POBLACIÓN-BRASIL: Ciudadanos en estado de alerta

El movimiento civil bogotano se convirtió en modelo para muchos brasileños que buscan recuperar la calidad de vida en las dos mayores ciudades del país, modificando prácticas políticas a través de mecanismos de comunicación y de control ciudadano.

"Bogotá hizo una revolución" que puede repetirse en Brasil, dijo Oded Grajew, mentor del movimiento "Nuestra Sao Paulo: otra ciudad", al saludar y estimular el lanzamiento este martes de "Río, como vamos", una iniciativa de un grupo de personas y organizaciones sociales siguiendo la experiencia de la capital colombiana.

El objetivo no se limita a mejorar la vida en estas ciudades, sino a "cambiar todo el país a través del ejemplo", exigiendo la fijación de metas por parte de los gobernantes y exigiendo su cumplimiento a través de un seguimiento y evaluaciones permanentes, explicó Grajew, que encabezó el grupo paulista.

El impulso del movimiento, iniciado en diciembre, fue "la decepción con el proceso político", explicó a IPS este ex empresario que preside el Instituto Ethos de Responsabilidad Social Empresarial y fue asesor especial del presidente Luiz Inácio Lula da Silva durante su primer año de gobierno, en 2003.

Los gobernantes brasileños se eligen sin anunciar ni comprometerse con planes de acción y metas en distintos sectores, dejando a la población imposibilitada de evaluar todos los niveles de la administración, indicó.

Si la sociedad "no se interesa por el manejo del presupuesto estatal, eso queda en manos de quienes se interesan", acotó, refiriéndose a los numerosos escándalos de corrupción que afectan la política brasileña.

Respecto de las experiencias conocidas en varios continentes para inspirar el movimiento de Sao Paulo, la de "Bogotá, como vamos" fue inmediatamente adoptada por fijar indicadores, metas y objetivos a los poderes Ejecutivo y Legislativo, que permiten a la población informarse y monitorear su gobierno.

"De los muchos visitantes, los brasileños fueron los más entusiastas" tras conocer la experiencia de Bogotá, dijo Emilia Ruiz, directora ejecutiva de Fundación Corona, invitada a Río de Janeiro para explicar el movimiento de la capital colombiana encabezado por su institución, la Cámara de Comercio y la editorial del diario El Tiempo.

Los indicadores de calidad de vida, definidos desde la óptica de la ciudadanía, permiten la rendición de cuentas por la alcaldía y su evaluación, promoviendo así un gobierno "efectivo y transparente" y ciudadanos "más informados y participativos", señaló.

Ruiz destacó también que en Bogotá se hacen las encuestas de percepción, que "van más allá de los indicadores", apuntando tendencias y valores agregados. Muestran también ciudadanos cada día más exigentes, con nuevos reclamos en "una espiral de necesidades".

Pero mejorar la calidad de vida y de los gobiernos es "un largo proceso" que exige paciencia y persistencia, además de "trabajo en alianzas", advirtió la economista colombiana, con larga experiencia en organismos internacionales. "Bogotá, como vamos" ya lleva nueve años.

El movimiento "Nuestra Sao Paulo", que ya reúne a cerca de 300 organizaciones sociales, entregó la semana pasada a la Cámara de Concejales una propuesta de enmienda a la Ley Orgánica Municipal, la Constitución del municipio, estableciendo que el alcalde divulgue un programa de metas, cuantitativas y cualitativas, en los primeros tres meses de su gestión.

Los objetivos deberían estar acompañados de indicadores que contemplen la inclusión social, reducción de desigualdades y derechos individuales y colectivos, la rendición de cuentas por el alcalde cada semestre y la presentación de un informe sobre la ejecución del programa de metas al final de cada año.

El "Río, como vamos", iniciado por un grupo de 40 personas con la adhesión de decenas de organizaciones, prioriza la definición de "una canasta básica de indicadores", empezando por pocas áreas temáticas para lograr una mejor comprensión de la población local, anunció Samyra Crespo, una de las fundadoras del movimiento y directora del Instituto de Estudios de Religión.

La violencia, como punta más sensible de un deterioro económico y social de la ciudad, es el factor más inmediato de la movilización en Río de Janeiro, evaluó para IPS Rubem Cesar Fernandes, coordinador de Viva Río, una organización no gubernamental de extensa actuación en los barrios marginados de la ciudad.

Grajew indicó que la contaminación y el transporte están entre las prioridades en el caso de Sao Paulo, donde los problemas que afectan la calidad de vida son más diversos.

El 22 de septiembre, cuando se celebre el Día Mundial sin Automóvil, se tratará de movilizar los ciudadanos de forma más intensa.

Otras ciudades menores de Brasil, como Ilha Bela, en el litoral del estado de Sao Paulo, y Belem, capital del amazónico estado de Pará, también tratan de impulsar iniciativas similares.

"Tengo fe en que la ciudad tiene solución", afirmó a IPS Suzana Sattamini, destacando que los brasileños son capaces de manifestaciones "solidarias e desinteresadas".

Puso como ejemplo un hecho traumático y alentador que vivió hace dos semanas, cuando desapareció su hijo de 23 años, que sufre "fallas de memoria" desde los 12 años, producto de un accidente en un ascensor que le provocó una hemorragia cerebral.

Después de dos días de que centenares de personas se movilizaron en la búsqueda del joven o le enviaron mensajes de "apoyo espiritual", por teléfono e Internet, su hijo fue encontrado en un barrio lejano por un mecánico de automotores, quien observó el comportamiento extraño de una persona desamparada.

Se trataba del hijo de Sattamini, que logró recordar el número de teléfono de su abuela, restableciendo así el contacto con la familia.

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