Unos 1.300 soldados del ejército y de la marina de Brasil participarán en la guerra contra el mosquito transmisor del dengue en el estado de Río de Janeiro, donde la epidemia alcanzó una magnitud sin precedentes.
La ofensiva comenzará este sábado, llamado el «Dia D contra el dengue», con la movilización de voluntarios en un intento por reducir la incidencia de la enfermedad, que ya causó al menos 27 muertes en Río de Janeiro.
Han sido confirmados 69.427 casos de dengue desde el inicio del año hasta el miércoles, 826 de la variedad más grave de la enfermedad, la hemorrágica. Pero los expertos estiman que esa cantidad se puede multiplicar por cinco si se le suman los casos no notificadas a las autoridades sanitarias.
A este ritmo se teme que un millón de personas sean víctimas de la actual epidemia en Río de Janeiro, un estado de 14 millones de habitantes. Ese desastre ya había sido previsto por los investigadores.
Una epidemia de grandes proporciones ocurre en general un año después de la llegada de un nuevo tipo del virus del dengue, contra el cual la población no tiene ninguna inmunidad, observó el médico sanitarista y ex secretario de Salud de la ciudad de Río de Janeiro, Sergio Arouca.
En Brasil ya estaban presentes los virus 1 y 2, pero el tipo 3 se detectó en la capital del estado en diciembre de 2000. Eso exigía intensificar las acciones preventivas, eliminando los criaderos del mosquito Aedes aegipty, transmisor de la enfermedad.
Por el contrario, los recursos asignados a la prevención se redujeron y fueron despedidos funcionarios a cargo de la tarea, se lamentó Arouca.
La falta de coordinación y cooperación entre autoridades municipales, estaduales y nacionales completó un cuadro favorable a la más grave epidemia de dengue registrada en el país, que sufre brotes veraniegos desde 1986.
La magnitud del problema condujo a un esfuerzo nacional para socorrer a Río de Janeiro. El Ministerio de Salud desplazó a la ciudad más de 1.000 agentes de combate a endemias procedentes otras regiones del país. El Cuerpo de Bomberos local puso 5.000 miembros a disposición de las autoridades sanitarias.
Los 1.300 militares se unieron el miércoles a ese ejército de combate al Aedes aegypti que, según el ministro de Salud, Barjas Negri, ya cuenta más de 16.000 personas, sumando los funcionarios locales y los voluntarios movilizados por la organización no gubernamental Viva Río.
La campaña consiste en visitar hogares y todo tipo de comercio y locales que puedan tener agua empozada o estancada, donde se crían los mosquitos transmisores del dengue, aplicando veneno y explicando a la población cómo evitar la enfermedad.
Con eso y la movilización popular en el «Dia D», el ministro espera invertir la tendencia de aumento de los enfermos y bajarlos fuertemente en abril.
La epidemia es menos preocupante en el resto del país, donde los casos registrados cayeron respecto del año pasado, aseguró el ministro Negri. El aumento de las cifras nacionales se debe únicamente a Rio de Janeiro, que concentra más de mitad de los enfermos confirmados en este año, señaló.
Pero hasta ahora «los mosquitos están ganando la guerra» y es ilusorio esperar su erradicación, según los investigadores.
Será necesario un gran esfuerzo permanente para convivir con la enfermedad y evitar brotes violentos como el actual, dijo a IPS el infectólogo de la Universidad Federal de Río de Janeiro Celso Ramos Filho.
Brasil tendrá además que prepararse para enfrentarse en un futuro imprevisible con el tipo 4 del virus, el único que aparentemente aún no ingresó en el país, advirtió el investigador Hermann Schtzmayr, del Instituto Oswaldo Cruz, que había identificado la presencia de los virus anteriores en Río de Janeiro.
Esta variedad del virus del dengue ya se encuentra en países vecinos, como Colombia y Venezuela, agregó Schtzmayr.
La mayoría de los criaderos de mosquitos están en los hogares, según el ministro de Salud, especialmente en Río de Janeiro, donde la población tiene el hábito generalizado de mantener plantas ornamentales. Los vasos con exceso de agua son criaderos ideales del Aedes aegypti.
Además, cerca de un quinto de las viviendas de la ciudad están desocupadas, con mayores probabilidades de tener agua empozada y sin que los «mata-mosquitos» tengan acceso a su interior.
A eso se suma el precario saneamiento de las ciudades brasileñas, con miles de desechos en lugares públicos, como botellas de vidrio o plástico, neumáticos usados y todo tipo de recipientes que acumulan agua de lluvia.
Sin movilización popular es imposible eliminar esos millones de criaderos de mosquitos, según Rubem Cesar Fernandes, coordinador de Viva Rio. (FIN/IPS/mo/mj/he/02


