Las idas y vueltas de la Asamblea General de la ONU con sus oradores controversiales

El líder de la Organización para la Liberación de Palestina, Yasser Arafat, tuvo que llegar a la ONU en helicóptero en 1974 para participar en la Asamblea General. Catorce años después, en 1988, se le negó una visa estadounidense para una segunda participación en la ONU, lo que llevó al organismo mundial a trasladar temporalmente su sede a Ginebra para que pudiese hablar. Imagen: Michos Tzovaras / ONU

NACIONES UNIDAS – Las Naciones Unidas se enfrentan a dos elecciones cruciales este año: la elección de un nuevo secretario general, sin fecha confirmada para la votación, y la elección de un nuevo presidente de la 81 Asamblea General, prevista para el 2 de junio.

De acuerdo con la rotación geográfica establecida, el presidente de la próxima sesión será elegido del Grupo de Asia-Pacífico, con dos candidatos en liza: Khalilur Rahman, de Bangladés, que actualmente ocupa el cargo de ministro de Asuntos Exteriores, y Andreas S. Kakouris, secretario permanente del Ministerio de Asuntos Exteriores de Chipre.

Un tercer candidato: Riyad Mansour, de Palestina, se retiró de la carrera.

La doble candidatura rompe una larga tradición según la cual solo se presentaba un candidato por cada grupo geográfico al cargo de presidente de la Asamblea General.

Según una de las normas establecidas, los discursos ante la Asamblea General estaban limitados a 15 minutos, aunque rara vez se hacía cumplir esta norma.

El discurso más largo —269 minutos— se atribuyó a Fidel Castro, de Cuba, en una sesión de la Asamblea General celebrada el 26 de septiembre de 1960. Pero el discurso más largo jamás pronunciado en la ONU fue el de V.K. Krishna Menon, de la India. Su intervención ante el Consejo de Seguridad se realizó durante tres sesiones celebradas los días 23 y 24 de enero de 1957 y duró más de ocho horas.

En una época ya pasada, la Asamblea General fue también el centro de varios acontecimientos políticos memorables en la historia del organismo mundial.

Cuando a Yasser Arafat se le denegó el visado estadounidense para visitar Nueva York y dirigirse a las Naciones Unidas allá por 1988, la Asamblea General desafió a Estados Unidos trasladando temporalmente el máximo órgano de toma de decisiones de la ONU a Ginebra -quizás por primera vez en la historia de la ONU-, proporcionando así un entorno político menos hostil y una plataforma al líder de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP).

Arafat, que se dirigió por primera vez a la ONU en 1974, lanzó una pulla a Washington al comenzar su declaración en Ginebra con estas palabras: «Nunca se me ocurrió que mi segunda reunión con esta honorable Asamblea, desde 1974, tendría lugar en la hospitalaria ciudad de Ginebra».

En su visita de 1974 para dirigirse a la Asamblea General, evitó a los cientos de manifestantes a favor y en contra de Arafat que se encontraban fuera del edificio de la ONU llegando en un helicóptero que aterrizó en el Jardín Norte del recinto de la ONU, junto al East River.

Cuando se dirigió a la Asamblea General, hubo informes contradictorios sobre si Arafat llevaba o no un arma en su funda -«en una casa de paz»- que, al parecer, no era visible para los delegados.

Una noticia afirmaba que se había visto a Arafat «llevando su cinturón de armas y su funda, y quitándose a regañadientes la pistola antes de subir a la tribuna». «Hoy he venido trayendo una rama de olivo y el arma de un luchador por la libertad. No dejen que la rama de olivo se me caiga de la mano», dijo a la Asamblea.

Para aclarar las cosas, Samir Sanbar, exsecretario general adjunto de la ONU y jefe del antiguo Departamento de Información Pública, declaró a IPS que se acordó discretamente que Arafat conservaría la funda, mientras que el arma se entregaría a Abdelaziz Bouteflika, entonces ministro de Asuntos Exteriores y posteriormente presidente de Argelia (1999-2019).

Por cierto, cuando los manifestantes anti-Arafat de Nueva York gritaban en la Primera Avenida: «Arafat, vete a casa», sus partidarios replicaron que eso era precisamente lo que él quería: un hogar al que pudieran ir los palestinos.

Aunque Arafat llegó a la ONU, algunos de los líderes más controvertidos del mundo, entre ellos el iraquí Sadam Husein, el sirio Hafez al Assad y su hijo Bashar al Assad, y el norcoreano Kim Il-sung y su nieto Kim Jong-un, nunca ise aventuraron a intentar llegar la ONU para dirigirse a la Asamblea General.

Ernesto Che Guevara, entonces ministro de Industrias de Cuba, se dirige a la Asamblea General el 11 de diciembre de 1964. Imagen: TC / ONU

Mientras tanto, cuando el carismático Ernesto Che Guevara, que en su día fue el segundo al mando del líder cubano Fidel Castro, se encontraba en la ONU para intervenir en las sesiones de la Asamblea General, allá por 1964, la sede de la ONU sufrió un ataque -literalmente-. El discurso del revolucionario marxista nacido en Argentina quedó momentáneamente ahogado por el sonido de una explosión.

Las fuerzas anticastristas en Estados Unidos, supuestamente respaldadas por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), habían montado una insidiosa campaña para impedir que el Che Guevara hablara.

Se disparó un bazuca de 3,5 pulgadas contra el edificio de la Secretaría, de 39 plantas, situado junto al East River, mientras se llevaba a cabo una ruidosa manifestación anticastrista y anti-Che Guevara, inspirada por la CIA, frente al edificio de la ONU en la Primera Avenida y la calle 42 de Nueva York.

Pero el lanzacohetes -que aparentemente no era tan sofisticado como los misiles lanzados desde el hombro y las granadas propulsadas por cohete de hoy en día- falló su objetivo, hizo vibrar las ventanas y cayó al río a unos 200 metros del edificio. Un reportaje periodístico lo describió como «uno de los episodios más salvajes desde que las Naciones Unidas se trasladaron a su sede del East River en 1952».

Como recordarían los veteranos empleados de la ONU, el fallido atentado con bomba de 1964 contra el edificio de la ONU tuvo lugar cuando el Che Guevara lanzó un feroz ataque contra la política exterior estadounidense y denunció un pacto de desnuclearización propuesto para el hemisferio occidental. Fue uno de los primeros atentados terroristas de motivación política conocidos contra las Naciones Unidas.

Tras su discurso ante la Asamblea, se le preguntó al Che Guevara por el atentado dirigido contra él. «La explosión le ha dado más sabor a todo», bromeó, mientras daba una calada a su puro cubano.

Cuando un periodista le informó de que la policía de Nueva York había detenido a una mujer, descrita como una exiliada cubana anticastrista, que había sacado un cuchillo de caza y saltado el muro de la ONU con la intención de matarlo, el Che Guevara dijo: «Es mejor que te mate una mujer con un cuchillo que un hombre con una pistola».

Mientras tanto, en 2004, cuando la Organización de la Unidad Africana (OUA), predecesora de la actual Unión Africana (UA), prohibió a los líderes golpistas participar en las cumbres africanas, el secretario general Kofi Annan destacó la decisión de la OUA como un modelo futuro para castigar a los dictadores militares de todo el mundo.

Annan fue un paso más allá y dijo que tenía la esperanza de que algún día la Asamblea General siguiera los pasos de la OUA y prohibiera a los líderes de gobiernos militares dirigirse a la Asamblea General.

La propuesta de Annan fue una primicia histórica. Pero nunca llegó a materializarse en una institución donde los Estados miembros, y no el secretario general, tienen la última palabra.

Annan, un ciudadano de Ghana conocido por no tener pelos en la lengua, también afirmó que «algunos líderes africanos siguen acumulando miles de millones de dólares de fondos públicos, incluso mientras las carreteras se desmoronan, los sistemas sanitarios fallan, los escolares carecen de libros, pupitres y profesores, y los teléfonos no funcionan»

También arremetió contra los líderes africanos que derrocaban regímenes democráticos para hacerse con el poder por medios militares.

Mientras tanto, entre los líderes militares que se dirigieron a la ONU se encontraban Fidel Castro de Cuba, el coronel Muamar el Gadafi de Libia, Amadou Touré de Malí (que asumió el poder tras un golpe de Estado en 1991, pero que más tarde ejerció como presidente elegido democráticamente) y Jerry Rawlings de Ghana (que tomó el poder en 1979, ejecutó a antiguos jefes de Estado, pero que más tarde ejerció como presidente civil elegido en unas elecciones democráticas).

Como informó el International Herald Tribune, Rawlings fue «el primer exlíder militar de África en permitir que los votantes eligieran a su sucesor en unas elecciones multipartidistas».

En octubre de 2020, The New York Times informó de que al menos 10 líderes civiles africanos se negaron a abandonar el poder y, en su lugar, modificaron sus constituciones para ejercer un tercer o cuarto mandato, o para gobernar de por vida.

Entre estos líderes se encontraban los presidentes de Guinea (que se presentaba a un tercer mandato), Costa de Marfil, Uganda, Benín, Burkina Faso, la República Centroafricana, Ghana y Seychelles, entre otros. El único país en el que el titular del cargo iba a dejar el poder era Níger.

Condenando todos los golpes militares, el Times citó a Umaro Sissoco Embalo, presidente de Guinea-Bissau, diciendo: «Los terceros mandatos también cuentan como golpes».

Allá por 1977, un activista separatista y abogado londinense, Krishna Vaikunthavsan, que hacía campaña a favor de un Estado tamil independiente en Sri Lanka, se coló subrepticiamente en la ONU y prácticamente secuestró la Asamblea General cuando se dirigió al estrado por delante del ministro de Asuntos Exteriores del país, ACS Hameed, el orador previsto, y arremetió contra su gobierno por violaciones de los derechos humanos y crímenes de guerra.

Cuando el presidente de la Asamblea se dio cuenta de que tenía un intruso, le cortó el micrófono en cuestión de minutos y llamó a los guardias de seguridad para que expulsaran a la fuerza al intruso de la sala. Y mientras se dirigía al estrado, se hizo un silencio sepulcral y el imperturbable Hameed, sin que ninguno de sus delegados le diera pie, soltó una frase final fascinante.

«Quiero dar las gracias al orador anterior por haber hecho un discurso breve», dijo, mientras la Asamblea, conocida por tolerar discursos prolijos y aburridos, estallaba en carcajadas.

Por otra parte, un agente de seguridad recordó en una ocasión un incidente en el que el primer ministro de un país africano, mientras se dirigía a la Asamblea General, fue interrumpido por un grupo de estudiantes africanos.

Como suele ocurrir con los abucheadores, el bullicioso grupo fue sacado de la tribuna de visitantes, interrogado, fotografiado y se le prohibió la entrada a las instalaciones de la ONU.

Pero unos cinco años más tarde, uno de los abucheadores regresó a la ONU -esta vez, como ministro de Asuntos Exteriores de su país- y se dirigió al organismo mundial.

T: MF / ED: EG

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