El candidato izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva y su Partido de los Trabajadores (PT) realizaron este domingo en Brasil un sueño que empezó a perfilarse hace 22 años y dieron comienzo a otro, compartido por la mayoría de la población.
La elección de Lula como nuevo presidente brasileño representa, según sus partidarios, el triunfo de la esperanza contra el miedo a los cambios. La encuesta a boca de urna de la empresa Ibope otorgó a Lula 63 por ciento de los votos, frente a 37 por ciento su único rival en la segunda vuelta electoral, el oficialista José Serra.
Es el sueño de participación en el poder de la población hasta ahora marginada, ya que en el Palacio del Planalto, sede del gobierno, se establecerá el 1 de enero un presidente de origen obrero, emigrante del nordeste, la región mas pobre de Brasil, que sólo concluyó cuatro años de enseñanza primaria y tuvo que trabajar de niño.
Los 115 millones de electores brasileños pudieron votar tranquilamente este domingo para escoger al presidente y a los gobernadores de 14 estados.
Esta vez, las computadoras de votación o urnas electrónicas funcionaron sin los problemas de la primera vuelta, del 6 de octubre, cuando hubo largas filaes de votantes, debido a la complejidad de unas elecciones en las que también había que optar por dos senadores y dos diputados, además del presidente y los gobernadores.
Participación es un elemento clave en el mensaje con que Lula conquistó el apoyo masivo en los distintos sectores de la población, incluso de empresarios, en esta campaña electoral victoriosa.
El candidato del PT prometió gobernar a través de un Consejo de Desarrollo Económico y Social, reuniendo a empresarios, sindicalistas, a organizaciones no gubernamentales (ONG) y a otros representantes de la sociedad, en expresión de un pacto social.
Ahora, todos serán oídos en una misma mesa de negociación, no en negociaciones paralelas por separado y sin transparencia, dijo a IPS Regina Pereira, una maestra jubilada, mientras hacía con su familia propaganda por Lula, en las calles de Río de Janeiro.
El marido de Pereira, el arquitecto José Flavio Monteiro Pessoa, espera duras batallas, pero confía en que no triunfen los banqueros, el capital especulativo y los corruptos.
Los hijos del matrimonio, Cecilia y André, respectivamente estudiantes de Derecho y Economía, esperan que el programa Primer empleo, del PT, abra perspectivas de trabajo y futuro que la juventud no tiene actualmente.
El proyecto, anunciado por Lula, subvencionará empresas que ofrezcan empleo a los jóvenes, rompiendo el obstáculo de la falta de experiencia que impide la entrada al mercado de trabajo.
En Río de Janeiro, sólo simpatizantes de Lula estuvieron las calles con sus banderas y estrellas rojas, aunque en menor cantidad que en la primera vuelta, del 6 de este mes. Prácticamente no aparecieron los partidarios de Serra.
La escasa movilización política, en una especie de anticlímax, se debió a la definición anticipada de la segunda vuelta, ya que las encuestas otorgaban a Lula una ventaja indescontable.
Paulo Costa Santos, un funcionario jubilado de Sao Bernardo do Campo, cuna del PT, justificó su voto por Serra por la falta de racionalidad que cree ver en expectativas creadas por Lula. Habrá una frustración mayor que las anteriores, debido a promesas y demandas sociales imposibles de atender, sostuvo.
El nuevo gobierno será por lo menos más participativo, una característica de las experiencias municipales del PT, y el Consejo de Desarrollo, si es bien utilizado, será un importante mecanismo para promover el pacto social, dijo Sergio Haddad, presidente de la Asociación Brasileña de Organizaciones no Gubernamentales.
Las ONG tendrán un nuevo papel, como mecanismos de canalización de demandas sociales, pero deberán estar atentas para mantener su autonomía y su tradición de fortalecer la sociedad civil, evitando confundirse con el Estado, advirtió Haddad en diálogo con IPS.
La misma preocupación manifestó Cándido Grzybowski, director de una de las ONG más notorias del país, el Instituto Brasileño de Análisis Sociales y Económicas.
De organizaciones críticas del gobierno, las ONG pueden pasar a la colaboración, pero no deben someterse, sino mantenerse en alerta, como defensoras de la causa pública, afirmó Grzybowski a IPS.
La nueva era abierta con la victoria de Lula determinará una renovación en la concepción y estratégias de las ONG, muchas de las cuales pueden perder sus cuadros, que pasarían a colaborar con el gobierno.
La elección de Lula tiene un significado histórico. Simboliza el arribo del pueblo al gobierno, hasta ahora un lugar exclusivo de las élites. Un fuerte golpe ha sido asestado a la cultura de la exclusión, aseguró (FIN/IPS/mo/ff/ip/02


