WASHINGTON – Los océanos del mundo completaron 100 días de calor récord el 10 de septiembre, con “consecuencias desastrosas” para los ecosistemas marinos que sustentan alimentación, empleo, comercio, turismo e infraestructura energética en el mundo, indicó un panel ad-hoc de especialistas.
“Un océano más caliente altera las pesquerías y el suministro de alimentos, daña los arrecifes y las playas que sostienen el turismo, somete a tensión la infraestructura energética y alimenta el clima extremo que afecta a las comunidades y los negocios costeros”, alertó el experto Tom Pickerell.
Pickerell, del estadounidense World Resources Institute (Instituto de los Recursos Mundiales WRI), llamó la atención del mundo político y de negocios sobre el calor oceánico en un encuentro virtual junto a los científicos Zachary Labe, de la organización Climate Central, y Claire Bergin, del Centro Icarus de la irlandesa Universidad de Maynooth.
Los científicos estiman que solo en la última década se añadieron al océano unos 104 zettajulios de energía, equivalentes a 1700 millones de bombas atómicas.
El océano absorbió 93 % del exceso de calor atrapado en la Tierra, pero ese colchón de seguridad se debilita: las temperaturas superficiales suben aceleradamente, los océanos absorben cada vez menos dióxido de carbono (CO₂), y las consecuencias son devastadoras.
Labe dijo que “el factor que impulsa este calentamiento récord es el cambio climático; es decir, la tendencia de calentamiento a largo plazo, no limitado a una sola parte del océano, pues tiene un carácter global”.
La quema de combustibles fósiles está calentando el planeta y los océanos absorben la mayor parte de ese calor, a una tasa que en los últimos 20 años es más del doble que en los 40 años anteriores.
El cambio climático ha hecho que las olas de calor marino sean diez veces más intensas y duren tres veces más que antes, y la mitad de las registradas desde 2000 no habrían ocurrido sin el calentamiento global.
El fenómeno El Niño -vientos más cálidos sobre el océano Pacífico ecuatorial- agrava la situación este año, empujando temperaturas que ya de por sí eran récord hacia extremos sin precedentes.
Lo más alarmante es que, incluso cuando El Niño remitió en 2024, los océanos no se enfriaron: los años de La Niña -fenómeno inverso, vientos fríos sobre el Pacífico- son más cálidos que los años de El Niño del pasado, y con un nuevo El Niño en formación, los récords de temperatura oceánica se están rompiendo.
Entre sus impactos en América Latina y el Caribe se muestra que la erosión costera se está convirtiendo en un problema económico para la industria turística de Chile. El país se arriesga a perder hasta 60 millones de dólares al año a finales de siglo debido a la erosión de sus playas.
El Niño Costero provocó una caída de 73 % interanual en el sector pesquero peruano en mayo de 2026, alcanzando sus peores resultados en seis años y generando una caída de 42 % en la manufactura vinculada a actividades pesqueras.
Eso se debió principalmente a la primera temporada de captura de anchoveta, que en 2026 produjo apenas 0,5 millones de toneladas, frente a los 1,9 millones de toneladas capturadas el año anterior.
Entre 2023 y 2024, prácticamente todo el Arrecife Mesoamericano (en el Caribe de México, Belice, Guatemala y Honduras) estuvo expuesto a un grave estrés térmico, con aproximadamente la mitad de los corales severamente afectados por el blanqueamiento.
Ese extenso sistema arrecifal perdió alrededor de la mitad de su coral vivo entre 2023 y 2025, la mayor pérdida generalizada jamás registrada. La cobertura de coral vivo en el arrecife se ha reducido a 17 %.
Las olas de calor marino impulsaron un número cercano a récord de tormentas en 2024, incluido el huracán Beryl, el primer huracán categoría cinco más temprano en la historia, que devastó partes del Caribe y Estados Unidos a finales de junio y principios de julio de 2024.
El huracán Melissa, que azotó Jamaica y Cuba en 2025, fue impulsado por aguas oceánicas más cálidas causadas por el cambio climático. La cobertura de coral en el Caribe ha disminuido 43 % en comparación con el período 1980-2009.
Pickerell advirtió que “el calentamiento prolongado del océano no es solo una cuestión medioambiental; es, en gran medida, un shock económico, y eso debería preocupar a cada ministro de finanzas, no solo a cada ministro de medio ambiente”.
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