KATMANDÚ – Aquel día, el nepalí Subash Tamang estaba extrayendo arena a orillas del río Trishuli, cerca de la central hidroeléctrica de Trishuli, junto a su mujer, su hermano, su cuñada y otras dos familiares. De repente, se percató de que el agua brotaba a borbotones desde más arriba de la central hidroeléctrica. Lo primero que pensó fue que la presa se había roto.
En un instante, todo cambió. Él y su familia lo dejaron todo y corrieron hacia el río, desesperados por salvar sus vidas. Pero entonces vio algo aún más aterrador: enormes olas de agua se abalanzaban también desde el otro lado, arrastrando nubes de polvo y espeso lodo negro.
«No podía entender lo que estaba pasando», recuerda en diálogo con IPS. «parecía un monstruo que se abalanzaba sobre nosotros».
Iba de la mano de su mujer, intentando correr hacia la colina, cuando la crecida se lo llevó, arrastrándolo casi 500 metros río abajo. Impotente, vio cómo esas mismas aguas embravecidas se llevaban a su mujer, a su hermano, a su cuñada y a otros tres familiares ante sus propios ojos.
«La tenía de la mano y, de repente, la crecida se la llevó», recuerda.
Se rompió una pierna en la catástrofe. Más tarde, un helicóptero del ejército lo rescató y lo trasladó a Katmandú, donde ahora está recibiendo tratamiento en el Centro de Traumatología.
«Nuestro pueblo ha quedado reducido a ruinas», afirma. «No sé adónde iré después de esto», inquiere.
Rijan Bhakta Kayastha, profesor de la Universidad de Katmandú, explica que la catástrofe del 26 de agosto se desencadenó cuando un enorme bloque de glaciar y roca circundante se desprendió a altitudes comprendidas entre los 5200 y los 1200 metros sobre el río Lhande, en el Tíbet, justo al otro lado de la frontera.
El hielo y la roca que cayeron se convirtieron en una potente masa de lodo, que provocó una enorme cascada de agua, hielo y escombros hacia el río Lhande, en el Tíbet. Esa oleada desencadenó una inundación devastadora que se precipitó río abajo por el Bhotekoshi, causando una destrucción inmensa.
El número de víctimas mortales del desastre en Nepal ha ascendido a 1114, y 3996 personas siguen en paradero desconocido, según las cifras más recientes del gobierno.
Entre los desaparecidos se encuentran peregrinos hindúes nepalíes que se dirigían al lugar sagrado de Kailash-Mansarovar, en el Tíbet, así como turistas de al menos 39 países.
Las autoridades han recuperado cadáveres arrastrados por las inundaciones en los distritos de Rasuwa, Nuwakot, Dhading, Chitwan, Gorkha, Tanahun, Nawalparasi Este y Nawalparasi Oeste.
Bijay Jaisi, director general del Departamento de Carreteras, afirmó que las evaluaciones iniciales indican que los daños causados por las inundaciones solo en carreteras y puentes superan los 30 000 millones de rupias (198 millones de dólares).
Unos 80 kilómetros de carreteras han quedado arrasados y otros 40 kilómetros destruidos, mientras que 35 puentes de hormigón han sufrido daños y 53 puentes colgantes han sido arrastrados por las aguas.
La catástrofe ha causado estragos en la infraestructura hidroeléctrica de la región: los proyectos de Rasuwagadhi y Chilime han quedado destruidos, y al menos otros 13 proyectos hidroeléctricos en construcción en los distritos de Rasuwa y Nuwakot han sufrido daños importantes. El proyecto hidroeléctrico de Rasuwagadhi quedó completamente arrasado por la catastrófica crecida.
La inundación más devastadora
«Se trata de uno de los desastres más mortíferos de la historia moderna de Nepal», afirmó Dharmaraj Upreti, director ejecutivo de la Autoridad Nacional de Reducción y Gestión del Riesgo de Desastres. «Nunca antes nos habíamos enfrentado a una inundación tan devastadora y de tan gran alcance», agregó.
Este tipo de inundaciones no son exclusivas de Nepal. Se cree que, en 2015, un desastre similar se cobró la vida de unas 200 personas. Más recientemente, el 8 de julio de 2025, un desbordamiento repentino de un gran lago glaciar en el Tíbet provocó una crecida en el río Lende, que arrasó el puente Maitri en Rasuwagadhi y causó la muerte de al menos nueve personas.
Apenas tres semanas después, el 30 de julio, el Bhotekoshi se desbordó de nuevo, dañando carreteras y otras infraestructuras a lo largo del mismo corredor, según Binod Parajuli, hidrólogo jefe de la División de Previsión de Inundaciones de Nepal.
Arun Bhakta Shrestha, experto en cambio climático y glaciares del Himalaya, lo describe como un «tsunami de montaña».
Kayastha explica que, en un primer momento, se pensó que el desastre había sido provocado por el desbordamiento de un lago glaciar.
Pero las imágenes de satélite mostraron algo diferente: un gran trozo de glaciar del lado nepalí se desprendió y se deslizó hacia abajo. Debajo se encontraba lo que los expertos denominan un «glaciar cubierto de escombros», una mezcla de hielo y grava.
Cuando esa masa se derrumbó, el hielo y su contenido comenzaron a derretirse, liberando una oleada de agua del lago glaciar. Dado que el terreno subyacente es extremadamente escarpado, la mezcla descendió a gran velocidad, arrasando el terreno junto al río y convirtiéndose rápidamente en una inundación devastadora.
Según el Centro Internacional para el Desarrollo Integrado de las Montañas (Icimod, en inglés), las investigaciones realizadas a lo largo de 50 años de seguimiento revelan que 89 % de los años registrados experimentaron un balance de masa glaciar negativo.
Es fundamental destacar que la tasa de pérdida de hielo glaciar se duplicó a partir del año 2000 en comparación con las décadas anteriores, precisa el centro.
Entre 1990 y 2020, los glaciares del Hindu Kush-Himalaya perdieron aproximadamente 12 % de su superficie total y 9 % de su volumen de hielo estimado, lo que supone una pérdida acumulada de hasta 27 metros de espesor de hielo desde 1975.
Arun Bhakta Shrestha explicó que el aumento de las temperaturas está derritiendo la superficie del glaciar, lo que permite que el agua de deshielo se infiltre en el hielo. A medida que esta agua se filtra hacia abajo, ensancha las grietas existentes y forma nuevas fracturas denominadas grietas.
«Las grietas se están multiplicando rápidamente y, a medida que más agua se vierte en ellas, se hacen más anchas y más profundas», afirmó Shrestha.
Añadió que eEl agua de deshielo que se desplaza a través del glaciar puede llegar hasta el lecho rocoso subyacente, socavando grandes masas de hielo hasta que se derrumban. Este es precisamente el proceso que estamos presenciando ahora. El aumento de las temperaturas está acelerando la expansión de estas fisuras».
Kayastha señaló que las grietas del glaciar, que llevaban varios meses presentes, podrían haberse ensanchado. Añadió que el análisis de imágenes satelitales podría haber ayudado a minimizar los daños, pero que dichas imágenes no se revisaron.
El cambio climático está remodelando las altas montañas de Nepal
El glaciólogo Mohan Bahadur Chand advierte de que el cambio climático está remodelando las altas montañas de Nepal de tal forma que aumenta la probabilidad de que se produzcan nuevos tipos de desastres naturales.
Según él, en los últimos años el paisaje se ha vuelto cada vez más inestable. Antes, la nieve se acumulaba suavemente y se asentaba en las partes bajas de las laderas. Pero a medida que suben las temperaturas y los glaciares retroceden hacia las partes altas, el suelo desnudo queda al descubierto. Ahora hay secciones de roca y hielo que quedan «colgando» precariamente de las laderas de las montañas.
«Tarde o temprano se caerán», afirmó Chand. «Veremos más procesos de este tipo en los próximos días», alertó.
Tres días después de la devastadora inundación del 26 de agosto, Ekat Bahadur Thapa se encontraba en el Hospital Universitario de Tribhuvan, en Katmandú, colocando fotografías de su hijo y su sobrino en el tablón de personas desaparecidas.
Contó a IPS que su hijo, Subindra Thapa, de 28 años, y su sobrino, Resham Bahadur Thapa, de 33, conducían ese día por la frontera entre China y Nepal. Thapa contó que le llamaron para decirle que estaban listos para transportar a personas de Nepal a China y que volverían a casa pronto.
Cuando se conoció la noticia de la inundación, Thapa intentó llamar a su hijo, pero la llamada no se conectaba. Se dijo a sí mismo que debían de haber encontrado refugio en el lado chino. Aun así, al caer la tarde, no había noticias de ninguno de los dos. Pero al pasar tres días desde la inundación sin saber nada de ellos, esa esperanza empezó a desvanecerse.
Recorrió apresuradamente un hospital tras otro por todo Katmandú, buscando desesperadamente a los supervivientes, pero no estaban allí. Se dirigió a los ríos donde se habían recuperado cadáveres, aferrándose a una esperanza remota.
«Cuando tampoco los encontró allí, regresó a su pueblo con el corazón encogido», dijo Thapa, de 58 años.
El miércoles, ocho días después de su desaparición, Thapa celebró los ritos funerarios según la tradición hindú, convencido de que los restos eran los de ellos.
Las lágrimas le corrían por el rostro. «Qué duro debe de haber sido para ellos», dijo con la voz entrecortada, «cuántas veces deben de haber intentado escapar».
Añadió: «Que sus almas descansen en paz, estén donde estén».
«El sistema de alerta temprana se retrasó porque no pudimos detectar la crecida a tiempo», explicó Binod Parajuli, hidrólogo jefe de la Autoridad Nacional de Reducción y Gestión del Riesgo de Desastres.
«Solo pudimos actuar 15 minutos después de que la crecida entrara en Nepal. Para entonces, ya se habían producido daños en Rasuwa. Cuando por fin enviamos mensajes de alerta temprana a todo el mundo, la gente supuso que no sería mucho peor que las crecidas anteriores. Pero los daños acabaron siendo mucho mayores», detalló.
Parajuli continuó: «No pudimos detectar la crecida a tiempo porque comenzó fuera de nuestra zona de vigilancia. Para cuando llegó a Nepal, disponíamos de muy poco tiempo para reaccionar. Nuestro sistema envía alertas por SMS cuando detecta precipitaciones, pero este suceso no comenzó con el tipo de lluvia que solemos monitorizar, lo que dificultó emitir alertas a tiempo».
Añadió que se trata de un tipo específico de flujo de escombros en cascada y que aún no se han desarrollado sistemas de alerta temprana para este tipo de fenómenos.
Kayastha señaló que el año pasado, cuando se produjo la inundación, la zona se consideraba altamente vulnerable.
También se recomendó al gobierno de Nepal que instalara un sistema de alerta temprana, lo cual no habría supuesto un gran gasto. El plan incluía la instalación de dos sensores de nivel de agua, una estación de monitorización y cámaras sobre el terreno para que la población pudiera recibir información sobre las inundaciones con mayor rapidez.
«No pudimos salvar a la población de las zonas altas, pero sí a la de las zonas situadas río abajo», afirmóa Rajendra Mishra, secretario del Ministerio de Agricultura, Bosques y Medio Ambiente. «Esta inundación nos enseñó que limitarse a enviar un mensaje no es lo mismo que una alerta temprana», agregó.
Afirmó que era importante comprender exactamente quiénes y qué estaban en peligro. «Solo así podremos crear un sistema que observe los riesgos en tiempo real, comunique las alertas de forma eficaz y prepare a las comunidades para las emergencias. Esta inundación fue una advertencia: podrían producirse de nuevo inundaciones de mayor magnitud», dijo.
«Muchas personas tampoco se tomaron en serio la alerta temprana», señaló el profesor Kumar Dahal, geólogo de ingeniería y experto en riesgos geológicos. «Las alertas deben comunicarse en un lenguaje claro y sencillo que todo el mundo pueda entender», remarcó.
La concienciación sobre los desastres debe comenzar desde la infancia
Añadió que la concienciación sobre los desastres también debería incluirse en los planes de estudios escolares desde una edad temprana, para que las personas comprendan los riesgos y sepan cómo actuar. Es necesario comprender mejor el proceso de comunicación de riesgos.
Manish Raj Pandey, responsable de cambio climático del Fondo Nacional para la Conservación de la Naturaleza, señaló que la topografía de la región es un factor clave.
Afirmó: «Los glaciares y los lagos que forman, junto con los humedales de baja altitud, se están expandiendo por diversas razones. En Nepal, esta combinación de terreno escarpado, glaciares y lagos glaciales aumenta el riesgo de inundaciones. Al mismo tiempo, el aumento de las temperaturas provocado por el cambio climático está intensificando estos peligros».
«Las graves inundaciones de Nepal se deben en gran medida a los riesgos de alta montaña —especialmente las avalanchas de glaciares y de hielo rocoso—, agravados por un clima cada vez más cálido que está desestabilizando el hielo, el permafrost y las laderas en todo el Himalaya», afirmó Basantraj Adhikari, director del Centro de Estudios sobre Desastres del Instituto de Ingeniería de la Universidad de Tribhuvan.
«No podemos detener las inundaciones, pero sí podemos reducir los daños que causan», afirmó Kayastha. Para ello, señaló, los glaciares y los lagos glaciares necesitan una vigilancia las 24 horas del día, con personal específico designado para supervisarlos.
Afirmó que el gobierno también debería instalar estaciones de medición del nivel del agua en los ríos alimentados por estos glaciares y establecer un sistema de alerta temprana. En estas estaciones se pueden colocar cámaras de campo para proporcionar datos en tiempo real, y su instalación no resulta cara.
Adhikari señaló que, a medida que los asentamientos continúan expandiéndose a lo largo de las riberas de los ríos, los gobiernos locales, provinciales y federales deben aplicar una vigilancia más estricta. Las autoridades locales, añadió, deberían aplicar rigurosamente una planificación del uso del suelo que tenga en cuenta los riesgos.
Kayastha explicó: «Muchos asentamientos ribereños no se encuentran en lugares seguros; este patrón es evidente en todo Nepal. De cara al futuro, la ubicación de los nuevos asentamientos debe evaluarse cuidadosamente».
Nandalal Gharti yace en la unidad de cuidados intensivos del Centro de Traumatología con heridas graves. Aquella mañana, estaba trabajando en el recinto aduanero de Timure cuando vio a la multitud corriendo. Agarró a su hijo menor y huyó. Cuando la corriente los alcanzó, Nandalal empujó a su hijo lejos de un muro que se derrumbaba, pero, momentos después, las aguas de la riada se los llevaron a ambos.
Dijo que no tenía ni idea de que se avecinara una riada tan enorme. El sol brillaba con fuerza justo antes de la catástrofe.
Gharti quedó sepultado bajo un espeso lodo durante varios minutos. Asfixiándose en la oscuridad, creyó que había llegado su hora. Con un último esfuerzo, logró liberarse, solo para quedar atrapado entre dos casas. Se liberó por segunda vez y se subió a un trozo de madera a la deriva. Desde allí, vio cómo la zona desaparecía bajo el barro en cuestión de segundos.
Más tarde, un helicóptero de rescate lo localizó aferrado a la madera y lo trasladó, junto con otras tres personas, a un lugar seguro.
«Pensé que iba a morir. Pensé que toda mi familia también moriría», dijo Gharti a IPS.
Cinco personas que estaban a su lado siguen desaparecidas tras la inundación, entre ellas su hija de 10 años, su hijo de 12, su hermano y su cuñada.
Está recibiendo tratamiento en el centro de traumatología. «Después de sobrevivir, no tenemos adónde ir», dijo. «Hemos perdido a nuestra familia y todas nuestras pertenencias», lamentó.


