El retrato de Luiz Inácio Lula da Silva, el líder de izquierda que este domingo ganó la presidencia de Brasil, es emblemático de los pobres del país.
Lula Ignora la fecha exacta de su cumpleaños, no está seguro de cuántos hermanos tiene, su dicción es defectuosa y perdió el dedo meñique de la mano izquierda en un accidente de trabajo.
Sus documentos indican que nació el 6 de octubre de 1945, pero la madre siempre dijo que la fecha correcta es el 27 de octubre, una confusión común entre los pobres brasileños, que registran sus hijos tardíamente o ni siquiera lo hacen.
Si tiene razón la madre, Lula fue elegido presidente el mismo día en que cumplía 57 años. Y si la verdad estuviera en su acta de nacimiento, habría tenido su cumpleaños el día de su triunfo en la primera vuelta electoral.
Su padre tuvo ocho hijos con su madre, pero luego abandonó a la familia y formó otras. Lula cree que su padre tuvo en total 22 hijos, pero en sus viajes por Brasil aún suele ser sorprendido por personas que lo abrazan, presentándose como otro hermano o hermana.
De gruesa estampa, ceñudo y de voz cavernosa, es difícil adivinar a primera vista en Lula un carisma que conmueve multitudes hace 25 años y que lo ha convertido en uno de los mayores líderes políticos de Brasil, incluso superando el obstáculo de sus escasos estudios formales. Sólo cursó cuatro años de escuela primaria.
Lula nació en nordeste y a los siete años siguió el destino de los pobres de esa región, la más pobre de Brasil, emigrando con su madre a Sao Paulo. Maltratado y abandonado junto con sus hermanos por su padre, tuvo que trabajar desde niño de limpiabotas y de mensajero de una lavandería.
Un curso técnico lo convirtió en obrero metalúrgico a los 18 años y cambió su vida.
Perdió entonces el dedo meñique de la mano izquierda en un accidente de trabajo. Debió entonces aprender a lavarse el rostro sin que el agua escurriera por el sitio en faltaba el dedo, dijo en un momento de humor en la campaña electoral.
Se hizo sindicalista y en 1975 fue elegido presidente del Sindicato de Metalúrgicos de Sao Bernardo do Campo, la capital de la industria automovilística brasileña.
De 1978 a 1981, cuando todavía Brasil se hallaba bajo dictadura militar, Lula dirigió huelgas históricas que lo transformaron en héroe nacional.
De esas huelgas surgió un nuevo sindicalismo y se crearon las condiciones para la fundación em 1980 del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT), que agrupó a militantes sindicales, intelectuales, dirigentes sociales y religiosos con ideas socialistas.
En 1983, fundó también la Central inica de Trabajadores, la principal organización sindical del país.
Desde entonces, Lula desplegó un intenso trabajo de organización, pasando a la militancia política integral. En 1986 fue elegido diputado y en 1989 presentó por primera vez su candidatura a la presidencia. Por pocos votos lo aventajó otro joven político, Fernando Collor de Mello, que fue depuesto por el parlamento en 1992, acusado de corrupción.
En 1994 y en 1998, Lula fue derrotado por Fernando Henrique Cardoso, un candidato que llegó a las elecciones con aureola de imbatible por haber logrado como ministro de Hacienda poner fin a tres décadas de alta inflación.
Lula se preparó durante los años 90 para llegar a los comicios de este año en nuevas condiciones. Creó el Instituto Ciudadanía, para formular propuestas de políticas públicas, y viajó por todo el país, en caravanas destinadas a conocer directamente realidades profundas. Fue, según dijo, un curso intensivo de Brasil.
Las canas, ahora abundantes en la barba y en el cabello de Lula, contribuyeron posiblemente a disipar los temores de muchos brasileños y el desprecio de otros ante el obrero de mínimos estudios formales que pretendía ser presidente.
En cualquier caso, su conocimiento del país, la moderación de su discurso y su obstinada disposición al diálogo, además de la impopularidad del actual gobierno, modificaron la relación de las capas medias y de los empresarios con el candidato del PT.
Aún así, Lula se enfrentó con dificultades para conquistar el voto femenino. Su carisma de líder sindical siempre fue mas efectivo ante los hombres que ante las mujeres.
Por eso, incorporó a esta campaña electoral a su mujer, Marisa Leticia da Silva, con quien vive hace 28 años y con quien tiene cuatro hijos. Además del tono familiar, adoptó la consigna paz y amor, sustituyendo la oposición agresiva por planes alternativos y la propuesta de un pacto social por el desarrollo nacional.
Su biografía lo ayudó a ganar la simpatía de la amplia mayoría de la población, que en esta campaña electoral conoció detalles de la vida de un niño forzado como muchos pobres a abandonar su tierra para sobrevivir, a trabajar y a abandonar la escuela.
Su triunfo electoral representa la unión de la nación con el pueblo y el acceso de los excluídos al poder, señaló Cándido Grzybowski, director del Instituto Brasileño de Análisis Sociales y Económicas.
Lula ha acabado con una tradición política y cultural de exclusiones, cualquiera sea el resultado de su gobierno, afirmó Grzybowski. (FIN/IPS/mo/ff/ip/02


