DERECHOS HUMANOS-JAPÓN: Suicidios en masa bajo la alfombra

Un paseo por los campos de arroz y caña de azúcar en las cercanías de la aldea japonesa de Yomitan lleva a las oscuras, frías y húmedas cuevas donde cientos de civiles se refugiaron ante la invasión estadounidense en la Segunda Guerra Mundial.

Yomitan se sitúa 20 kilómetros al norte de Naha, capital de la meridional prefectura de las islas Okinawa. Más de seis décadas después, esas cuevas son el centro de un crudo debate acerca de lo que realmente sucedió en ese lugar.

Para el historiador Masayasu Oshiro los hechos están claros. Este especialista recopiló testimonios del sufrimiento padecido por comunidades agrícolas pobres que quedaron atrapadas en la única batalla que tuvo lugar en suelo japonés entre el ejército imperial de este país y las tropas de Estados Unidos en la conflagración mundial de 1939 a 1945.

"Tengo grabadas innumerables historias de ancianos sobrevivientes de la guerra", dijo Oshiro a IPS.

"Hay anécdotas horrorosas de cómo se suicidaron o fueron asesinados en masa varios prisioneros bajo las órdenes del ejército japonés.", señaló.
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Esos testimonios irritan al gobierno japonés, deseoso de tapar esa parte de la historia.

Pero los gobiernos locales de Okinawa y de las pequeñas islas de la zona están decididos a no permitir que el Ministerio de Educación se salga con la suya.

"El hecho es que el ejército japonés dio la orden a personas adoctrinadas. Se les dijo que las tropas estadounidenses invasoras torturarían y asesinarían civiles y que era mejor suicidarse", señaló Mitsuko Toumon, alcalde de la prefectura de Okinawa, donde hubo manifestaciones de protesta por la historia distorsionada.

Oshiro se unió a otros líderes locales para emitir un comunicado reclamando que se diga la verdad acerca de la batalla de Okinawa de 1945, conocida como "tifón de acero".

Más de 200.000 civiles, o uno de cada cuatro habitantes, murieron antes de la rendición japonesa en agosto de ese año.

El Ministerio se prepara para la tormenta.

La alteración de los documentos originales que registran la orden de suicidarse que el ejército imperial dio a la población de Okinawa obedece a las visiones divergentes de lo que sucedido entonces, según funcionarios de esa secretaría de Estado.

"No hay pruebas de la existencia de esas órdenes. Es engañoso decir que el ejército japonés es responsable", señaló el representante ministerial Ministerio Yumiko Tomimori, según la prensa local.

El ex comandante Yutaka Umezawa, de 88 años, se juntó con el hermano de un ex capitán fallecido para demandar al premio Nobel de Literatura Kenzaburo Oe y a su editorial por un fragmento en uno de sus libros que afirma que fueron ellos quienes ordenaron el suicido en masa.

El tribunal a cargo del asunto tomó testimonio, la semana pasada, a Harumi Miyagi, de 57 años, cuya mamá fallecida, Hatsue, narró en un libro que los aldeanos mencionaron la existencia de una orden del ejército para que se suicidaran y no cayeran en manos del invasor.

Hatsue también relató que los soldados japoneses les dieron granadas para matar soldados estadounidenses y suicidarse.

Muchos otros testimonios de habitantes de Okinawa, deseosos de defender su historia, vieron la luz.

El pastor Nobuaki Kinjo, testigo en la demanda, confesó haber matado a su madre y a su hermana creyendo que las salvaba de la tortura.

Oshiro señaló que lo sucedido en las cuevas es un claro ejemplo del desprecio total del ejército japonés hacia los civiles.

Al menos 80 personas fueron asesinadas por los soldados japoneses o se suicidaron en una de las cuevas donde, aun hoy, se ofrendan a diario flores y grullas de papel, siguiendo la tradición local, según testimonios recogidos por Oshiro.

Los refugiados de otra cueva se salvaron porque no obedecieron la orden y salieron agitando las manos en señal de rendición ante la presencia estadounidense.

Los soldados invasores los trasladaron luego a un campamento de refugiados.

Lo sucedido "muestra cómo personas inocentes fueron engañadas porque el ejército imperial creía que, si eran atrapados, revelarían datos de inteligencia", explicó Oshiro.

"Japón debe reconocer esta tragedia", añadió. Lo ocurrido con la población de Okinawa surge en el marco de un intento del gobierno conservador del primer ministro Shinzo Abe de reescribir la historia de la Segunda Guerra Mundial, según varios expertos.

La Cámara de Representantes de Estados Unidos adoptó esta semana una resolución, muy a pesar del gobierno japonés, que urge a Tokio a pedir disculpas a las ex esclavas sexuales del ejército imperial.

Muchas de ellas, ahora ancianas, declararon haber sido engañadas para prostituirse y retenidas contra su voluntad.

El asunto estalló cuando Abe sostuvo que no había documentos que probaran que miles de jóvenes chinas y coreanas habían sido obligadas a prostituirse en burdeles administrados por el ejército japonés.

Ese asunto es similar a lo que sucede en Okinawa.

Organizaciones conservadoras desprecian los testimonios de sobrevivientes arguyendo que deben suministrar pruebas.

"No es junto", se ofuscó Oshiro.

Okinawa fue devuelta a Japón en 1972, pero aún tiene la mayor cantidad de bases estadounidenses en Asia, otro motivo de queja para la población local.

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