años, de la aldea de Nebiripi, en la circunscripción 7 del distrito de Nyaminyami, afirma que proteger a los leones fue la solución al conflicto entre humanos y fauna silvestre que sufría su comunidad.
“Crecí en la aldea de Nebiri, situada a unos 7 kilómetro del Parque Nacional de Matusadonha, y he vivido de cerca los conflictos entre humanos y fauna salvaje desde mi infancia; en aquel entonces, no tenía esperanzas de encontrar un programa que librara a la comunidad del problema que teníamos con los leones”, comentó Chiriga, quien reconoció que no dudó en aprovechar la oportunidad de formarse como guardián comunitario con la organización Acción para la Conservación de la Vida Silvestre.
“Los leones forman parte de nuestro ecosistema y de nuestro patrimonio; por eso, protegerlos no significa ignorar el peligro, sino buscar formas de garantizar la seguridad tanto de las personas como de los propios leones”, afirmó Chiriga.
Añadió que “ahora me siento orgulloso porque ayudo a proteger a mi comunidad. Con mejores medidas de seguridad, podemos convivir con los leones”.
Lweetelelo Mugande, de 29 años, de la aldea de Chitongo, en el Distrito de Binga, explicó que al principio a la comunidad le costó aceptar su labor de conservación de los leones, ya que algunos se preguntaban por qué proteger a animales que les causaban daño.
“Pero con el tiempo, a medida que acudíamos durante los conflictos, ayudábamos a instalar bomas móviles y explicábamos cómo la conservación puede generar empleo y brindar apoyo, las actitudes empezaron a cambiar”, afirmó.
“Ahora, muchos miembros de la comunidad nos llaman cuando surge un problema. Ven que somos de la misma aldea, que tenemos ganado y familias aquí, y que intentamos encontrar soluciones juntos. La confianza va en aumento, pero aún nos queda mucho trabajo de concienciación por hacer”, prosiguió.

Mbizah recibió el Premio Whitley 2026 por su labor para salvar a los leones mediante un modelo impulsado por la comunidad. Este galardón, que reconoce a líderes de la conservación en todo el mundo, permitirá a Mbizah ampliar el modelo de conservación basado en la coexistencia a otros distritos del país.
“Las comunidades locales tienen un vínculo cultural con la fauna silvestre y la respetan, pero esto conlleva riesgos, y ahí es donde radica el desafío”, explicó Mbizah a IPS.
“Si logramos reducir estos riesgos, la gente puede tolerar la presencia de animales salvajes en sus tierras comunales. Cuando surge el conflicto, las personas no quieren leones, ya que estos afectan sus vidas, sus medios de subsistencia y su ganado”, añadió.
Las poblaciones de leones en África se encuentran amenazadas. En los últimos años se ha perdido más de 90 % de su área de distribución histórica. El león africano (Panthera leo) está clasificado como especie amenazada y figura como vulnerable en la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).
Se ha registrado un descenso significativo de la población de leones —de aproximadamente 43 %— en los últimos 21 años, y se estima que quedan unos 25 000 ejemplares en libertad en África.
La pérdida de hábitat, la disminución de las presas y los conflictos entre humanos y fauna silvestre —en los que se mata a los leones en represalia por la pérdida de ganado— son los principales factores que impulsan la reducción de la población de leones.
Mbizah pone de relieve la idea errónea de que la conservación y el desarrollo son ámbitos separados. Su trabajo se sitúa en la intersección entre la conservación y el desarrollo comunitario.
“Ayudamos a las comunidades a proteger la fauna silvestre mejorando sus medios de vida”, explicó. “Cuando a las comunidades les va bien, es más probable que se involucren en la conservación y protejan la fauna que las rodea. No podemos limitarnos a proteger a las especies sin proteger también a las personas que las cuidan”, agregó.
En un momento en que la población de leones de África se encuentra amenazada, Zimbabue ha logrado mantener poblaciones saludables gracias a sus sólidos programas de conservación. El enfoque de Mbizah constituye un modelo para proteger a los depredadores sin empobrecer a las personas que habitan en su entorno.
“Proteger vidas y medios de vida acaba protegiendo también a los leones”, afirmó Mbizah.
T: MLM / ED: EG


