BRASIL: Otra polémica sobre aborto por falta de cerebro

Interrumpir la gestación de un feto anencéfalo, es decir sin cerebro, es legal en Brasil desde el 1 de este mes, producto de una decisión judicial preliminar que la jerarquía católica busca anular, generando nuevas discusiones sobre la cuestión del aborto.

La Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNOB) quiere invalidar el fallo del juez Marco Aurelio de Mello, del Supremo Tribunal Federal (STF), que permite sacar el feto y suspende todos los procesos y condenas judiciales contra mujeres y profesionales de salud acusados de abortos en estos casos.

Fue una decisión ”solitaria” que viola el derecho a la vida, según la CNOB, que pretende su anulación inmediata a través del presidente del STF, Nelson Jobim, o en agosto, cuando la Corte Suprema de Justicia vuelve a reunir sus 11 miembros y podrá emitir un dictamen definitivo sobre la cuestión, que hoy divide la sociedad brasileña.

Incluir este caso en las interrupciones legales del embarazo ”responde a un reclamo de la sociedad”, según la ministra de Políticas para Mujeres, Nilcea Freire, que es médica.

En Brasil, la legislación sólo permite el aborto cuando el embarazo fue provocado por un estupro o genera riesgo de vida para la madre. En el caso de anencefalía no se configura el aborto, porque está comprobado que ninguno ha sobrevivido más que algunos minutos después del parto, justificó el juez Mello.

Pero Claudio Fonteles, procurador General de la República, jefe de la fiscalía, se unió a los obispos, argumentando que ”hay vida intrauterina” y que, por tanto, no es lícito matarla. Su parecer, que será encaminado al STF, se basa en consideraciones jurídicas y no en la fe católica que admite tener, aseguró.

La decisión del juez Mello es ”una conquista” del movimiento de mujeres, que ”esperamos sea ratificada”, dijo a IPS Maria Betania Avila, coordinadora de SOS Cuerpo, una organización femenista con sede en Recibe, capital del nororiental estado brasileño de Pernambuco.

Las iglesias, principalmente la católica, están tratando de ”imponer sus dogmas a la vida social”, como lo han logrado ”históricamente” en la cuestión del aborto, señaló, defendiendo una ”discusión en el campo democrático” y destacando que el Estado brasileño es laico.

El intento de obligar toda la población a seguir las creencias religiosas de una parte ya se hizo sentir en otros temas, como la condena de la Iglesia Católica al uso de condones, afectando la prevención del síndrome de inmunodeficiencia adquirida (Sida), recordó.

El proyecto de ley de bioseguridad, actualmente en trámite en el Senado, fue aprobado en la Cámara de Diputados con una prohibición al uso de células de embriones humanos en investigaciones científicas, por presión de las organizaciones religiosas, acotó.

Obligar una mujer a mantener hasta el final la gestación de un feto con anencefalía, sin ninguna perspectiva de tener el hijo, significa ”imponerle un sufrimiento inconmensurable, una falta de generosidad, una visión pervertida”, calificó Avila.

Es como someter la mujer ”a la tortura”, convirtiendo en un ”rito de muerte” el parto que debería ser ”el momento mágico de la vida”, opinó en una entrevista al diario O Globo el abogado Luiz Roberto Barroso, quien representó la Confederación Nacional de los Trabajadores en Salud en la acción judicial que autoriza interrumpir el embarazo.

No se trata de aborto en este caso, porque ”no hay potencialidad de vida en el feto anencéfalo”, no se configura una situación de ”opción moral” entre la libre determinación de la madre y una vida humana en potencial, sostuvo el abogado.

Mantener la gestación impone no sólo a la mujer, como también a su familia, ”daños a la integridad moral y psicológica”, además de riesgos para la salud, escribió el juez Mello en su fallo provisional, observando que la ciencia médica tiene seguridad absoluta de la imposibilidad de vida sin cerebro fuera del útero.

Para la Conferencia Episcopal católica, sin embargo, la vida humana en el vientre de la madre ”ya es sujeto de derechos” y ”debe de ser respetada, no importa la fase o la condición en que se encuentre”.

Desde hace 15 años los tribunales brasileños acumularon cerca de 3.000 pedidos de autorización para interrupción del embarazo a causa de anencefalía, concediéndola en 97 por ciento de los casos, según Thomaz Gollop, director del Instituto de Medicina Fetal y profesor de la Universidad de Sao Paulo.

Una encuesta del Instituto comprobó que 74 por ciento de las parejas que decidieron sacar el feto eran católicas y los demás profesaban otras religiones.

La incidencia de anencefalía no es tan rara. La Federación Brasileña de Asociaciones de Ginecología y Obstetricia (Febrasgo) estima que 0,2 por ciento de los fetos brasileños sufren de falta total o parcial de cerebro, lo que significa varios miles de casos por año.

Hace algunos años se sospecha que la contaminación química es uno de los factores, después que se registró gran incidencia de esa malformación en los años 80 en Cubatão, ciudad industrial muy contaminada a 70 kilómetros de Sao Paulo, y en algunos municipios agrícolas donde se utiliza muchos agrotóxicos.

Pero hay evidencias de su relación con la insuficiencia de ácido fólico, cuya adición en algunos alimentos viene ayudando a reducir los índices de anencefalía.

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