CIENCIA: A las puertas del Año Polar

En vísperas del Año Polar Internacional, un acontecimiento científico mundial convocado para aumentar el conocimiento sobre los polos, la capital de la austral provincia argentina de Tierra del Fuego, Ushuaia, se prepara para ser la principal vía de ingreso a la Antártida.

Desde el 28 de febrero, un reloj virtual marca en Ushuaia la cuenta regresiva del Año Polar, en realidad un bienio que se extenderá entre el 1 de marzo de 2007 hasta igual fecha de 2009, buscando colocar a las olvidadas regiones polares en el centro de la escena.

En esta ciudad, la Cordillera de los Andes se despide en pequeñas islas hasta perderse en el océano Atlántico.

"El eslogan de Ushuaia como 'el fin del mundo' es bueno para el turismo, pero en verdad somos parte de la comunidad circumpolar y principal puerta de entrada a la Antártida", aclaró a Tierramérica Daniel Leguizamón, secretario ejecutivo de la Comisión Organizadora del Año Polar Internacional en Tierra del Fuego, financiada exclusivamente por el gobierno de esa provincia.

"Para una población —de 54.000 habitantes— formada con migrantes del resto del país es difícil pensar que existe algo más abajo, pero estamos a 3.000 kilómetros de Buenos Aires y a la Antártida la tenemos a apenas 1.000 kilómetros", remarcó.

"Noventa y dos por ciento de los turistas del mundo que van a la Antártida salen desde aquí", aseguró, y los guías de los cruceros ya fueron capacitados para difundir la importancia del Año Polar.

La comisión que preside Leguizamón está integrada por funcionarios gubernamentales, empresarios, científicos, comerciantes, ambientalistas, educadores y guías turísticos. Trabajan desde hace meses para promover este acontecimiento.

El Año Polar consiste en una campaña mundial de investigaciones y observaciones en los polos organizada por el Consejo Internacional de Ciencia y la Organización Meteorológica Mundial. Se estima que involucra a unos 10.000 investigadores de 50 países, entre ellos Argentina, Australia, Brasil, China, Nueva Zelanda y Uruguay.

El objetivo es conocer el actual estado ambiental en las regiones polares, medir cambios en esas áreas tan sensibles al calentamiento global, mejorar observatorios, aumentar el conocimiento sobre la interacción de los polos y el resto del planeta, e investigar procesos históricos sustentables en sociedades circumpolares.

Los organizadores quieren multiplicar el saber sobre esas regiones y sensibilizar a la opinión pública y a los tomadores de decisiones sobre la importancia de estos ecosistemas para la vida en el planeta.

"Esperamos ampliar nuestros conocimientos con proyectos nuevos, originales, y dejar como legado nuevas bases de observación", adelantó a Tierramérica Sergio Santillana, coordinador científico del Instituto Antártico Argentino.

Según este centro, Argentina es el país latinoamericano que más proyectos presentó a la comisión internacional y al que más se le aceptaron.

Uno de ellos, que realizará en cooperación con Estados Unidos, es el monitoreo de un témpano que está en la barrera de hielo Larsen. Se instaló una cámara y una estación meteorológica que se perderán a medida que el témpano se desprenda, migre hacia el norte y se vaya derritiendo.

"Esa simulación nos permitirá elaborar modelos de lo que puede pasar en la Antártida si sigue aumentando la temperatura global", agregó. "Argentina es el país más próximo a la región polar y es aquí donde se sentirán las primeras consecuencias del cambio climático", advirtió Santillana.

El experto dijo que los cambios no necesariamente serán desastrosos, pero enfatizó que habrá que adaptarse.

"En el Polo Norte, con el deshielo completo previsto para dentro de 50 años, pueden surgir nuevas rutas comerciales; en el Sur cambiarán las corrientes, que se harán más dulces con el derretimiento, y eso traerá modificaciones en las cadenas alimenticias", adelantó.

Los científicos locales del Centro Austral de Investigaciones Científicas (Cadic) y del Instituto Antártico llevan adelante múltiples proyectos de investigación en la Antártida y estarán involucrados en al menos 30 programas para el Año Polar, la mayoría en cooperación con otros países.

Además del mencionado por Santillana habrá observaciones de la capa de ozono, censos para medir el impacto del aumento de la temperatura en la fauna marina o estudios sobre la función de los témpanos como sumideros de carbono.

Este Año Polar será el cuarto que se realiza desde fines del siglo XIX. El primero fue entre 1882 y 1883. Para el segundo hubo que esperar hasta 1932-33. El tercero, entre 1957 y 1958, se denominó Año Geofísico Internacional y dio lugar a la redacción del Tratado Antártico (1959), que congeló reclamos de soberanía y comprometió a los países en la preservación de ese continente.

"No sabemos qué consecuencias puede tener este nuevo Año Polar, pero sin dudas las tendrá", vaticinó Santillana, aventurando la posibilidad de que ese tratado, del que Argentina forma parte, sea revisado por los suscriptores.

Ushuaia busca ser la antesala de las campañas, una función que por el momento está concentrada en el puerto chileno de Punta Arenas, más distante de la Antártida.

"Queremos ser un nexo para científicos de todo el mundo", anunció Leguizamón. Eso significa poner a disposición de los investigadores la logística: aeropuerto, puertos, depósitos, rompehielos, combustibles, baqueanos entrenados para orientarse en el hielo, equipos para trasladarse en la nieve, herramientas, vestimenta polar y víveres.

"El Año Polar necesita un punto de apoyo en Ushuaia y nosotros queremos ser parte de él. Es una actividad que refuerza nuestra identidad como comunidad polar", dijo Leguizamón.

* La autora es corresponsal de IPS. Este artículo fue publicado originalmente el 7 de octubre por la red latinoamericana de diarios de Tierramérica.

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