ISRAEL-EEUU: Desafiante Netanyahu usa la carta de Jerusalén

El nuevo embajador israelí en Estados Unidos, Michael Oren, aseguró en entrevista con Radio Israel que el «desacuerdo» con Washington sobre el aumento de las colonias judías en territorios palestinos sería resuelto «pronto».

Sin embargo, su evaluación es contradicha por muchos funcionarios israelíes y por la mayoría de los expertos, que prevén una inminente colisión entre Israel y Estados Unidos, y otra más adelante con la Unión Europea y Rusia.

La cuestión es definir la "política de asentamientos" israelí, y si ésta incluye a Jerusalén oriental.

Estados Unidos ha puesto como demanda clave que Israel suspenda su nuevo plan de viviendas en Jerusalén oriental. Obama cambió el terreno diplomático drásticamente cuando le dijo al primer ministro israelí Benjamín Netanyahu en su encuentro en mayo que toda construcción en territorios palestinos debía detenerse para no bloquear los intentos de restaurar el proceso de paz con los árabes.

La semana pasada, el Departamento de Estado (cancillería) de Estados Unidos llamó al embajador Oren para expresarle su rechazo a un polémico plan del empresario judío-estadounidense Irving Moskowitz que derribará un viejo hotel y construirá casas para colonos en el corazón del barrio palestino de Sheikh Jarraj.
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Moskowitz, quien recauda fondos para financiar asentamientos judíos a través de una lotería de "caridad" en el occidental estado estadounidense de California, recibió un permiso para el proyecto a comienzos de este mes.

Alemania, Francia, Gran Bretaña, Rusia y Suecia presentaron protestas similares contra el proyecto, pero Netanyahu se concentró solamente en su disputa con Estados Unidos. Es casi como si estuviera deliberadamente buscando, si no una pelea, al menos una discusión con Obama.

Así, las relaciones entre Estados Unidos e Israel entran en su etapa más difícil en dos décadas, pero podría ponerse peor: un grupo de colonos llamado Elad (también respaldado por Moskowitz) solicitó en la municipalidad de Jerusalén la aprobación de cuatro nuevos proyectos de construcción que permitirían la instalación de más judíos en el corazón de barrios palestinos.

Fuentes municipales consideraron improbable que el proyecto fuera rechazado, echando más combustible al enfrentamiento entre Israel y la comunidad internacional.

Ambas partes están dispuestas a elevar la apuesta. Washington quiere ser creíble ante el mundo árabe, mientras que Netanyahu pretende lo mismo ante sus conciudadanos israelíes.

Cuando el tema fue puesto en el tapete por los funcionarios del Departamento de Estado, dejaron en claro que cuando el presidente hablaba de frenar el avance de las colonias incluía también a Jerusalén oriental, la parte de la ciudad que Israel conquistó en 1967 y que anexó como parte de su "capital unida y eterna".

Pero cambiar la discusión de Cisjordania a Jerusalén era precisamente lo que quería Netanyahu. Pareció haber cierto regocijo en la reunión del gabinete el domingo, cuando el primer ministro respondió a las críticas estadounidenses: "Simplemente no podemos aceptar que los judíos no tengan derecho a vivir o comprar apartamentos en cualquier parte de Jerusalén".

"Le dije al presidente (Obama) que no podíamos aceptar ninguna restricción a nuestra soberanía en Jerusalén. Jerusalén no es un asentamiento, así que no hay nada para discutir sobre un congelamiento allí", añadió. Esto fue música para los oídos de la mayoría de los israelíes.

Cuando Netanyahu cedió ante la insistencia mundial para que aceptara la "solución de los dos estados" con los palestinos, sabía que, en ese tema, el gobierno de Estados Unidos y la mayoría del público israelí estarían del mismo lado. Ahora, aprovechando otro consenso israelí, sobre Jerusalén, está pronto para enfrentarse a Obama.

A los israelíes, que se oponen a las demandas de Obama sobre temas concretos como los asentamientos, no les gusta tampoco mucho el acoso verbal estadounidense. También perciben, al igual que Netanyahu, que el enfoque diplomático de Washington podría no tener éxito y que su discurso en El Cairo para árabes y musulmanes pronto podría desinflarse.

El actual enfrentamiento por Jerusalén es el primer indicio de que Netanyahu se recupera de su pasado choque con la Casa Blanca, y que sus funcionarios parecen haber recuperado la confianza en que, a menos que haya un sustancial movimiento paralelo del lado árabe, Israel será capaz de eludir la fuerte presión estadounidense.

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