AMÉRICA DEL SUR:: Consumidores pierden con el boom agrícola

¿Por qué aumenta el precio del pan, la papa, el tomate, la carne? En el agropecuario Cono Sur sudamericano, muchos atribuyen las alzas a factores locales y coyunturales, pero expertos señalan un fenómeno mayor: la demanda mundial de alimentos, que llegó para quedarse.

Tradicionalmente baratos en países productores, alimentos como el maíz, la papa, la cebolla, las carnes o las frutas se vuelven de pronto un lujo en esta subregión. Los vendedores minoristas hablan de sequías, lluvias o heladas para explicar la carestía del tomate o de las lechugas, pero una mirada a los mercados revela un proceso más complejo.

"Estamos frente a un ciclo de alza en los precios de productos de base agrícola como hace años no se daba, y eso es muy bueno para países productores. Queda por resolver cómo van a acceder a alimentos los consumidores locales", advirtió a IPS Fernando Vilella, del Programa Agronegocios y Alimentos de la estatal Universidad de Buenos Aires.

La mayor demanda de alimentos de China, India y el sudeste asiático provocó en los últimos años un cambio de tendencia en los precios internacionales de productos básicos, que pasaron de la depresión al alza sostenida. "En China mejora la calidad de vida de la población y el consumo de carne crece un kilogramo por habitante por año", ejemplificó Vilella.

Esa demanda presiona sobre el maíz y la soja, muy usados como ración del ganado. Pero también impacta sobre los precios la creciente destilación de combustible de esos dos cultivos y de caña de azúcar, y el aumento del precio del petróleo, que eleva los costos de producción, transporte y venta.
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"Son todos factores combinados que permiten prever que el alza de precios de los alimentos seguirá", concluyó el experto. Para la subregión, productora neta en estos rubros, la mejora en los términos del intercambio constituye una buena noticia en la medida en que se valorizan bienes en los que estos países son competitivos.

Sin embargo, los consumidores internos están desprotegidos. Los precios de la canasta básica de alimentos aumentan muy por encima del índice general y, salvo medidas gubernamentales defensivas y temporarias, los países parecen inermes frente a un problema que tiende a incrementarse.

Según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos de Argentina —cuestionado por la presunta manipulación de datos oficiales— en lo que va de 2007 el índice general de precios subió 6,6 por ciento y los alimentos ocho por ciento.

Pero un estudio de la consultora privada Equis revela una brecha mayor. La encuestadora sigue la evolución de la canasta básica de alimentos desde julio y, según sus cómputos, en estos últimos cuatro meses los precios de ese conjunto de productos, que sirven para fijar el umbral de indigencia, subieron 30 por ciento. Si se contara desde enero, la comparación mostraría una distancia mayor. En los demás países de la subregión se repite, con matices, la tendencia de alimentos más caros respecto del resto de los precios.

Según el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística, la inflación de octubre fue de 0,30 por ciento. Pero en el rubro cereales, legumbres y oleaginosas, los precios aumentaron 6,4 por ciento, los de las frutas, siete por ciento, y los de los tubérculos nueve por ciento.

En Chile, la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias del Ministerio de Agricultura informó que en septiembre el índice general de precios subió 4,7 por ciento y el de los alimentos 13 por ciento. Un mes después, los números fueron 5,8 y 14,8 por ciento respectivamente.

Uruguay experimentó una inflación de 8,4 por ciento en los primeros 10 meses del año. Si bien en octubre el índice de precios al consumo registró una contracción de -0,23 por ciento, el rubro alimentos y bebidas tuvo un aumento de 2,28 por ciento, con las frutas subiendo 7,4 por ciento y las verduras, cinco por ciento.

Las autoridades han adoptado distintas medidas para lidiar con el problema.

"En Argentina hay retenciones —impuestos a las exportaciones de granos y cereales— que permiten que los precios en el mercado local sean en promedio 30 por ciento más bajos que en el mercado mundial", explicó Vilella. Este gravamen, que entró en vigor en 2002, aumentó este mes entre cinco y ocho por ciento.

El gobierno también negocia precios máximos mediante acuerdos sectoriales, reduce temporalmente aranceles a la importación (por ejemplo a la papa), restringe las exportaciones de carne vacuna y apoya a consumidores organizados a boicotear la compra de ciertos productos, como el tomate.

En lo que va de este año, la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca entregó 187 millones de dólares a más de 30.000 productores del sector agroalimentario a fin de "mantener su expansión, sin que el consumidor local se vea afectado por valores del mercado internacional", según justificó.

Pero otra medida pendiente es el control de los oligopolios, que suelen ser determinantes en la formación de precios. Desde la crisis y la abrupta depreciación de la moneda en 2002, la inflación ha llegado a 99 por ciento, pero los precios de los alimentos han subido 136 por ciento, y algunos más de 250 por ciento.

Según la Secretaría de Defensa de la Competencia, los 20 productos de la canasta familiar que más aumentaron son manejados por oligopolios que concentran la mayor parte del mercado.

En Brasil, Uruguay o Chile no hay impuestos a las exportaciones, pero las monedas nacionales están más apreciadas frente al dólar que en Argentina, y el impacto en el bolsillo del consumidor es menor.

En los dos primeros, para mantener los precios de los alimentos, las autoridades apelan a la importación temporaria de algún producto, o a la rebaja de impuestos al consumo. En Brasil se compensa a los productores con créditos blandos y en Uruguay se concertan precios de algunos productos.

En Chile, en cambio, las intervenciones en el mercado son más raras.

Lo cierto es que la comida es más cara, sobre todo por el escenario internacional de demanda ascendente y sostenida de productos agropecuarios, a la que se suman factores monetarios nacionales y de formación de precios.

Este fenómeno ha sido bautizado por los entendidos como "agflación", un incremento de precios de los alimentos causado por la mayor demanda que afecta al consumidor final.

La forma de contrarrestarla, según algunos observadores consultados, es aumentar la oferta, algo que tiene sus límites. Otros creen que aún así será difícil contener la estampida. Si el mercado externo es más atractivo, los volúmenes que le destinarán los empresarios también serán mayores, opinan los más escépticos.

Para Federico Ganduglia, investigador del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura, las principales causas son la mayor demanda, los requerimientos adicionales de maíz para producir etanol y el aumento del precio del petróleo.

"La demanda de trigo tiende a crecer por el aumento de la población", explicó Ganduglia a IPS. "China pasó de exportador a importador de trigo, y ese es un factor que fuerza para que aumenten los precios". La nueva revolución industrial en ese país y en India ha permitido sumar a millones de trabajadores al mercado de los alimentos, dijo.

Otra cuestión es el impacto de los fondos especulativos que vuelven más volátil el mercado alimentario. "La mera expectativa de un aumento hace que entren capitales especulativos y se generen burbujas", alertó. En definitiva, no hay un factor preponderante, pero todos confluyen para que suban los precios, aseguró.

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