Las familias buscan desesperadamente a las víctimas del «tsunami del Himalaya» en Nepal

Hit Kumari Tamang busca a sus familiares desaparecidos, entre ellos su hijo, en un hospital de Katmandú, la capital de Nepal. Imagen: Raman Paudel / IPS

KATMANDÚ – El domingo 30 de agosto por la tarde, Mingma Tamang, de 29 años, entró corriendo en el servicio de urgencias del Hospital Universitario de la TU, donde un equipo de rescate acababa de traer a una persona herida en la crecida repentina de Rasuwa, pero pronto se marchó con el rostro sombrío.

Mingma, que lleva buscando a su marido, Manoj Tamang, de 20 años, desaparecido en la catastrófica riada del 26 de agosto, se dirigió hacia la recepción del hospital, con la mirada fija en la pared donde cuelgan cientos de fotos de cadáveres sin identificar.

Entró en el hospital con la foto de su marido en la mano. Volvió a salir por la puerta con lágrimas en los ojos.

Desde que su marido desapareció en la devastadora avalancha de agua, piedras y lodo —conocida localmente como el «tsunami del Himalaya»— enla ciudad napalí de Rasuwa, uno de los principales puertos de acceso a China, ha pasado cada día recorriendo con dificultad las salas de urgencias y los tanatorios de la capital, Katmandú.

Con la cabeza cubierta por un colorido pañuelo de flores (Fulbuttey Rumal, que se utiliza habitualmente como metáfora del amor en la literatura nepalí), esta mujer recién casada y embarazada de seis meses ha buscado en vano.

Mingma, que vive en una pequeña localidad llamada Tarkeshwor, situada cerca de la capital, Katmandú, se había despedido de su marido, Manoj, con un cálido abrazo el sábado anterior a la catástrofe.

Manoj, conductor de profesión, importa vehículos de carga desde China a través de la frontera de Kerung, en Rasuwa.

«El miércoles por la mañana, unas horas antes de la riada en Rasuwa, mi marido me llamó sobre las 7:00 de la mañana (hora local). Tras una breve conversación formal, colgué», recuerda a IPS sobre la última vez que oyó su voz.

«Cuando llegó la noticia de la inundación, sobre las 9:30 de la mañana, hora local, le llamé inmediatamente, pero el teléfono ya estaba desconectado. Entonces llamé uno por uno a los demás miembros del equipo de Manoj, pero no conseguí contactar con nadie. Finalmente, mi suegro contestó a una llamada, pero en ese momento no se encontraba en condiciones de hablar», rememora.

Manoj, su padre, Tikaram Tamang (de 42 años), y tres sobrinos se dedican a la misma profesión.

Solo Tikaram logró escapar segundos antes de que la riada se llevara por delante a miles de personas.

El número de fallecidos, según la Autoridad Nacional de Reducción y Gestión del Riesgo de Desastres, asciende a provisisonalmente a 1003, con 3916 personas desaparecidas, entre ellas 583 ciudadanos extranjeros. China informó de 16 fallecidos y 546 desaparecidos, entre ellos 261 extranjeros, hasta el domingo 30.

«Estaba dando un paseo por Kerung, una ciudad portuaria. Mi hijo estaba dentro del contenedor y otras personas tomaban té; algunas estaban en el camión. De repente, algo parecido a una densa nube se abalanzó sobre nosotros con un fuerte ruido desde arriba. Llegó tan rápido como las alas de un águila que se abalanza sobre un pollo», recuerda Tikaram, el padre de Manoj, a IPS.

Y sigue narrando: «En el mercado, empinado y estrecho, ni siquiera podía imaginar qué era aquello. Corrí hacia arriba. Si hubiera tardado tan solo 10 segundos más, la riada me habría arrastrado. Cuando miré atrás, la gente huía llorando y gritando. Al mirar, vi que todo el mercado había quedado sumergido por las aguas. Solo pude sentarme en la pequeña cornisa que había sobre el mercado y observar. Cuando pensé en mi hijo y en mis sobrinos, mi mente se quedó en blanco».

Según Tikaram, la devastadora riada le afectó tanto a él como a toda su familia que fue incapaz de hablar del tema ni de tomar ninguna decisión hasta el día siguiente a la catástrofe.

Y se conduele: «No solo cinco miembros de mi familia, sino al menos 20 de mis parientes y jóvenes muy cercanos también desaparecieron ante mis ojos en la riada. En esas circunstancias, no pude controlar mis emociones ni mis pensamientos. No sabía lo que hacía ni por dónde caminaba. Ya llevan seis días sin que haya noticias de ellos».

La falta de información le ha impedido celebrar los ritos funerarios.

Al sexto día tras la inundación, Tikaram regresó a Katmandú y visitó todos los hospitales donde se atendía a los heridos por la inundación.

Había pasado los cinco días recorriendo unos 400 kilómetros a pie a lo largo del río, desde Rasuwa hasta el distrito de Nawalparasi, con la esperanza de encontrar a su hijo Manoj y a sus compañeros.

Tikaram se da cuenta de que no puede pensar en el futuro tras haber perdido a muchas personas y todos sus bienes.

En los últimos días, miles de residentes desplazados por las inundaciones viven en tiendas de campaña proporcionadas por el gobierno.

El gobierno nepalí no ha hecho públicos hasta ahora los datos sobre cuántos residentes necesitan ser realojados.

Muchas personas afectadas quieren que los equipos de rescate actúen con mayor rapidez en sus labores de rescate y ayuda humanitaria.

Señalan a un único equipo del ejército nepalí que está excavando un túnel hidroeléctrico con una excavadora, donde se cree que más de 600 personas llevan seis días atrapadas.

«Me decepciona que el gobierno no busque a nuestros familiares. Quiero que todos los dirigentes del distrito, incluidos los dirigentes federales, busquen a nuestra gente. Pero a los equipos de rescate solo se les ve en las redes sociales y en el cielo, volando en helicópteros. Ya es el sexto día, y las esperanzas de que haya supervivientes son muy escasas», afirma Tikaram.

Y agrega: «El gobierno está llevando a cabo una operación de búsqueda y rescate muy lenta. Si se hubiera traído un equipo especializado del extranjero y se le hubiera desplegado para la operación de rescate desde el primer día de la inundación, se habría rescatado a mucha gente. Incluso hoy, seis días después, no se ha llevado a cabo ningún rescate».

Tikaram añade que el gobierno se centra en la distribución de ayuda humanitaria en lugar de en el rescate de las personas atrapadas.

Hit Kumari Tamang, una mujer de 42 años, está buscando a su hijo Milan Tamang, de 26 años, que desapareció en la frontera de Kerung durante la inundación.

Había llamado a su madre por teléfono la noche antes de la devastadora inundación. Hit Kumari recuerda que hablaron durante unos minutos sobre los gastos familiares.

Cuando la noticia apareció en las redes sociales el miércoles por la mañana, Hit Kumari llamó a Milan para comprobar si estaba a salvo. Pero no consiguió que le contestara.

«Era el pilar de mi familia, el que se encargaba de los gastos mensuales. Ahora no sé qué va a pasar. Más allá de los gastos económicos, la mayor pérdida es que mi hijo haya desaparecido. Si el equipo de rescate hubiera actuado con rapidez desde el primer día, mi hijo habría regresado», dijo la madrea IPS visiblemente emocionada.

Y agregó: «Ahora no tengo ninguna esperanza, ya que ya es el sexto día desde el incidente».

Muchos famiiares que buscan a sus desapaecidos se quejaron de que la tecnología y el personal cualificado de un país himalayo pequeño y con escasos recursos económicos parecen ser insuficientes.

Analistas independientes, entre ellos expertos, han criticado los esfuerzos del gobierno.

«No se puede hacer frente a un daño inimaginable mostrando arrogancia. Es responsabilidad del partido gobernante bajarse del pedestal de la arrogancia y liderar la labor de movilizar todas las fuerzas nacionales. ¿Por qué no se permitió a los equipos de rescate extranjeros acudir al rescate durante tres días?», afirmó a IPS Yadav Devkota, un experto independiente.

«A quienes intentaron recuperar los cadáveres de la orilla del río se les impidió hacerlo, alegando que no había órdenes de las altas esferas», afirmó Devkota, quien señaló que la ayuda se está reteniendo hasta que lleguen las órdenes para distribuirla.

Pranaya Magar, un técnico que ha participado en la operación de rescate, publicó un estado en Facebook —luego eliminado— en el que afirmaba que el gobierno dispersó sus escasos esfuerzos en lugar de centrarse en labores de rescate especializadas.

«Han pasado seis días desde que comenzamos la operación de rescate. Ni siquiera se ha construido el acceso al túnel hidroeléctrico. Si nos hubieran proporcionado tres o cuatro excavadoras y un martillo hidráulico desde el primer día, ya habríamos podido rescatarlos. Tres excavadoras trabajaron día y noche, pero solo para las noticias. Solo una trabajó sobre el terreno», declaró Magar.

Magar eliminó posteriormente su publicación de Facebook, alegando que había sido objeto de discursos de odio y ataques en las redes sociales.

Aunque el gobierno de Nepal rechazó inicialmente las ofertas extranjeras de ayuda para hacer frente a la crisis de las inundaciones, ha accedido a permitir la entrada de expertos chinos e indios para colaborar en las labores de rescate.

El domingo 30 de agosto por la tarde, el primer ministro Balendra Shah publicó en Facebook que casi 21 000 efectivos de seguridad, junto con trabajadores civiles y voluntarios, participaban en las operaciones de rescate.

Dharmaraj Upreti, director ejecutivo de la Autoridad Nacional de Reducción y Gestión del Riesgo de Desastres, reconoció que se han producido algunos retrasos debido a la complejidad geográfica y a la falta de infraestructuras.

Upreti añadió que han surgido dificultades técnicas en la operación de rescate debido a los daños sufridos por los túneles y a la lejanía de las zonas montañosas.

Comunidad indígena gravemente afectada en la región del Himalaya

Según el último censo nacional de Nepal, la comunidad tamang del distrito de Rasuwa, cerca de la frontera con China, tiene una población de 33 000 habitantes, lo que representa 69,6 % de la población del distrito.

Conocida como la guardiana y protectora de la naturaleza, la comunidad indígena de Rasuwa achaca los desastres al cambio climático.

Aunque el gobierno aún no ha publicado datos concretos sobre las pérdidas y los daños, incluidas las familias en situación de riesgo y las desplazadas por las inundaciones en la zona, la cuestión del realojamiento se ha convertido ahora en una nueva crisis.

Temor por el futuro

De vuelta en Katmandú, Mingma Tamang se pregunta en voz alta si sobrevivirá sin su querido marido, su familia extensa, su casa y sus tierras.

«Voy a dar a luz a un nuevo bebé dentro de unos meses. Pero no tengo ni idea de cuándo este bebé me preguntará dónde está su hogar. ¿Quién es su padre? En una situación así, no podré responderle. Cuando pienso en el futuro, solo siento miedo e incertidumbre. No sé si podré comer o no. ¿De qué alimentaré al nuevo bebé?», preguntó Mingma.

Sudeep Thakuri, profesor asociado del Departamento Central de Medio Ambiente de la nepalí Universidad de Tribhuvan, advirtió de que hay más de 1500 lagos glaciares en Nepal y aún más en el Tíbet, que están conectados con Nepal y afectan al país. También advirtió de que unos 200 lagos de esta zona parecen encontrarse en una situación de riesgo.

En una entrevista con Onlinekhabar.com, Thakuri afirmó que este fenómeno se ha iniciado a una altitud de más de 5000 metros.

«El glaciar situado en la vertiente norte de Lamtang Lerung se encontraba a una altitud de casi 5000 metros. Al norte del mismo hay un valle fluvial situado a una altitud de 3000 metros. El iceberg cayó unos 2000 metros más abajo, desde los 5000 metros hasta los 3000», detalló el experto.

Y añadio que «por un lado, está la fuerza de la gravedad; por otro, el tamaño del iceberg caído también es considerable. Debe de haber caído muy rápidamente. Parece que pudo cobrar impulso debido a la gran pendiente del lugar».

Thakuri también defendió que Nepal debería exigir una indemnización a la comunidad internacional por esta catástrofe, afirmando que los daños deberían minimizarse mediante la cartografía de las zonas vulnerables, la implantación de un sistema de alerta temprana y la aplicación de políticas de ordenación del territorio.

T: MF / ED: EG

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