VENEZUELA: Tarde de perros muestra impronta del delito

El robo a un banco en Altagracia de Orituco, un poblado de las llanuras centrales de Venezuela, degeneró en una situación de rehenes por casi 30 horas que, aunque resuelta felizmente este martes, exhibió la musculatura juvenil de la delincuencia en el país.

La "tarde de perros", por analogía con el filme estadounidense (Dog Day Afternoon, 1975) de ese título dirigido por Sydney Lumet y protagonizado por Al Pacino y John Cazale, se inició a la mitad de la mañana del lunes en el tórrido poblado del estado de Guárico ubicado 100 kilómetros al sur de Caracas.

Cuatro asaltantes veinteañeros provistos de unas pistolas y una granada de mano sometieron al vigilante e ingresaron a la sucursal del Banco Provincial, filial del español Bilbao Vizcaya, para robar a clientes y cajeros, algo más de 30 personas en total. La aparición de un auto-patrulla de la policía local cambió los planes de los asaltantes y se inició una situación de rehenes, lentamente desgranada al paso de horas y horas marcadas por los nervios y las negociaciones.

Dos de los rehenes consiguieron escapar y algunas ancianas fueron liberadas por los captores, mientras poco a poco se instalaban frente al banco policías, negociadores, tiradores de élite, jefes policiales llegados desde Caracas y el gobernador estadual, Eduardo Manuitt.

También se hizo presente el propio ministro del Interior de Venezuela, Ramón Rodríguez Chacín, además de periodistas con sus cámaras, familiares de los rehenes y centenares de habitantes de Altagracia.

Entre los rehenes estaban una ciudadana española con dos hijas pequeñas, otra madre con su bebé de 15 días, una mujer embarazada y varias personas enfermas.

Periodistas y curiosos temieron una intervención armada en la madrugada del martes, pero la policía mantuvo la sangre fría mientras comprobaba que los jóvenes delincuentes ingerían alcohol, consumían drogas y dividían opiniones acerca de su suerte.

Pasado el mediodía, y a cambio de la libertad de la mujer española con sus niñas, así como de la embarazada, y bajo la amenaza de que algunos rehenes serían asesinados si no cumplían con sus pedidos, la policía accedió a entregar una ambulancia y despejar vías para que los asaltantes emprendieran una fuga con algunos rehenes.

Tres mujeres y tres hombres fueron tomados como escudos por los asaltantes al abordar la ambulancia, que partió con rumbo noreste, hacia las ciudadelas-dormitorio de Caracas, donde ya la policía había establecido que residían y actuaban los miembros del grupo delictivo.

Un par de horas después, las fuerzas del orden interceptaron la ambulancia en un cruce carretero y, ante la imposibilidad de seguir huyendo, los asaltantes entregaron los rehenes, las armas y el botín, y se rindieron.

"Terminó esta pesadilla. Estábamos esperándolos con familiares (de los delincuentes) y fiscales del Ministerio Público para garantizarles su vida y su integridad", dijo el gobernador Manuitt, en años anteriores blanco de críticas por violaciones a los derechos humanos atribuidas a la policía de la región que administra.

También se anotó un punto el ministro Rodríguez Chacín, un oficial naval retirado experto en inteligencia que en el pasado integró unidades blanco de críticas en materia de derechos humanos y quien dirigió palabras de ánimo a los guerrilleros colombianos que hace tres semanas le entregaron a las rehenes Clara Rojas y Consuelo González.

"Observo que las negociaciones con los asaltantes se llevaron con profesionalismo. No en vano nuestra escuela de policía judicial tiene una cátedra de negociación en situación de rehenes", dijo a IPS el comisario retirado de ese cuerpo, Eliseo Guzmán.

En el pasado, las primeras situaciones de rehenes vividas en Venezuela y llevadas a todo el país "en vivo y en directo" por las cámaras de televisión tuvieron desenlaces desdichados, por culpa de la descoordinación policial y la intervención de periodistas de radio y TV que dieron protagonismo a los asaltantes y les hicieron, motu proprio, ofertas no autorizadas.

El 23 de junio de 1995, asaltantes de una vivienda refugiados en una clínica de Caracas fueron engañados por policías que les entregaron un vehículo para su fuga y en el intercambio de balazos perecieron los dos delincuentes, dos rehenes y un policía.

El 16 de abril de 1996, otra "tarde de perros" en una vivienda no pudo resolverse sino con la muerte de una de las dos rehenes y uno de sus dos atracadores.

Luego, episodios de menor notoriedad pudieron ser solventados por la policía con despliegue de más paciencia e inteligencia. Pero el suceso de Altagracia de Orituco confrontó de nuevo a los venezolanos con el tema de la inseguridad ciudadana, el principal problema del país según las encuestas realizadas poco antes del referendo del pasado diciembre sobre un proyecto de reforma constitucional que presentó el presidente Hugo Chávez, que fue rechazado por la mayoría de los votantes.

Cifras compiladas por la organización no gubernamental Provea dan cuenta de que en 2005 se registraron 9.964 homicidios en Venezuela (37 por cada 100.000 habitantes), en 2006 fueron 12.257 (45 por cada 100.000 habitantes), y los datos hasta septiembre de 2007 mostraban un incremento de 10,3 por ciento en ese número rojo.

En 1990, la violencia acompañó el 16 por ciento de los delitos contra la propiedad, mientras que en 2006, el 45 por ciento de los delitos conocidos contra la propiedad tenían como componente el recurso a la violencia.

Roberto Briceño-León, director del Laboratorio de Ciencias Sociales de la Universidad Central de Venezuela, comentó a IPS que, con base en sus encuestas, "existe por lo menos una víctima de delitos violentos en 40 por ciento de las familias venezolanas".

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