GINEBRA – La temporada de incendios de 2026 redujo a cenizas cerca de seis millones de hectáreas en Europa y América del Norte, lo que para agencias de las Naciones Unidas reafirma la urgente necesidad de reforzar las inversiones en prevención, resiliencia de los territorios y adaptación al cambio climático.
Paola Deda, directora de la División de Medio Ambiente y Bosques de la Comisión Económica para Europa (Cepe) de la ONU, observó que “cada verano (boreal) nos recuerda que los incendios forestales ya no son un evento excepcional, sino una consecuencia cada vez más previsible del calentamiento global”.
“Si bien las intervenciones de emergencia siguen siendo esenciales, nuestra mayor oportunidad reside en la prevención, la gestión sostenible de los bosques y el establecimiento de paisajes y comunidades más resilientes”, agregó Deda.
Según la Cepe, más de 434 000 hectáreas ya han sido destruidas por los incendios de este año en el continente en 2026 en el continente europeo.
En Francia, los incendios que han afectado a la sudoccidental región de la Gironda han destruido cerca de 42 000 hectáreas de pinares y han provocado la evacuación de decenas de miles de habitantes y turistas.
Entre 2006 y 2025, la superficie total arrasada cada año por los incendios en Francia fue en promedio de unas 15 000 hectáreas de media. Hasta el 28 de julio, el incendio declarado apenas seis días antes al oeste de Burdeos, la gran ciudad de la Gironda, había quemado casi tres veces esa superficie.
España ya superó las 200 000 hectáreas quemadas, el doble de su media anual histórica, y más de 300 000 personas han sido evacuadas de sus hogares. En Andalucía (sur), un incendio forestal este julio causó la muerte de 14 personas.
Los incendios avanzaron peligrosamente sobre Madrid en la segunda quincena de julio, y arrasaron extensas áreas de esa comunidad y las vecinas provincias de Ávila y Toledo. Miles de hectáreas ardieron en las noroccidentales provincias de Zamora y León, y en la oriental de Castellón.
Grecia se ha visto afectada por incendios incluso alrededor de su capital, Atenas, y en la isla de Creta un incendio forestal forzó la evacuación de 8000 personas (5000 turistas) y en el combate al fuego perecieron dos bomberos.
En Italia los incendios arrasaron más de 11 000 hectáreas en la noroccidental región del Piamonte y en las islas de Cerdeña y Sicilia. También han castigado varias áreas en el norte de Portugal.
Al otro lado del Atlántico, el balance es aún más vasto y grave: cerca de 1,85 millones de hectáreas ardieron en Estados Unidos y 3,8 millones en Canadá, donde decenas de incendios gigantes permanecen “fuera de control”, y sus nubes de hume y cenizas cruzan las fronteras.
Las agencias de la ONU recuerdan que nueve de cada 10 incendios forestales son causados por la actividad humana, ya sea por negligencia o por actos deliberados.
La Cepe recordó que los incendios forestales amenazan vidas, destruyen viviendas e infraestructuras, y obligan a las poblaciones a desplazarse. Y mucho más allá de las zonas afectadas, el humo puede recorrer cientos de kilómetros, degradar la calidad del aire y aumentar los riesgos de enfermedades respiratorias y cardiovasculares.
El costo económico es también considerable. Solo en la Unión Europea (27 países), los incendios cuestan anualmente alrededor de 2500 millones de euros en pérdidas por daños materiales, perturbaciones económicas e impactos en los ecosistemas.
Son cifras parciales, ya que las consecuencias persisten mucho después de la extinción de las llamas, con la degradación de la biodiversidad, la disminución de la productividad de las tierras y la necesaria restauración de los paisajes.
La Cepe expuso que muchos de los inicios de incendios pueden evitarse mediante una mejor sensibilización del público, una regulación más estricta, restricciones temporales durante los períodos de riesgo extremo de incendio y un comportamiento responsable en los bosques y espacios naturales.
Recordó que, en 2021, los incendios forestales emitieron aproximadamente 1800 millones de toneladas de dióxido de carbono (CO₂), el gas de efecto invernadero que por su volumen más contribuye al calentamiento planetario.
Y entre 2001 y 2023, las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero relacionadas con los incendios aumentaron alrededor de 60 %, y las de los bosques boreales de Europa, América del Norte y Asia Central casi se triplicaron.
Deda subrayó que así “se alimenta un círculo vicioso, en el que el calentamiento favorece los incendios, que a su vez agravan el cambio climático”.
La Cepe propone una estrategia de enfoque global, que combine prevención, evaluación de riesgos, vigilancia, detección temprana, medios de intervención y restauración de las zonas siniestradas, con el objetivo de aumentar la resiliencia de los bosques y de las comunidades que dependen de ellos.
Ese enfoque se hace más urgente por cuanto el cambio climático intensifica el riesgo de incendio. El aumento de las temperaturas, las sequías prolongadas, las olas de calor y la evolución de los regímenes de precipitaciones alargan las temporadas de incendios y exponen a regiones hasta ahora relativamente poco afectadas.
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