TRABAJO-EEUU: Sindicatos ceden para evitar despidos

El debilitado movimiento sindical de Estados Unidos se pregunta si el convenio de la empresa automotora General Motors (GM) con los trabajadores organizados, firmado esta semana, es realmente una victoria y si logrará evitar los despidos.

El sindicato Trabajadores Unidos de la Industria Automotora (UAW, por sus siglas en inglés) realizó una huelga, que, a pesar de durar dos días, fue la más importante en 37 años.

Estaba en discusión la estabilidad laboral para los empleados de la empresa, así como la transferencia del programa de beneficios de retiro de la compañía a un fondo que sería administrado por la UAW.

GM argumentó que los despidos eran necesarios para mantener la competitividad de la empresa. En 2006, la industria automovilística estadounidense, que concentra su actividad en la ciudad de Detroit, registró una pérdida conjunta de 15.000 millones de dólares.

En definitiva, la huelga de septiembre duró dos días, en contraste con el paro nacional contra GM en 1970, que se extendió por más de dos meses.
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El acuerdo entre la UAW y GM, que tendrá una vigencia de cuatro años, contempla una reducción de la remuneración horaria de algunos de los 73.000 afiliados al sindicato.

También crea un fondo fiduciario, la Asociación Voluntaria de Beneficios de los Empleados, para que la compañía le transfiera 35.000 millones de dólares de los 51.000 que tiene en el programa de seguro de salud para los jubilados.

El convenio representa un cambio radical en la relación entre los sindicatos y las empresas, dijo a IPS David Cole, presidente del Centro para el Estudio de la Industria Automotora, que analiza las tendencias del sector.

"El acuerdo establece una doble escala de remuneraciones, y habrá menos gente en el grupo de los mejor pagados. Es un punto increíblemente importante para los sindicatos", advirtió.

"Para decirlo claramente: a medida que los trabajadores se jubilen, ninguno de los empleados actuales tendrán un aumento y quienes sean contratados en el futuro recibirán el pago mínimo contemplado en la escala", agregó.

La UAW aceptó la creación de una nueva categoría de trabajadores, los que realizan tareas consideradas no vitales. Recibirán entre 14 y 16 dólares por hora, alrededor de la mitad de lo que perciben quienes se desempeñan en la línea de ensamblaje. Los beneficios sociales también serán menores para ellos.

El sindicato dice que estas concesiones ayudan a evitar que las fuentes de trabajo se trasladen a otros países con salarios más bajos, pero, según quienes las critican, suponen una traición a principios fundamentales de igualdad y podrían desatar una nueva carrera hacia un mínimo común denominador para todos los trabajadores.

"En los 28 años que llevo trabajando para GM, jamás presencié una reacción tan negativa hacia un convenio colectivo de trabajo. La gente está muy desconforme", dijo al diario The Washington Post Tod Seguin, dirigente de una seccional de la UAW.

Según el Departamento (ministerio) de Trabajo de Estados Unidos, existen actualmente 15,4 millones de afiliados a sindicatos, que representan apenas 12,5 por ciento de la fuerza laboral.

En el sector privado, la afiliación cayó a menos de nueve por ciento, un nivel sin precedentes desde 1932, en plena "gran depresión", periodo que siguió al colapso de la Bolsa de Nueva York en octubre de 1929.

Pese a todo, Code cree que otros sindicatos tomarán como modelo para sus propias negociaciones colectivas este acuerdo, que recibió el apoyo de dos tercios de los afiliados a la UAW.

Según Cole, el convenio negociado entre GM y el presidente de la UAW, Ron Gettelfinger, "le facilitará a Chrysler y Ford las negociaciones de las próximas semanas. Les podrán decir a los sindicatos que, si llegaron a un acuerdo con General Motors, por qué no hacer lo mismo con ellos".

Los tiempos en los que las tratativas entre trabajadores y empresarios eran encaradas con la actitud de "nosotros contra ustedes" pertenecen al pasado. "Ahora se reconoce que unos dependen de los otros", dijo.

Buzz Hargrove, presidente del sindicato de la industria automotora de Canadá, que apoyó a la UAW durante su huelga de 48 horas, coincidió en que las empresas y los sindicatos tienen más cosas que los unen de las que los separan.

"Ambas partes nos preocupamos por la producción y la calidad. Y esto es beneficioso tanto para las orgaizaciones de trabajadores como para la industria", dijo. "La posibilidad de resolver los problemas es mucho mayor ahora que hace 20 años. Las compañías están más dispuestas a escuchar."

Sin embargo, Stewart Acuff, director de organización de la AFL-CIO, la confederación nacional que reúne a la mayoría del movimiento sindical de Estados Unidos, tiene una visión diferente.

"Más y más sindicatos dedican cada vez más tiempo, dinero y recursos para crecer, tanto aquí como en el resto del mundo. Pero tenemos una epidemia de gobiernos derechistas que hacen todo lo que esté en su poder para evitar que los sindicatos se organicen o incluso, en algunos casos, que existan", dijo a IPS.

"Era común que algunas comunidades y gobiernos en los estados del sur de Estados Unidos se empeñaran para impedir la organización sindical de los trabajadores. A veces trabajaron unidos para lograr esto. Pero ahora quieren hacer lo mismo en el noreste, en el medio oeste, en todo el país", agregó.

"Es un problema a nivel mundial", señaló Acuff.

La AFL-CIO organizó una conferencia internacional, que deliberará en Washington el 11 y 12 de diciembre, en la que participarán dirigentes sindicales de todo el mundo para tratar los ataques a trabajadores organizados de Estados Unidos y otros países, especialmente Colombia.

Según la Escuela Nacional Sindical de Colombia, 2.245 sindicalistas fueron asesinados entre enero de 1991 y diciembre de 2006, 138 fueron desaparecidos y 3.400 recibieron amenazas.

Esto, según Amnistía Internacional, hace que ese país sea "uno de los lugares más peligrosos del mundo para los dirigentes sindicales".

Por su parte, Human Rights Watch señaló que 75 por ciento de los ataques fueron obra de grupos paramilitares de extrema derecha que actúan en alianza con fuerzas del gobierno.

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