LIBROS-CUBA: La ruta de una mujer vestida de hombre

Cuando el historiador y antropólogo cubano Julio César González Pagés y su amigo español Alberto Góngora Sanz se vieron frente a la casa natal de Enriqueta Favez, en la ciudad suiza de Lausana, cayeron al suelo en medio de la plaza, lloraron y rieron de alegría.

"Llegué a besar la puerta. La gente pasaba y nos miraba sin entender. Allí está la casa, pero no hay ni una tarja que la recuerde. Ni allí ni en ninguno de los tantos lugares por los que pasó alguna vez la primera mujer que ejerció la medicina en Cuba, cuenta González Pagés a IPS.

"Una mujer como esta es desconocida por la historia", afirmó.

"Se le juzgó como una criatura infeliz cuando en realidad fue una mujer que estudió medicina y se vistió de hombre para realizarse en una profesión que se le negaba por no serlo. Vestirse de hombre para Favez fue un ejercicio de rebeldía frente a todos los designios institucionales de su época", añadió.

Tras un intenso peregrinar, que se inició en Estados Unidos en 1995 y lo llevó a diferentes localidades de Suiza, Francia, Guadalupe, México y Cuba, siempre tras la huella de Favez, el investigador cubano acaba de presentar en La Habana su libro "Por andar vestida de hombre".
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La versión digital de la editorial colombiana Carisma es el primer resultado de una investigación de 14 años que contó con el apoyo de la Agencia Suiza de Cooperación al Desarrollo (Cosude), la Universidad Autónoma de Barcelona y la Comunidad de Foros Iberoamericanos, además de la complicidad de no pocas amistades.

Documentos legales de todo tipo, incluidas las cartas de amor entre Favez y Juana de León que se conservan en una colección privada en Estados Unidos, se engarzan armónicamente para armar el relato que, a partir de la técnica de la arqueología histórica, carece totalmente de elementos de ficción.

Entre no pocas imágenes, el álbum de fotos de la propuesta multimedia muestra la casa natal de Favez en Lausana, su vivienda en la ciudad mexicana de Veracruz, el aula donde estudió en la parisina Universidad de La Sorbona y la morada en Cuba de su prima María Cavín.

Más conocida por el escándalo sexual que la llevó a la cárcel y a la deportación definitiva de Cuba en 1824, Favez es redescubierta ahora por González Pagés como una mujer de su tiempo que, como tantas otras a lo largo de la historia, se rebeló contra el poder masculino y lo hizo de la única manera que era posible: pasando por hombre.

"Desafió el poder hegemónico como guerrera, médica, enamorada, presa y monja", asegura el cubano, coordinador de la Red Iberoamericana de Masculinidades.

Nacida el 1 de abril de 1791 en la ciudad suiza de de Lausana, según la hipótesis más divulgada, se casa a los 15 años con Juan Bautista Renau, un oficial de Cazadores de las tropas francesas de Napoleón Bonaparte, y a su lado emprende toda la campaña bélica de Alemania.

"Vi morir a mi marido, quedando viuda a los dieciocho años, y quedé sin hijos al morir mi única hija a los ocho días de nacida", contó durante uno de los momentos de la causa que se le abrió en esta isla caribeña y cuyos detalles aparecieron en 1860 en la publicación seriada La Administración, conservada en la Biblioteca Nacional de Cuba.

No llevaba mucho tiempo sola cuando Favez se viste de hombre y declara ser oficial militar para iniciar los estudios de medicina en la Universidad de París. Graduada en 1811, se alista como cirujano en el ejército francés, participa en la fracasada campaña de Napoleón Bonaparte contra Rusia y cae prisionera en España.

Finalizada la guerra, parte a la isla de Guadalupe, en 1814, y de ahí se va a Cuba "sin mudar de traje, así vestida de hombre como estaba acostumbrada y bien hallada en libertad, porque vestida así podía ejercer mi profesión y fortuna, sin idea de hacerle mal a nadie y mas bien con la idea de socorrer con mi oficio a los necesitados", como ella misma narra.

Instalada en la ciudad oriental cubana de Baracoa, a unos 990 kilómetros de La Habana, Enriqueta logra tener una clientela numerosa en los sectores acaudalados, pero también brinda sus servicios gratuitos a personas pobres y recorre largas distancias para educar a personas analfabetas, incluidos esclavos y libertos negros.

En uno de esos viajes al pueblo de Tiguavos, el 20 de abril de 1819, conoce y se enamora de Juana de León, quien se encontraba enferma y en la absoluta pobreza. Tras proponerle ayuda, Enriqueta inicia todos los trámites necesarios para realizar el matrimonio que la llevaría años después a la cárcel.

Aunque durante el juicio Juana de León aparece como la víctima-engañada, el epistolario entre las dos mujeres, consultado por González Pagés, parece demostrar que Enriqueta confesó su verdad a Juana antes de llegar al matrimonio y que ambas, de mutuo acuerdo, deciden seguir adelante con la historia.

"Nunca te culpé por lo que pasó, fueron todos ellos los que no entendieron que nos amábamos pese a todo", afirmó Faves en una carta fechada en Nueva Orleans, el 23 de mayo de 1846.

Conocida en esos días como Sor Magdalena, Enriqueta pasa los últimos años de su vida entre Nueva Orleans, y Veracruz y Guadalajara en México, donde donó parte de su caudal a los pobres de solemnidad, ejerció como enfermera en el enfrentamiento a epidemias y fue partera de mujeres presas.

Muere 10 años después que Juana, en 1856. "El cementerio donde estaba enterrada en Nueva Orleans fue dañado por el huracán Katrina, en 2005. Ni su cadáver sobrevivió", comenta González Pagés, entusiasmado ahora con las opciones de "un libro digital y ecológico, realizado en un lenguaje atractivo para las generaciones más jóvenes".

"La vida de Faves es un canto de trasgresión en el pasado que nos llega hasta el presente. Si pensamos, los debates que tenemos hoy son minúsculos frente a lo que debieron vivir mujeres como ella. El ser humano está trasgrediendo normas desde que vivimos en sociedad", afirma el historiador.

Según Pagés, autor de otro libro de historias de cubanas, "Favez fue una mujer que quiso transgredir las normas de género, no de sexo. Así lo dijo en el juicio: se vistió de hombre porque se sentía más respetada. Nunca pudieron aniquilarla, ni con juicios ni normativas".

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