DESAFÍOS 2008-AMÉRICA LATINA: Jóvenes al borde de la sociedad

Siete millones de brasileños y casi 800.000 argentinos engrosan un verdadero ejército de jóvenes latinoamericanos sin trabajo y fuera del sistema educativo, que amenazan reproducir la pobreza salvo que se tomen medidas contundentes para volver a incluirlos, advierten expertos.

jóvenes reciben diplomas Crédito: INJU
jóvenes reciben diplomas Crédito: INJU
Ese contingente representa en Brasil casi 20 por ciento de la población de entre 15 y 24 años de edad, según el Informe de Desarrollo Juvenil elaborado por el sociólogo Julio Jacobo Waiselfisz.

Jorge Werthein, director de la Red de Información Tecnológica Latinoamericana (RITLA) que encargó el informe, señala como causa de esa situación la "estructural e histórica desigualdad", que, como puntualiza, es "una realidad de toda América Latina".

El problema se refleja en el ingreso al mercado de trabajo, en los servicios de salud, en las altas tasas de mortalidad, en la falta de acceso a la educación y hasta en la caída de la calidad de la enseñanza pública, explicó a IPS el responsable de RITLA, un organismo internacional de cooperación técnica.

También precisó que "el aumento de la vulnerabilidad" trae como consecuencia más violencia". En países como Alemania, España y Francia hay un homicidio por cada 100.000 jóvenes, mientras que en Rusia o en naciones latinoamericanas como Brasil, Colombia y Venezuela son 50 las muertes violentas por cada 100.000 jóvenes.

Esas cifras son confirmadas por el estudio brasileño. Los jóvenes son los que más mueren por homicidios o en accidentes viales porque "son los más vulnerables, osados, omnipotentes, los más excluidos de la sociedad, es decir que se involucran más rápidamente en delitos como el tráfico de drogas", indicó.

Ante la falta de perspectivas, esos jóvenes son contundentes al decir, por ejemplo, "yo prefiero ser parte del tráfico, aunque viva poco, porque de ese modo voy a tener las cosas que tienen otros, como una moto o una zapatilla (calzado deportivo) de marca".

"Eso es lo que estamos viendo lamentablemente en muchos países y reproduciendo en otros de América Latina con la aparición de pandillas", describió Werthein.

La investigación del sociólogo Waiselfisz indicó además que 9,3 por ciento de los jóvenes blancos en la región consiguen terminar la educación básica, mientras que en el caso de los negros lo hacen sólo 7,7 por ciento.

Pero no todo es tan negativo para Werthein. Precisó que planes desarrollados en Brasil en los últimos tiempos permitieron, por ejemplo, avances en la universalización de la matrícula de primaria, que se ubicó en 97 por ciento, y en la lucha contra el analfabetismo entre los jóvenes, que bajó a 2,4 por ciento.

En ese marco de pensar a futuro, el experto entiende que es prioridad para la región la puesta en marcha de planes de educación a largo plazo, a ¬30 o 40 años, como ha comenzado a hacer Argentina.

Destacó que, aunque en Brasil todavía no hay una definición en ese sentido, "lo nuevo es que comenzó un verdadero cambio conceptual importantísimo" hace dos años, cuando el gobierno izquierdista de Luiz Inácio Lula da Silva ubicó a la educación como una prioridad y lanzó, más cerca en el tiempo, un plan de enseñanza para los próximos 15 años.

Dentro del gran paraguas de esas políticas de largo aliento, Werthein mencionó iniciativas como las aplicadas por RITLA, a través de la inclusión digital, "porque su atractivo es impresionante para los jóvenes".

Programas que no sólo mejoran el acceso y la calidad de la información sino también la creación de puestos de trabajo para jóvenes en el ámbito técnico o docente. Werthein también es optimista respecto de Argentina, pues percibe que hay una atención especial para revertir el ciclo de exclusión y pobreza desde hace cuatro años, cuando llegó al gobierno el centroizquierdista Néstor Kirchner, reemplazado en diciembre en el cargo por su esposa, Cristina Fernández.

Pero la situación todavía es dramática en ese país, alertó. Un estudio de la Organización del Trabajo señala que 756.000 jóvenes argentinos de entre 18 y 25 años no estudian ni trabajan, 76 por ciento de ese grupo¬ son mujeres, desertoras tempranas de la escuela secundaria.

Guillermo Pérez Sosto, coautor del informe titulado Trabajo Decente y Juventud, explicó a IPS que más de 70 por ciento de esas mujeres provienen de hogares pobres, indigentes y, por tanto, vulnerables.

"Las mujeres, cuando provienen del sector más excluido, son muy pasivas. Suponemos que muchas tuvieron hijos cuando aún eran adolescentes y quedan circunscriptas a lo doméstico, por eso son tan invisibles", comentó Pérez Sosto.

En los recorridos de vida se ve que es "común que dejen la escuela para trabajar, pero que enseguida pierdan el empleo y ya no busquen otro". Como consecuencias sociales, el experto coincide con Werthein en que el "el precipitante de este fenómeno es la deserción escolar y de ahí van al trabajo precario", que ocupa hoy en Argentina a 62 por ciento del total de jóvenes empleados.

Como en Brasil, Pérez Sosto resaltó los efectos agravantes y nocivos del aumento de la oferta consumista.

Para conseguir esos productos fuera de su alcance, los jóvenes pobres y excluidos hacen "como los antiguos recolectores", explicó el sociólogo. "Van a la calle sin un trazado previo, salen 'a buscar la moneda', como dicen, y la consiguen limpiando parabrisas en los semáforos, pidiendo plata o aprovechándose de algún distraído", detalló.

Este experto cree que la única forma efectiva de realizar cambios es eliminando las causas con acciones preventivas para que los jóvenes no dejen de estudiar, que haya tutores que los vayan a buscar cuando abandonan las clases, que se interesen por lo que les pasa, así como trabajar para que haya menos embarazos adolescentes y menos adicciones.

No obstante, con las mujeres es más difícil, precisó. "Las chicas no quieren trabajar, y no está claro que quieran volver a estudiar, no lo manifiestan en las entrevistas". "Si el sistema educativo fuera más contenedor y el mercado de trabajo fuera menos precario, sería más fácil para ellos y ellas", sostuvo.

Hay experiencias exitosas para mejorar esa situación, pero "que no llegan al núcleo duro de la inactividad". Entre ellas, un programa puesto en marcha conjuntamente en 2006 por el Ministerio de Educación de Argentina y la empresa de automotores Toyota.

La idea apuntó a jóvenes sin empleo y que no habían terminado la escuela secundaria para capacitarlos e insertarlos en el mercado laboral.

Mientras se capacitaban para trabajar en la planta de producción recibían un sueldo de 900 pesos argentinos (300 dólares) y cuando finalizaban el estudio ingresaban como operarios en Toyota, con un sueldo de 2.400 pesos (unos 800 dólares).

Se crearon cupos para 300 jóvenes, se entrevistaron a 2.600, pero no todos dieron con el perfil requerido, que era capacidad de aprendizaje y realizarse exámenes psicológicos, por lo cual sólo entraron 60 personas, lamentó.

Uruguay tampoco escapa a la problemática de los jóvenes sin empleo ni estudios básicos terminados. Según la encuesta continua de hogares de 2006 del Instituto Nacional de Estadística, alrededor de 25 por ciento de los jóvenes entre 18 y 24 años están excluidos del sistema laboral y de enseñanza. El ritmo de crecimiento de esta problemática era entonces de tres por ciento anual.

Para combatir esta exclusión juvenil, el gobierno izquierdista de Tabaré Vázquez, que asumió en 2005, lanzó el programa Projoven, ahora dependiente del Ministerio de Desarrollo Social, creado por esta administración, que implementa acciones de capacitación para la inserción laboral con enfoque de competencias y perspectiva de género.

El objetivo es capacitar a los jóvenes para su inserción laboral y reinserción educativa.

"En todos los casos se trabaja a partir de una fuerte articulación con el mercado laboral, con el principio de doble pertenencia, a través del cual se articulan las demandas de las empresas y se responde a las necesidades de las personas que se capacitan", se señala en un documento entregado a IPS por el director del Área de Programas del Instituto Nacional de la Juventud, Ricardo Amorín.

No obstante este programa, el porcentaje de jóvenes que trabajan disminuyó entre 2005 y 2006 de 55 a 52 por ciento. Esos guarismos son mayores en las zonas más vulnerables, entre los pobres y las mujeres del interior del país.

En México, en tanto, la situación es también compleja, con tres de cada 10 jóvenes de entre 20 y 29 años desempleados y uno de cada cuatro que tampoco estudia, según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo 2006.

El presidente Felipe Calderón se comprometió a crear entre uno y 1,2 millones de empleos cada año, la cantidad de puestos necesaria para cubrir la llegada de jóvenes al mercado laboral.

Para ello lanzó, entre otras medidas, el llamado Programa de Primer Empleo, que consiste en subsidiar hasta 12 meses el total del aporte patronal al Seguro Social para quienes contraten trabajadores por primera vez. Hasta noviembre, apenas 12.000 nuevos puestos laborales habían sido creados por este plan, es decir casi nada.

El economista Abraham Aparicio, de la Universidad Nacional Autónoma de México, señaló a IPS que esta situación provoca directa e indirectamente la erosión del capital humano y mantiene la pobreza y la brecha entre ricos y pobres.

También alienta la informalidad en la economía, lo cual impacta en los ingresos fiscales del Estado. Otra consecuencia es el aumento de la delincuencia.

Aparicio ubicó como "válvulas de escape" el empleo en la economía informal, que concentra unas 17 millones de personas, y la emigración, teniendo en cuenta que unos 500.000 mexicanos se marchan cada año a residir a Estados Unidos.

En la ciudad de México, con nueve millones de habitantes y donde gobierna el izquierdista Partido de la Revolución Democrática desde 1997, se implementan programas de apoyo a jóvenes. Uno de ellos es el que creó la figura del tutor social por colonia o barrio (donde hay más desempleo y violencia juvenil).

El tutor, cuya tarea es financiada por el municipio, se encarga de atraer a grupos de jóvenes a diversas actividades comunitarias, deportivas y culturales.

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