AMBIENTE-MÉXICO: Gotas de salvación

En su novela «México sediento», el escritor Francisco Moreno postuló que la sequía conduciría este país nuevamente a una guerra en 2010, tras haber sido el detonante de la lucha por la independencia, en 1810, y de la Revolución Mexicana, en 1910.

Geomembranas para acopiar y filtrar agua de lluvia. Crédito: Emilio Godoy/IPS
Geomembranas para acopiar y filtrar agua de lluvia. Crédito: Emilio Godoy/IPS

Aunque la falta de agua es una característica histórica, México padece hoy una severa crisis hídrica por el agotamiento de los mantos freáticos y la escasez de lluvias.

En la capital, uno de los sitios más afectados, una opción es el uso del agua de lluvia, que se desperdicia. Cada segundo, unos 17 metros cúbicos de lluvia se van por los desagües.

Un buen ejemplo del aprovechamiento de lluvia se desarrolla en el municipio de San Felipe del Progreso, a unos 150 kilómetros de la capital, donde opera una planta de captación y limpieza de agua pluvial.

Con tecnología desarrollada por el Centro Internacional de Demostración y Capacitación en Aprovechamiento del Agua de Lluvia (Cidecalli) del Colegio de Postgraduados y con fondos de donaciones privadas, la organización no gubernamental Patronato Pro Zona Mazahua invirtió 1,5 millones de dólares en la obra inaugurada en 2006 para abastecer zonas marginadas y abatir la incidencia de afecciones gastrointestinales.
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«Ha costado introducir el agua que purificamos, pues la gente está acostumbrada a beber gaseosas», dijo a este periodista Manuel Figueroa, responsable de la planta.

La instalación consta de una pendiente con una geomembrana que deja pasar la lluvia hacia dos enormes pilas con más geomembranas, láminas de baja permeabilidad fabricadas con resinas plásticas. Éstas filtran la tierra y piedras del agua, que pasa a una cisterna de donde fluye hacia las máquinas de purificación y llenado de garrafones de 19 litros de capacidad. Esta última fase tarda unas cinco horas.

La capacidad instalada es de cinco millones de litros, y diariamente se procesan 4.000 litros, de los cuales se aprovechan 2.500 y el resto se emplea en el riego del vivero de especies forestales plantado como parte del proyecto.

El proyecto distribuye su marca «Mas-Agua» en escuelas y hogares rurales de la zona, poblada por indígenas mazahuas, a precios que oscilan entre 75 centavos de dólar y 1,10 dólares por garrafón.

«Empezamos a mirar hacia arriba y nos preguntamos por qué no aprovechamos el agua de lluvia, que es un recurso muy valioso y fácil de tratar y potabilizar. Nuestro proyecto tiene 30 años y me preguntaban cuándo sería viable; yo respondía que cuando nos alcanzara la crisis. Ese momento ya llegó», dijo para este artículo Manuel Anaya, coordinador del Cidecalli.

Un grupo de catedráticos del Colegio de Postgraduados, especializado en carreras agropecuarias, y las universidades autónomas de Chapingo y Antonio Narro, crearon el Cidecalli en 2004.

La capital mexicana, de unos 12 millones de habitantes, consume 33 metros cúbicos de agua por segundo. Debido a fugas en las tuberías, cada año se pierden cerca de 150 millones de metros cúbicos. De los mantos acuíferos de la ciudad, se extinguen a un ritmo de 55,5 metros cúbicos por segundo.

Ante la falta de lluvia de los últimos tres meses, la gubernamental Comisión Nacional del Agua y el Sistema capitalino de Aguas disminuyeron el abastecimiento. Las autoridades aseguran que, de mantenerse la crisis, la capital se quedaría sin agua en febrero de 2010.

Los sistemas de captación de lluvia son «replicables, económicos, accesibles y dan buenos resultados», declaró a este reportero Enrique Lomnitz, director de la oficina mexicana del no gubernamental Instituto Internacional de Recursos Renovables (IRRI por sus siglas inglesas).

Dentro del proyecto «Isla urbana», Lomnitz y su equipo han instalado cinco sistemas de captación en residencias de un barrio de bajos ingresos del sur de la capital, en un esquema en el cual los interesados aportan los materiales y la organización no gubernamental los arma sin costo para los usuarios.

Ese sistema consta de una tubería, un mecanismo de pre-filtración, una cisterna con cloro para desinfección y un filtro, cuyo costo total es de entre 115 y 190 dólares. Cada metro de techo puede aportar un litro de agua.

«Concentramos nuestros esfuerzos en un sitio específico para crear un prototipo a escala de barrio que es monitoreable y manejable», explicó Lomnitz, un diseñador industrial egresado de la estadounidense Escuela de Diseño de Rhode Island.

Ante la agudización de la crisis, el no gubernamental Centro de Investigación para el Desarrollo (Cidac) diseñó un proyecto piloto para instalar sistemas de captación pluvial en unas 120.000 casas, equivalentes a 10 por ciento del total de residencias de la urbe.

El Cidac propone que los gobiernos de la capital y del vecino estado de México financien la iniciativa, cuyo costo por casa es de unos 350 dólares y que redundaría en el ahorro de aproximadamente 7,2 millones de metros cúbicos anuales.

El uso de agua de lluvia mediante la recolección domiciliaria en cisternas ha tenido gran éxito en zonas muy secas del planeta, como el Nordeste semiárido de Brasil.

Los gestores de «Más-Agua», compraron una máquina para embotellar 48 recipientes de medio litro por minuto. Pero San Felipe del Progreso, una localidad de unos 100.000 habitantes, afronta un fenómeno común al país: falta de lluvia. Y si no cae agua del cielo, la planta no tendrá materia prima que purificar. La alternativa será, entonces, procesar agua de los pozos y manantiales que pueblan la zona.

En este tipo de iniciativas, lo usual es que el agua llovida alcance para cubrir los meses secos, que van de noviembre a mayo.

* Este artículo es parte de una serie producida por IPS (Inter Press Service) e IFEJ (siglas en inglés de Federación Internacional de Periodistas Ambientales) para la Alianza de Comunicadores para el Desarrollo Sostenible (http://www.complusalliance.org). Publicado originalmente el 12 de septiembre por la red latinoamericana de diarios de Tierramérica.

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