COOPERACIÓN-BRASIL: De país beneficiario a donante

Aunque sus recursos todavía no son significativos comparados con los que acumula el mundo industrializado, la cooperación internacional de Brasil creció de modo considerable en los últimos ocho años. Con ello estableció un cambio de paradigma: pasó de ser receptor de ayuda a brindarla.

Las cifras de la Agencia Brasileña de Cooperación (ABC), vinculada al Ministerio de Relaciones Exteriores, confirman la tendencia al alza de la cooperación técnica internacional, 53 por ciento de la cual fue a países africanos y el resto a sus vecinos latinoamericanos.

La ayuda se duplicó de 2007 a 2008 y se triplicó entre 2009 y el año pasado, cuando llegó a sumar 50 millones de dólares. "No es mucho respecto de lo que aportan los países del Norte", admitió en entrevista con IPS el director de la ABC, Marco Farani.

Pero es "muy importante" porque, a diferencia de los países ricos que habitualmente dejan en manos de terceros la cooperación como consultoras internacionales u organizaciones no gubernamentales, la ayuda brasileña es "personalizada", aclaró.

Se refiere a la transferencia a beneficiarios de tecnología de políticas públicas que han tenido éxito en Brasil, a través del envío de técnicos de este país en áreas de cooperación como agricultura, salud, gobernanza y educación.
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El fortalecimiento de la política de cooperación Sur-Sur, basada en la solidaridad, fue llevada adelante en los ocho años de gobierno del izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva y continúa desde el 1 de enero con su sucesora y correligionaria del Partido de los Trabajadores, Dilma Rousseff, según el funcionario.

Farani explicó que el mandato de Lula fue el de intensificar la "cooperación técnica como instrumento de la política exterior", en el marco de una estrategia regional y mundial "más afirmativa". Añadió que el cambio de paradigma fue favorecido por el crecimiento constante de la economía de Brasil, que hoy es la séptima mayor del mundo.

Ante este avance, el Programa Mundial de Alimentos (PMA) decidió abrir una oficina en territorio del gigante sudamericano. Con esa misión está en el país el director interino de esta agencia especializada de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Gemmo Lodesani.

La oficina, que buscará convertirse en un Centro de Excelencia para Alimentación Escolar, Nutrición y Seguridad Alimentaria, será sustentada los dos primeros años por un fondo del Ministerio de Educación de Brasil y, según Lodesani, "será un emblema" de la nueva política brasileña de cooperación internacional.

La estrategia es sumar y extender experiencias hacia otros países tanto la del PMA, que tiene programas de alimentación escolar en 50 países, como la de Brasil, que por vía de un programa similar beneficia a 47 millones de alumnos.

Lodesani dijo a IPS que es fundamental la "autoridad moral" que le otorga a Brasil el haber obtenido resultados positivos en el campo de la alimentación escolar, a la par de que estimula la agricultura familiar y la seguridad alimentaria. Todo eso amparado con "una base legal muy fuerte", apuntó.

Brasil "cambió de manera drástica" su perfil en el marco de la cooperación internacional. A modo de ejemplo detalló que el PMA pasó a recibir apoyo de Brasil por primera vez a partir de 2008, cuando aportó un millón de dólares, para luego aumentar a casi 16 millones en 2009 y 13 millones en 2010. Para este año está prevista la entrega de 27 millones.

"Hasta hace poco Brasil era un país que recibía ayuda y en los últimos años se transformó en un país que la brinda", subrayó el directivo del PMA. Esa "política externa visible" es fundamental para un país que busca cumplir un papel protagónico en el mundo, apuntó.

Un interés político de "prestigio" internacional que Farani reconoce, pero que no vincula a un interés de "intervención política". Se trata de una asistencia sin condiciones, con políticas construidas a la par de los gobiernos receptores, puntualizó.

"Ignoramos la cuestión política y trabajamos a nivel técnico para ayudar a fortalecer los Estados y no a los gobiernos" y poder así adquirir autonomía", añadió.

El vicepresidente del privado Centro Brasileño de Relaciones Internacionales, Marcos Azambuja, entiende que hay otros motivos que explican el "interés de ayudar". Asistiendo a otros "se gana por el sentimiento de haber hecho el bien, que es intangible, hacia personas que están sufriendo".

Azambuja explicó que la cooperación se basa "en la conciencia de que llega a países intermedios, como el mismo Brasil", con el "deber de ayudar a corregir las desigualdades extremas".

Pero también cree que cooperar "da influencia y prestigio" internacional, porque es un instrumento de seducción" y de "convencimiento" que después el beneficiario tiende a "imitar el modelo del país que ayuda". "Quien ofrece ayuda o tecnología después prioriza la contratación de quién lo ayudó" o compra, resumió. En respuesta, Farani niega categóricamente que la asistencia de la ABC tenga intereses económicos o comerciales, pues no tiene vínculos con el sector privado sino con organismos técnicos estatales. A lo cual Azambuja aclara que su comentario se refiere en particular a otro tipo de asistencia, como por ejemplo los créditos externos otorgados por el estatal Banco Nacional de Desarrollo (BNDES).

Rubens Barbosa, de la Federación de Industrias del Estado de Sao Paulo, precisó que los préstamos a los países en desarrollo del BNDES y ahora del también estatal Banco de Brasil sumaron más de 3.500 millones de dólares entre 2008 y el primer trimestre de 2010.

También mencionó, entre otros, el aumento de la contribución brasileña a la Corporación Andina de Fomento, de unos 300 millones de dólares, y de 470 millones de dólares para el Fondo de Convergencia Estructural del Mercosur (Mercado Común del Sur), que Brasil conforma con Argentina, Paraguay y Uruguay.

En una nota publicada en octubre en el diario O Estado de Sao Paulo, Barbosa destaca que, aunque la explicación oficial sobre la ayuda internacional sea la de reforzar la solidaridad, existen otras justificaciones. Menciona entre otros objetivos "la búsqueda de prestigio" de Lula y su planteo de que Brasil tenga un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU.

Asimismo se refiere a intereses comerciales "de apertura de mercado para servicios de empresas brasileñas en la competición con el gobierno y compañías, sobre todo de China".

Sin embargo, un portavoz del BNDES explicó a IPS que esa entidad no realiza préstamos a empresas ni gobiernos de otros países sino que los créditos son siempre para empresas brasileñas que exportan o invierten en el exterior o que quieran establecer asociaciones con compañías privadas de otros países.

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