ARGENTINA: Diseño artesanal contra la marginalidad

Apoyado por diseñadoras, un grupo de recolectores informales de residuos de la capital argentina, creó un proyecto para concebir y producir muebles y objetos a partir de desechos.

Este programa les permite acceder a un trabajo digno, al tiempo que los aleja de la calle y de la marginalidad.

"Se formó un grupo hermoso. Ahora somos seres humanos. Venimos a trabajar, tenemos nuestras responsabilidades. Es un trabajo digno", afirma a IPS Cristina Lescano, coordinadora del grupo de recolectores y una de las protagonistas de este fenómeno cultural que clama por sostenerse en el tiempo.

La idea de convertir la basura en objetos artesanales o industriales no es nueva. Ya otros grupos de recolectores de residuos, junto con intelectuales o profesionales, han puesto en marcha una editorial de libros realizados a mano con cartón reciclado.

Lescano, quien completó la escuela secundaria, trabajaba como empleada administrativa en el Concejo Deliberante de la capital, hasta que fue despedida en 1997. Con tres hijos y sin otra opción se hizo "ciruja", el término coloquial para el indigente que vive de "revolver las bolsas de basura", como ella misma dice.

El proyecto "Producción Ciruja" cuenta con 10 recolectores informales que forman parte de la Cooperativa El Ceibo de recuperación de residuos, creada hace 12 años, y cuenta con un programa reconocido oficialmente de separación de residuos en origen y depósito, tanto para la clasificación como para la venta.

En "Producción Ciruja" la capacitación y vinculación con el mercado está a cargo de las diseñadoras industriales Ángeles Estrada, Victoria Díaz y Natalia Hojean y de la arquitecta Mercedes Frassia.

El grupo fabrica mesas bajas y banquetas con planchas de cartón corrugado, manteles individuales de mesa con tubos de sifón, de los que contienen los productos con rociadores, decorados con cordones (agujetas) de colores. También hacen vasos a partir de botellas.

Los productos decoran un salón del bar "El Apile", de la arquitecta Frassia, ubicado en el histórico barrio de San Telmo, uno de los más antiguos y emblemáticos de la ciudad.

"El objetivo es agregar valor al objeto recuperado, mejorar la calidad de vida de los que viven de la recolección, pero también crear objetos bellos, que hagan terapéutica la actividad, y que permitan que la gente pueda estar menos en la calle", explica a IPS.

Frassia asegura que una botella de vidrio recuperada, que se podría vender a 10 centavos de la moneda nacional como residuo reciclable, se puede transformar en un vaso que se vende en el mercado por un peso (30 centavos de dólar), o sea 10 veces más. Además de ganar dinero, el taller permite a los recuperadores ganar experiencia en un nuevo oficio.

"Esto es fundamental para los 'viejos cirujas', es decir los que tienen más de 45 años, y tienen su salud muy deteriorada de tanto vivir en las calles empujando un carro de desperdicios bajo la lluvia, el frío o el intenso calor. Este grupo ya no puede 'cirujear' (recolectar residuos), pero puede trabajar en la cooperativa", añadió.

El programa comenzó en abril de este año, y el lanzamiento de los primeros objetos fue en junio. La siguiente etapa es conseguir financiamiento para seis meses más, hasta que el proyecto sea auto-sostenible e incluso no requiera del apoyo permanente de las profesionales.

Los planes son seguir trabajando intensamente en el taller y vincular el proyecto con espacios de comercialización de este tipo de objetos, como las ferias que se organizan en el Centro Metropolitano de Diseño y en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires.

"Esto es un camino. Pueden sumarse más personas al taller, más profesionales que quieran aportar ideas, e inclusive podrían agregarse cátedras de diseño de la universidad pública. Pero mientras eso sucede, necesitamos garantizar un fondo mínimo para seguir", explicó la arquitecta.

Para que puedan capacitarse, los recuperadores necesitan contar con 15 pesos diarios —unos cinco dólares— que obtendrían si salen todo el día, o la noche, a recolectar basura reciclable. A ello se suma el costo de los insumos de producción.

"Sabemos que es difícil, pero esto es nuestra vida ahora y vamos a seguir", aseguró Lescano. "Con dinero o sin dinero, todos estamos de acuerdo en que el proyecto se mantenga y se creen nuevos puestos de trabajo", concluye con confianza Frassia.

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