MUJERES-ZAMBIA: Aprendiendo el arte de bailar en la cama

A Justine Sibomana la autorizaron a asistir a una ceremonia tradicional zambiana de «chinamwali», donde las mujeres mayores instruyen a las más jóvenes en las tareas de la cocina y el aseo, e incluso en cómo tener relaciones sexuales. Enseguida entendió que mirar solamente no era una opción.

Hospedada en Chawama, un complejo turístico situado a las afueras de Lusaka, pasé muchas noches hablando con las mujeres del lugar, que se sentaban fuera de sus casas a cocinar en braseros de carbón.

Me intrigó mucho el hecho de la mayoría de sus comentarios se refirieran a un tema: la importancia del «chinamwali», el rito de iniciación tradicional que realizan la mayoría de las zambianas.

A juzgar por sus relatos, aparentemente este rito de iniciación es la clave para un matrimonio exitoso. No obstante, durante nuestras conversaciones, las mujeres nunca revelaron qué es lo que se enseña durante estas ceremonias misteriosas. Esto despertó mi curiosidad y, apenas se me presentó la oportunidad de asistir a una, no lo pensé dos veces.

Después de pagar el valor de la entrada, 2.000 kwachas zambianas (menos de 50 centavos de dólar), caminé en medio de una sala pequeña y oscura. Sólo había una ventana y los muebles habían sido puestos a un lado.
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El lugar estaba repleto de mujeres de diferentes edades, desde veteranas profesoras hasta recién casadas y, por supuesto, un montón de aprendices.

En un rincón había dos mujeres sentadas sosteniendo dos tambores grandes. La puerta se cerró detrás mío y, mientras todavía intentaba adaptarme al ambiente, las mujeres empezaron a desvestirse. Algunas sólo se quitaron sus camisetas para dejar al descubierto sus barrigas, mientras que otras se quedaron en ropa interior, con un «chitenge» (pañuelo tradicional) amarrado a sus cinturas.

Sin más preludio, los tambores empezaron a sonar y las mujeres explotaron en un solo canto. El sonido de los tambores era tan intenso y alto que podía sentirlo en mi cuerpo, mientras las mujeres empezaron a moverse en sincronía y nos invitaron a imitar sus movimientos.

Muchos de los movimientos que hacían parte de las danzas eran claramente sexuales. Cada cierto tiempo, la canción y el ritmo cambiaban, introduciendo un nuevo movimiento. No podía entender la letra de las canciones, que estaban en idioma chinyanja, así que no me quedó más remedio que apreciar los movimientos que en algún momento podrían servirme.

La mayoría de los movimientos imitaban posiciones sexuales, otros buscaban excitar a los esposos y otros eran ejercicios para volverse más flexibles.

Mientras observaba a las damas más experimentadas bailar, moviendo su cintura independientemente del resto de sus cuerpos, pensé que yo no era capaz de hacer tal cosa. Pero mientras luchaba por imitar sus movimientos, las mujeres mayores se pararon detrás de mí, tomando mis piernas para asegurarse de que sólo moviera mi cintura.

«No, no, usted está bailando como Shakira», me dijeron (en alusión a la cantante colombiana) mientras yo seguía moviendo muchas partes de mi cuerpo. Cuando finalmente logré hacerlo bien, ellas aplaudieron y gritaron emocionadas.

Bridget Banda, quien asistió a este rito de capacitación antes de casarse, hace tres años, lo considera una experiencia muy positiva. «He crecido gracias a esa ceremonia. Me siento más madura. Ahora, cuando veo mujeres que no asistieron, pienso que estoy en una mejor situación», dijo.

Ella cree que muchos de los hombres zambianos quieren mujeres que hayan sido iniciadas. «¿Fuiste capacitada en la ceremonia?» es una pregunta común entre los hombres que buscan esposa. En algunos casos, hombres decepcionados hasta regresan a sus esposas con el fin de que les enseñen más, lo que representa una vergüenza muy grande para la familia.

«Muchos hombres saben qué esperar de una mujer antes de casarse», explicó Banda. «En consecuencia, cuando las mujeres no satisfacen sus expectativas, ellos terminan siendo infieles».

Éste es uno de los riesgos principales de no ir a los ritos de iniciación, dijo Florence Mutambo, una de las mujeres que me estaba enseñando.

«Si usted no sabe cómo satisfacer a su esposo en la cama, muy seguramente él terminará buscando una prostituta», resumió.

«Esas personas son profesionales en estas cosas, por lo que él se sentirá mucho mejor», agregó.

Debo admitir que durante los primeros minutos de esta capacitación tan explícita, me sentí bastante incómoda. Algunas de mis compañeras y profesoras realmente se entregaron al rito, al punto que parecía como si realmente estuvieran manteniendo relaciones sexuales.

Pero cuando miré a mi alrededor, el resto de las personas se veían realmente cómodas. Las mujeres zambianas pueden ser realmente reservadas y tímidas con estos temas en público, pero dentro de aquel salón la atmósfera era libre y desinhibida.

«Voy a probar esto con mi esposo esta noche», dijo una mujer.

«Al mío no le gusta esto cuando lo hago de esta manera», se quejó otra. Al escucharla, otra de las mujeres la aconsejó cómo hacerlo mejor

Las mujeres continuaron danzando por horas. No podía creer que ellas, a sus 50 y 60 años, no se cansaran después de tanto tiempo, mientras que yo ya estaba exhausta luego de bailar por algunos minutos.

«¿Usted pararía así nomás y le diría a su esposo que está cansada?», me preguntaron cuando yo apenas tenía aliento.

Mientras luchaba por regresar a casa, con mis músculos doloridos después de tres horas de ejercicios pesados sin parar, miré a mi alrededor y observé a las mujeres zambianas desde un nuevo punto de vista.

Repentinamente sentí mucho más respeto por ellas, por ser capaces de cumplir estos ritos. Y ésta solo fue una sesión dentro de un programa de entrenamiento que duró dos semanas.

Al día siguiente aprendí muchos más movimientos y habilidades. Por ejemplo, cómo depilar a mi esposo «allá abajo».

Luego de asegurarse de que la puerta estuviera cerrada, que no hubiese nadie espiando por la ventana, y haciendo énfasis en que «esto se hace sólo dentro de la alcoba y con su esposo», una de las matronas empezó a dar una demostración detallada que contextualizó todos los movimientos aprendidos.

Abrazando a su esposo imaginario en una posición imaginable, ella se movió por más de 15 minutos mientras las otras mujeres aplaudían y le lanzaban dinero como muestra de admiración.

La manera en que convirtieron hacer el amor en una serie de pasos de baile lo hizo más abstracto y fascinante de admirar. La ceremonia no se pareció en nada a una película porno; más bien fue similar a una pieza teatral artística.

Antes de venir aquí, yo no hubiera creído que era posible que mujeres de diferentes generaciones pudieran compartir de manera tan libre y desinhibida conocimientos tan íntimos en esta materia.

Realmente funciona como una plataforma social y educacional, y la manera en que nos integramos volvió a esta experiencia muy especial.

Mirando hacia atrás, aunque mis músculos digan lo contrario, no quisiera haberme perdido esto por nada del mundo.

DESIGUALDAD DE GÉNERO

Nelson Banda, del Zambia National Women’s Lobby, piensa que el rito de iniciación femenina marca un desequilibrio entre hombres y mujeres. «Las chicas van al matrimonio bien preparadas, pero los hombres no aprenden a satisfacer a sus mujeres, y ésa es la parte triste del asunto», dijo.

Afirmar que los ritos de iniciación son los responsables de que haya desigualdad de género es exagerado, sostuvo Iriss Phiri, fundadora de la Asociación Nacional de Consejeros Tradicionales.

«Las muchachas crecen observando a las mujeres en papeles sumisos desde edad temprana. Por ello no es sólo lo que aprenden en dos semanas de entrenamiento bajo el rito ‘chinamwali’», expresó. Por el contrario, ella cree que este tipo de consejería, si se realiza de manera adecuada, puede tener un impacto positivo en la igualdad de género. Es por ello que su organización, que ahora cuenta con 2.000 consejeros en todo el país, está promocionando la manera tradicional de consejería matrimonial pero con algunos cambios.

«Nosotros enseñamos a hombres y mujeres juntos», dijo.

Esta forma de iniciación ha sido adaptada para sensibilizar a los hombres respecto de los derechos de las mujeres.

* Este artículo fue publicado originalmente por el Street News Service (http://es.streetnewsservice.org/)

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