CHINA: Democracia sí, pero primero está el Partido

Al recibir la visita del presidente de Estados Unidos, George W. Bush, las autoridades de China insistieron con una retórica prodemocrática y de diálogo en materia de derechos humanos, pero, en realidad, tienen otros planes, dicen expertos.

Bush y Hu Jintao en diplomático cruce de palabras Crédito: UN/DPI Photo
Bush y Hu Jintao en diplomático cruce de palabras Crédito: UN/DPI Photo
La principal meta de Beijing —advierten— continúa siendo la modernización del gobernante Partido Comunista y la preservación de su monopolio del poder político, más que completar "la travesía hacia mayores libertades", como recomendó Bush en sus declaraciones.

Los gobernantes piensan que si logran mantener un elevado crecimiento económico y mejorar la eficiencia del Partido que detenta el poder desde 1949, la población seguirá apoyándolos a pesar de las protestas.

En los últimos meses, se registraron decenas de miles de protestas a lo largo y ancho del país, motivadas por acusaciones de corrupción y de abuso de poder contra autoridades locales.

Beijing contrató investigadores de diversas disciplinas académicas para estudiar lo que ideólogos comunistas denominan "la recesión democrática", es decir, el modo en que la liberalización política y la democracia afectan negativamente el desarrollo económico de los países.
[related_articles]
"Usando el ejemplo de Rusia y Filipinas, el objetivo de los investigadores es fortalecer la defensa del partido único y demostrar que la liberalización política socava los logros económicos", explicó Bates Gill, experto en asuntos chinos del Centro para Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington.

La investigación comenzó luego que Bush anunciara sus "planes para la democracia" en el discurso con que inauguró su segundo periodo de gobierno, el 20 de enero.

El mandatario estadounidense prometió solemnemente entonces extender la democracia y terminar con la tiranía en el mundo. También explicó que las relaciones bilaterales de su país se basarían sobre el compromiso de sus contrapartes con los principios democráticos.

"Pero esos juramentos idealistas contradicen la política pragmática de Washington hacia China", sostuvo Zhang Lijun, investigador del Instituto de Estudios Internacionales que depende de la Academia China de Ciencias Sociales.

Expertos de China insisten en que, dado el fuerte desarrollo económico del país y su nueva condición de superpotencia mundial, el vínculo con Estados Unidos se ha vuelto tan estrecho y complejo que ninguna cuestión particular —como la democracia o los derechos humanos— puede ser determinante del tono de las relaciones.

El presidente de China, Hu Jintao, se apresuró a restar importancia al reclamo de reformas democráticas formulado por Bush.

En ocasión de la cumbre del foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) en Pusán, Corea del Sur, Hu dijo la semana pasada que su país todavía lucha por convertirse en una economía desarrollada, y que pretende hacerlo en su propio ritmo y con sus propios métodos.

"A pesar de nuestro enorme avance económico, China sigue siendo el país en desarrollo más grande del mundo, con una población gigantesca, una débil base económica y un desarrollo desigual", dijo Hu Jintao a los otros mandatarios presentes en la cumbre.

"Todavía debemos recorrer un largo camino antes que podamos modernizarnos y alcanzar la prosperidad común".

Y agregó: "Debemos respetar el derecho de todos los países a elegir, con independencia, sus propios caminos para el desarrollo".

Sus comentarios salieron así al cruce de las declaraciones que el día anterior había realizado Bush en Kyoto, Japón, acerca de difundir la democracia en el mundo, consigna que definió su gira por Asia la semana pasada.

Bush señaló a Taiwán —a la que China considera una provincia renegada— como ejemplo de sociedad abierta con progreso económico, y pidió a las autoridades en Beijing que la emularan.

La escalada de declaraciones que intercambiaron Hu y Bush continuó en Beijing, cuando el presidente estadounidense le manifestó a su anfitrión que debía dar más libertades a sus ciudadanos.

"Es importante que las libertades sociales, políticas y religiosas prosperen en China. Nosotros alentamos a China a continuar procesando su transición histórica hacia una mayor libertad", dijo Bush.

Hu Jintao replicó: "Es inevitable que China y Estados Unidos tengan perspectivas diferentes en algunas cuestiones. Los dos países tienen una historia, una cultura y una situación interna muy distintas".

En los meses siguientes al anuncio de Bush de una "agenda para la democracia", las autoridades chinas expresaron con claridad su intención de no realizar ningún cambio político que pueda reducir el poder del Partido Comunista en el gobierno.

En una declaración titulada "La construcción de la democracia política en China", el gobierno defendió en octubre los logros del gobierno comunista que trajo unidad, estabilidad y prosperidad a la nación más populosa del mundo. En el mismo texto, también rechazó firmemente la idea de que China vaya algún día a adoptar el tipo de democracia multipartidista.

China puede "aprender de las experiencias y los logros de las culturas políticas de otros países. Pero no debe tomar a ningún otro país como un modelo a copiar", decía la hoja blanca.

En los últimos meses, Beijing ha intentado sistemáticamente restringir y controlar el libre pensamiento y la prensa independiente.

Los censores chinos aumentaron sus restricciones a los medios de comunicación locales y el uso de Internet. También se frenó un proyecto que habría permitido la impresión y circulación en el país de periódicos extranjeros, lo que se atribuyó al recuerdo del papel de la prensa en el colapso de la Unión Soviética.

La semana pasada, el director de la Administración General de Prensa y Publicaciones, Shi Zongyuan, mencionó los derrocamientos de los gobiernos de Ucrania, Georgia y Kirguizstán como parte de su argumentación para abandonar ese plan.

"Las 'revoluciones de colores' nos recuerdan que es preciso no dejar que entren los saboteadores, y que debemos mantener la puerta cerrada, y por esta razón la hemos cerrado transitoriamente", dijo Shi a Financial Times, uno de los periódicos que participaban en el proyecto.

Para evitar su propia 'revolución colorida', Beijing también persiguió a muchas organizaciones no gubernamentales a las que consideró participantes en levantamientos registrados en las repúblicas ex soviéticas.

Un proyecto de reglamentación que otorgaba mayor libertad a las organizaciones no gubernamentales chinas, y cuya promulgación se preveía para fines de este año, fue abandonado por completo.

A cambio, el Ministerio de Asuntos Civiles dejó de recibir solicitudes para la creación de nuevas asociaciones civiles, efectivamente poniéndole una tapa a la expansión de la sociedad civil.

Como contrapartida, la decisión de Hu Jintao de reahabilitar la figura del líder reformista Hu Yaobang, destituido en 1987 a raíz de sus políticas liberales, fue utilizada cuidadosamente para acrecentar la popularidad del Partido Comunista.

Las conmemoraciones del nacimiento del antiguo líder del Partido, que sigue siendo muy popular y cuya muerte en 1989 contribuyó a precipitar las protestas en reclamo de la democracia de la Plaza de Tiananmén, se realizaron el 18 de noviembre.

El memorial fue coreografiado a fin de asociar las actuales autoridades del Partido con el popular dirigente fallecido, si bien se cuidaron de mantener distancia de sus inclinaciones liberales.

Extrañamente, entre los asistentes al acto se encontraban el premier Wen Jiabao y el vicepresidente Zeng Qinghong —el número dos y el número tres del Partido Comunista, respectivamente— no así el propio Hu. ***** +CHINA-EEUU: Inquieta convivencia entre poderosos (https://www.ipsnoticias.net/nota.asp?idnews=35808) (FIN/IPS/traen-gr-mj/ab/ip hd/05)

Compartir

Facebook
Twitter
LinkedIn

Este informe incluye imágenes de calidad que pueden ser bajadas e impresas. Copyright IPS, estas imágenes sólo pueden ser impresas junto con este informe