TRABAJO-EGIPTO: Nueva batalla por salarios dignos

El obrero Mohamed El-Abyad recibió un aumento de sueldo de 20 por ciento, pero no le alcanza para pagar la escuela de sus hijos, un problema que sufren muchas personas en Egipto.

Muchos trabajadores egipcios no pueden cubrir sus gastos básicos. Crédito: Cam McGrath/IPS
Muchos trabajadores egipcios no pueden cubrir sus gastos básicos. Crédito: Cam McGrath/IPS
Después de costear el alquiler de su apartamento y los servicios de luz y agua, a El-Abyad le queda el equivalente a 20 dólares al mes para alimentar a su familia. Y aunque la educación es obligatoria, debió sacar a sus hijos del colegio.

"Quiero que aprendan, pero la situación es difícil", se justificó.

Su hijo mayor, Hassan, de 16 años, trabaja en una cantera, donde gana unos dos dólares diarios.

Expertos señalan que la alta tasa de deserción escolar y el analfabetismo generalizado —de más de 40 por ciento— son consecuencia de la pobreza. Los trabajadores critican al gobierno por resistirse deliberadamente a mejorar los sueldos, que se ubican entre los más bajos del mundo.
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No obstante, hay algunas señales de que la situación podría cambiar.

Este país acaba de aprobar por primera vez un salario mínimo para el sector privado, igualándolo con el que rige para los empleados públicos desde julio, fijado en 700 libras egipcias (117 dólares) mensuales.

La decisión del gobierno interino, a cargo del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, fue adoptada luego de una larga batalla de los trabajadores por un sueldo digno.

En el caso de los empleados públicos, el salario mínimo permaneció en 35 libras egipcias (unos seis dólares, según la cotización actual) por más de 25 años.

"Es un mal chiste", dijo El-Abyad. "Los empresarios dicen que no pueden pagarle más a los trabajadores, pero viven en enormes casas y conducen automóviles lujosos".

La lucha por un salario digno ha llevado más tiempo del que El-Abyad puede recordar. Hosni Mubarak, cuyo régimen fue derrocado en febrero, pensó que mantendría bajo control a los trabajadores influyendo en los sindicatos y adoptando severas leyes que les impedían organizarse y realizar huelgas.

Pero fueron justamente los trabajadores quienes precipitaron la caída del régimen.

Una ola de fuertes protestas por bajos salarios y primas impagas, iniciada hace cinco años, tomó dimensiones políticas en la norteña ciudad industrial de Mahalla El-Kubra, en abril de 2008, y posteriormente engendró los movimientos juveniles que fueron clave en el derrocamiento de Mubarak.

La inseguridad laboral continúa bajo el gobierno de transición, que mantiene las políticas centrales de la era Mubarak y solo procura atender en forma gradual las demandas de los trabajadores.

Estos ahora presionan para que el gobierno establezca un salario mínimo de por lo menos 1.200 libras egipcias (200 dólares) al mes, con el argumento de que es el presupuesto menor para cubrir los gastos básicos de un hogar.

"¿Cómo podemos vivir con 700 al mes?", preguntó Ibrahim Barakat, un inspector de contadores de gas. "En El Cairo tienes suerte si encuentras un apartamento pequeño por ese precio. Pero tienes que comer, y eso es muy caro también", añadió.

Economistas del gobierno alertaron que elevar el salario mínimo recargaría el presupuesto público y aceleraría la inflación. Insistieron en que sueldos más altos reducirían la competitividad de Egipto y ahuyentarían a los inversores.

Pero Samir Radwan, exministro de Finanzas, cuestionó esos argumentos en una entrevista realizada por IPS el año pasado.

El aumento del salario mínimo, por el contrario, incrementaría la productividad y mejoraría la competitividad de Egipto a largo plazo, dijo entonces. Cualquier consecuencia en la inflación sería manejable, aseguró.

Sin embargo, fue el propio Radwan que, como ministro de Finanzas, claramente procuró una solución global que evitara un aumento de la presión inflacionaria y del gasto público. En julio, se acordó de incrementar gradualmente el salario mínimo para los empleados del gobierno de 700 a 1.200 libras egipcias a lo largo de cinco años.

Pero, considerando que la inflación urbana ya ronda en 12 por ciento, grupos locales por los derechos de los trabajadores señalaron que el aumento no sería real.

"Si calculas el valor real de 1.200 libras egipcias en cinco años, descubrirás que representa el mismo poder adquisitiva que se tiene hoy con 700 libras", explicó Tamer Fathy, portavoz del Centro de Servicios para Sindicatos y Trabajadores. "Por lo tanto, no habrá cambiado nada".

Las autoridades aseguraron que uno de cada 10 egipcios se beneficiarían del salario mínimo, pero Adel Zakariya, encargado de programas del Centro, alertó que habría muchas excepciones y por tanto se reduciría el impacto de la medida.

"En los hechos, muy pocos trabajadores se beneficiarán", afirmó.

Por ejemplo, según el Ministerio de Trabajo, el salario mínimo no se aplicaría a las pequeñas y medianas empresas con menos de 10 empleados, o a compañías que presenten "pruebas suficientes" de no poder pagar los sueldos exigidos. El vacío legal podría ser aprovechado por muchas empresas.

Además, tampoco están previstos mecanismos para supervisar la aplicación del salario mínimo en compañías públicas, oficinas de gobierno o en el tambaleante sector turístico, que emplea a uno de cada ocho trabajadores en este país.

También hay muchas dudas sobre qué impacto tendría un salario mínimo obligatorio en un mercado laboral con una notoria falta de regulación. De ser presionados, muchos trabajadores privados podrían optar por la informalidad, que según estudios ya abarca a 75 por ciento de la mano de obra en ese sector.

Mientras, activistas y trabajadores prometen intensificar su campaña por sueldos dignos.

"Continuaremos con la presión y las huelgas hasta alcanzar un salario mínimo adecuado", señaló Zakariya.

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