Clima y ambiente, la derrota anticipada en las elecciones de Brasil

El presidente Luiz Inácio Lula da Silva y algunos ministros firma en la sede del gobierno en Brasilia medidas de transición energética que ayudan a contener la crisis climática. Son medidas más fáciles de aprobar por su factor económico favorable, al contrario de otras acciones ambientales que bloquean o dificultan actividades económicas, como el fin de los combustibles fósiles. Imagen: Ricardo Stuckert / PR

RÍO DE JANEIRO – El clima y medioambiente son temas derrotados de antemano en las elecciones generales del domingo 4 de octubre en Brasil, en cuya campaña el ambientalismo no logró siquiera fomentar el necesario debate sobre los eventos climáticos extremos que castigan al país y al mundo.

“Es decepcionante y lamentable” que casi todos los 12 candidatos presidenciales omitan la crisis climática o la traten de forma superficial en sus programas, criticó Marcio Astrini, secretario ejecutivo del Observatorio del Clima (OC), una coalición de 172 organizaciones de la sociedad civil brasileña.

Su juicio se basa en una evaluación del Observatorio, divulgada el 10 de septiembre, sobre los programas de los seis candidatos que cuentan con al menos 2 % de la intención de voto en las encuestas.

La excepción es el programa del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, que busca la reelección, con “un plan consistente y más profundo que apunta un camino positivo”, destacó Astrini.

«Lo que más me asombra es la falta de una reacción consistente a los eventos extremos. Porto Alegre quedó bajo el agua en 2024, pero su población reeligió en aquel año al alcalde que puso la ciudad bajo el agua”: Marcio Santilli.

Entre los 28 rubros de la “agenda socioambiental” considerados, hay 16 compromisos positivos y detallados en el programa de Lula. El opositor Flavio Bolsonaro, segundo o primero en los últimos sondeos, “presenta solo un compromiso positivo, mientras siete de sus propuestas son claramente antiambientales”, según el OC.

Ese candidato y actual senador, es el hijo mayor del expresidente Jair Bolsonaro (2019-2022), condenado a 27 años de cárcel por intento de golpe de Estado en 2022 pero en prisión domiciliaria por problemas de salud.

Ambos lideran la extrema derecha que niega el cambio climático, aunque el hijo intenta presentarse como “moderado”, un “Bolsonaro vacunado”, para eludir el alto índice de rechazo al bolsonarismo, especialmente por la conducta del padre, también negacionista ante la pandemia de covid-19 (2020-2023), que provocó 716 000 muertes en Brasil.

El domingo 4 se eligen en Brasil al presidente, los diputados, dos tercios de los senadores y los gobernadores de los 27 estados y sus parlamentos. En el caso del presidente y los gobernadores, habrá segunda vuelta el día 25 si ningún candidato obtiene más de 50 % de los votos válidos.

Un barco pesquero varado en el rio Negro, uno de los grandes ríos amazónicos de Brasil, en 2025, por la sequía que redujo a un hilo de agua un brazo del río que alcanza más de diez metros de profundidad cuando llueve normalmente. Imagen: Mario Osava / IPS

Eventos extremos olvidados

La escasa atención a las cuestiones climáticas es todavía más alarmante en un Brasil traumatizado por eventos extremos, como las inundaciones de mayo de 2024 en el sureño estado de Rio Grande do Sul, que afectaron 2,4 millones de personas, con 185 muertas y 23 desaparecidas, y la peor sequía en la Amazonia en 2025.

Además, las elecciones del 4 de octubre, con una probable segunda vuelta presidencial el 25, ocurren en pleno fenómeno de El Niño, que amenaza ser el más intenso de la historia y repetir los efectos de su ocurrencia anterior, en 2023-2024. Se trata del calentamiento de las aguas tropicales del océano Pacífico, que altera el clima en todo el mundo.

Las tragedias ambientales, incluso las climáticas que son más visibles, no movilizan la política, comprueban las elecciones.

La agenda socioambiental tiene un carácter difuso que pierde prioridad electoral ante “los problemas inmediatos y concretos, como los económicos” que vive la población, reconoció Marcio Santilli, fundador del no gubernamental Instituto Socioambiental.

“Es una cuestión con que tenemos que lidiar y es difícil. Lo que más me asombra es la falta de una reacción consistente a los eventos extremos. Porto Alegre quedó bajo el agua en 2024, pero su población reeligió en aquel año al alcalde que puso la ciudad bajo el agua”, deploró a IPS desde Brasilia.

Porto Alegre, de 1,3 millones de habitantes, es la capital del estado de Rio Grande do Sul que tuvo varios barrios, el centro histórico y el aeropuerto inundados por cerca de un mes en 2024.

El alcalde Sebastião Melo, del centrista Movimiento Democrático Brasileño, logró ser reelegido aunque se le considera responsable de buena parte del desastre, por no haber recuperado o mantenido el sistema de compuertas y otras infraestructuras existentes para evitar inundaciones, durante su gobierno de 2021 a 2024.

Tragedias sin efecto electoral

“Eso comprueba que las tragedias, por si solas, no generan consciencia política. Es necesario una labor persistente y continuada para ampliar gradualmente la consciencia de las personas sobre el carácter y las causas de la crisis climática y sobre la necesidad de organización para enfrentarlas”, sostuvo Santilli.

Sin embargo, los temas climáticos aparecieron como de gran importancia para 78 % de los 1800 brasileños que participaron del 17 al 20 de agosto en una encuesta del Observatorio del Clima, encargada a Ipsos, una empresa internacional de sondeos.

Otros 12 % respondieron que “importante”, sin el énfasis del “muy” de la mayoría.

Las personas reconocen que los eventos climáticos afectan su vida, pero eso “no se traduce en votos en las elecciones”, lamentó Astrini a IPS desde São Paulo.

“A la hora de votar las prioridades de los brasileños, como de otros países con características similares, son la gran desigualdad social, altos índices de pobreza, el desempleo, la vivienda, el saneamiento básico, la salud, que son problemas de sobrevivencia”, evaluó.

Todo eso no resta importancia a la agenda climática que agrava los otros problemas, al destruir viviendas, empobrecer el estado y consumir el presupuesto público, quitándole capacidad de inversiones en los programas sociales, acotó.

“Clima es una agenda de responsabilidad, incluso para no agravar otras carencias que sufre Brasil, y no hace falta que sea popular para recibir una atención especial de los candidatos en las elecciones”, concluyó.

El centro histórico de Porto Alegre inundado por las lluvias torrenciales y la inoperancia de la infraestructura para amortiguar las inundaciones en mayo de 2024. Cerca de 2,4 millones de personas sufrieron las inundaciones en el sureño estado brasileño de Rio Grande do Sul. Imagen: GIlvan Rocha / Agência Brasil

Ambientalismo impotente

La realidad es que la debilidad política del ambientalismo no augura soluciones para la crisis en Brasil y en el mundo. Las negociaciones en las conferencias de las partes climáticas anuales, las COP, no avanzan en cuestiones vitales, como el fin del consumo de combustibles fósiles y el financiamiento de las acciones necesarias.

El mismo presidente Lula, el único candidato en presentar un programa “positivo” y cuyo gobierno se destacó en la reducción de la deforestación amazónica, apoya la explotación petrolera en el área de influencia de la desembocadura del río Amazonas, pese a los riesgos ambientales locales y la contribución al recalentamiento del planeta.

La extrema derecha, que niega el cambio climático, aparece con fuertes posibilidades de volver al gobierno en Brasil, con Flavio Bolsonaro como favorito en una segunda vuelta porque la mayoria de los demás aspirantes presidenciales son conservadores y le endosarían sus votos, según la mayoría de los analistas.

El cambio climático y crisis ambiental aparece en noveno lugar entre las 14 prioridades presentadas en la encuesta de OC/Ipsos, con 19 % de las respuestas. Seguridad pública y inflación alcanzaron 49 % y 41 % respectivamente. Cada entrevistado apuntó tres temas.

El legislativo Congreso Nacional brasileño, dominado por grupos conservadores, se convirtió en un poder netamente contrario a políticas ambientales, climáticas e indígenas. En los últimos años aprobó seguidos retrocesos en la legislación en esas áreas.

En 96 votaciones sobre esos temas entre enero de 2023 y julio de 2026, 70 % resultó en medidas contrarias al medioambiente. Fueron 46 decisiones que dificultan la protección de la naturaleza, el combate a la deforestación y la demarcación de tierras indígenas o facilitan la aprobación de proyectos dañosos al ambiente.

Los dos retrocesos más graves, según los especialistas, son la ley que establece un “marco temporal” para reconocimiento de las tierras indígenas y la llamada “ley de la devastación”, que facilita la licencia de obras de impacto socioambiental y dificulta la inspección ambiental.

El “Marco Temporal”, aprobado en diciembre de 2023, establece que solo son tierras indígenas las que estaban ocupadas por los pueblos originarios el 5 de octubre de 1888, fecha de promulgación de la Constitución brasileña vigente. Es inconstitucional según los juristas, pero sigue vigente porque el Supremo Tribunal Federal duda en declarar esa inconstitucionalidad.

La actual legislatura parlamentaria es dominada por la llamada  y derechista “bancada ruralista”, que reúne 345 legisladores en un total de 591 diputados y senadores, y atropella las votaciones, aprobando el rito de urgencia, ante la débil resistencia de algunos partidos de izquierda.


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“La composición del actual Congreso es tan mala que veo difícil que empeore”, dijo Santilli. No habrá cambios, aunque se renueve el Congreso, con nuevos representantes, ellos tienden a seguir la misma orientación política actual, “muy desfavorable a la agenda ambiental y climática”, señaló Astrini por su parte.

“La cuestión ambiental no es prioridad electoral porque es encarada como algo externo al ser humano, ajeno a los asuntos políticos y económicos”, según Liszt Vieira, un veterano ambientalista, exdiputado en el estado de Río de Janeiro y expresidente del Jardin Botánico local.

“Pocos asocian política y medioambiente al votar, para los demás: política es una cosa y protección de la naturaleza es otra”, señaló para explicar la discrepancia entre preocupaciones ambientales manifestadas por la población y el voto en las elecciones, en entrevista a IPS.

 

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